Tensiones internas en un gobierno en compás de espera

Damián Nabot
Damián Nabot LA NACION
Alberto Fernández espera el Día D de la resolución de la renegociación por la deuda como llave que despeja el horizonte e inaugura, en su estrategia, una nueva etapa
Santiago Cafiero encabezó las reuniones de Gabinete
Santiago Cafiero encabezó las reuniones de Gabinete Crédito: Presidencia
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9 de febrero de 2020  

La política está suspendida en el aire a la espera de una definición. En la coalición gobernante conviven en tensión grupos diferentes, los retazos del entramado que tejió el Presidente para ganar las elecciones y que comenzaron a mostrar grietas internas sobre el futuro de la reforma judicial, de los servicios de inteligencia, de la relación con Comodoro Py, de la política de seguridad. Los aliados coexisten en vilo a la espera de una resolución que tercie entre unos y otros. Pero Alberto Fernández aguarda el Día D, el cierre de la renegociación de la deuda, como la llave que despeja el horizonte e inaugura una nueva etapa.

En el peronismo, intendentes, gobernadores y líderes sectoriales conciben como inevitable que los crujidos internos, que tiene a la convivencia entre el Presidente y Cristina Kirchner como su máxima expresión, antes o después enfrentarán un desenlace. Pero lo pronostican como eventos de una segunda etapa histórica. "Si el pibe Guzmán la mete, nosotros podemos empezar a hacer política", expresa con retórica barrial un intendente del conurbano afín al albertismo. El "pibe", claro, es el ministro de Economía, Martín Guzmán, y la parábola futbolística alude al objetivo de un acuerdo con los acreedores que cierre el compás de espera que pesa sobre el Gobierno e inaugure un nuevo ciclo. Recién entonces, en la mente de los protagonistas, las tensiones se saldarán con la reacción de un liderazgo presidencial ratificado.

Mientras tanto, con las definiciones latentes, la singularidad de la política argentina tienta a jugadas atrevidas. Como la protagonizada el martes por Malena Galmarini cuando, en una entrevista con Clarín, lanzó la candidatura presidencial de Sergio Massa apenas dos meses después de la asunción de Alberto Fernández. Una marca récord incluso en la ansiedad de la dirigencia vernácula, que dejó atónitos a dirigentes de la coalición gobernante. En el massismo niegan que hubiera sido calculado y juran que extendió molestia más que satisfacción. Pero el peronismo tomó nota sobre la osadía.

Hay diferencias que la Casa Rosada prefiere ocultar, como el enredo que envuelve la reforma judicial y la puja entre interlocutores con el Poder Judicial, y otras que salen a la luz con beneplácito gubernamental, como la aparición del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, para desmentir el credo kirchnerista de la existencia de presos políticos.

En la construcción simbólica de un "albertismo" como fase superior del cristinismo, la polémica con el exministro Julio De Vido resultó útil para los colaboradores del Presidente, convencidos de que los ayuda a mostrarse como un modelo mejorado del gobierno cristinista. Hubo una sola autocrítica: la tardanza en cruzar al exministro de Planificación. "En comunicación, no podemos salir dos días después", evaluó un colaborador del presidente.

Las divergencias por los presos de la corrupción dejaron por primera vez al ministro del Interior, Eduardo "Wado" de Pedro, en una vereda diferente al Presidente. Fue una prueba a su fidelidad con Cristina Kirchner, que sirvió como límite a las muestras de equilibrismo que elogia cada sector de la coalición.

El enigma fundamental es cuál es el margen para la acumulación de presión interna, como las que rodean las divergencias entre Cafiero y De Pedro y Máximo Kirchner. Fernández dedica una parte insospechada de su tiempo a contener a su vicepresidenta para evitar que un desacuerdo escale hasta transformarse en un problema. La contención toma la forma de llamados, de pedidos de consejos y, según refieren en la Casa Rosada, cenas compartidas. Nada fue suficiente para evitar que la vicepresidenta se fotografiara con el dueño de Electroingeniería, Gerardo Ferreyra, procesado por la causa de los cuadernos, luego de que el empresario se quejara porque en la Casa Rosada no le atendían los llamados. Tampoco lograron impedir que Cristina Kirchner escribiera una carta pública sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman, justo antes de que Alberto Fernández se embarcara con destino a Israel. Ayer, de todas formas, Cristina Kirchner manifestó desde Cuba un respaldo público a Alberto Fernández. La comunión sobrevive.

El Presidente terminó por tomar distancia pública con Axel Kicillof, luego de los rodeos bonaerenses por la deuda que generaron un alboroto gratuito en la negociación nacional con los acreedores. Fernández aseveró desde Francia que no aplicaría la "lógica del gobernador". Kicillof había terminado por pagar aquello que primero retaceó y envió hacia el exterior el mensaje de que la plata aparece si las posturas se endurecen: flaco favor para el "pibe Guzmán". Desde la provincia llegó también el fuego amigo del ministro de Seguridad, Sergio Berni, quien acuciado por el tembladeral de su distrito, donde reaparecieron los secuestros exprés, eligió tomar distancia de su colega nacional, Sabina Frederic. La disonancia entre Berni y Frederic muestran que en el kirchnerismo la postura frente a la inseguridad no es ideológica. Dos abordajes contrapuestos pueden convivir bajo el mismo paraguas. La fidelidad al liderazgo le gana a la doctrina.

El Presidente le contestó al ministro bonaerense en una entrevista con Horacio Verbitsky y le recomendó encargarse de los problemas de la provincia. Un mensaje con dos destinatarios.

Mientras sobrevolaba la polémica, el Ministerio de Seguridad de la Nación redujo la custodia que le corresponde a Mauricio Macri como expresidente. No fue el único caso. Mariano Federici, quien encabezó la Unidad de Información Financiera (UIF) con denuncias de lavado que involucró a organizaciones terroristas y de narcotráfico, fue dejado sin protección. La intervención de Patricia Bullrich sirvió para recuperar gran parte de los policías que habían sido retirados de la custodia de Macri. En el Gobierno aseguraron que no fue una decisión premeditada, sino un error por movimientos de personal y licencias, que llevó a Frederic a llamar la atención a las autoridades de la Policía Federal para evitar que se repita. De todas formas, el Ministerio puso en marcha una "Propuesta general de reglamentación de custodias" para revisar asignaciones. Tanteos de la primera etapa histórica del albertismo.

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