Testimonios y llanto en el velatorio de Santillán

Sus amigos hablaron de "infiltrados"
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28 de junio de 2002  

Alberto Santillán no podía contener las lágrimas que le generaba la tristeza de haber perdido a su hijo el día anterior en la estación de trenes de Avellaneda. Ese día moría el piquetero Darío Santillán, luego de un enfrentamiento con la policía bonaerense que duró sólo cinco minutos y provocó destrozos en la zona.

"Me enteré de que lo habían matado ayer a la noche -por anteanoche- cuando me llamó por teléfono mi hermano y me dijo que había visto a Darío muerto por televisión", dijo a LA NACION el padre de Santillán, a un costado del ataúd que guardaba el cadáver de Darío. "Esto es una injusticia... Perdoname, pero no quiero hablar más", agregó.

En la calle Condarco al 100, en el barrio La Fe, de la localidad bonaerense de Lanús, alrededor de 400 personas se acercaron hasta la casa donde fue velado el piquetero. Hubo llantos, gritos y cánticos contra Duhalde y la policía bonaerense.

Allí, un amigo del piquetero muerto en la estación de trenes de Avellaneda, Carlos Leiva, trató de reconstruir lo que había ocurrido el día anterior.

"Darío venía gateando y con sangre. Cuando llegó a la estación se encontró con el otro chico que mataron -Maximiliano Costequi- y lo trató de ayudar porque estaba muy mal. Ahí llegué yo con la mujer de Darío -Claudia-, pero él nos dijo que nos fuéramos, que ya nos alcanzaba. Hicimos 50 metros, pasaron seis policías y después escuchamos más de 20 tiros. No sabíamos qué había pasado."

Y siguió: "No pude volver porque después me agarraron. Sólo me enteré de que lo habían matado cuando salí de la comisaría".

"Lo fusilaron"

Más tarde habló el hermano de la víctima, Leonardo. "Darío no estaba haciendo nada. Lo fusilaron por la espalda. A mi hermano lo mataron porque ya lo tenían fichado, y después lo arrastraron como a un animal", dijo entre llantos.

Testimonios como éste se repitieron ayer entre la gente que se acercó hasta el lugar. "Hay que hacer justicia", pidió Griselda, amiga del manifestante.

Más tarde, un compañero de Santillán del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD), Alejandro San Clemente, sostuvo que entre los piqueteros apostados en el puente Pueyrredón había varias personas infiltradas. "Nosotros no teníamos armas, las llevaron las personas que se infiltraron con los piqueteros", dijo.

Y agregó: "El hombre que apareció hablando y que dijo que había manejado el colectivo de la línea 100 que después fue incendiado era un infiltrado. Yo vi cuando el conductor de ese interno se iba caminando. Era otro hombre".

A las 15, Santillán fue trasladado al cementerio de Claypole, en el partido bonaerense de Almirante Brown. Fue seguido por una caravana de más de 40 autos y micros que lo acompañó en silencio.

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