The New York Times opinó sobre Kirchner

Dijo que EE.UU. debería ayudarlo
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24 de mayo de 2003  

NUEVA YORK (The New York Times).- Mientras la economía de la Argentina, que solía ser próspera, se derrumbó en los últimos años, los argentinos se acostumbraron a definir a su país como la única nación del mundo "sin vías de desarrollo".

El pasado inmediato fue particularmente devastador. La economía argentina se contrajo un abrumador 11 por ciento el año pasado, después de que el país entró en cesación de pagos respecto de su deuda externa en diciembre de 2001.

Con este telón de fondo, Néstor Kirchner, un gobernador peronista poco conocido y oriundo de la escasamente poblada provincia patagónica de Santa Cruz, jurará mañana como presidente de la Nación.

Los argentinos sólo pueden esperanzarse de que su gestión traiga aparejada cierta estabilidad política a un país que ha estado transitando por períodos turbulentos desde que Fernando de la Rúa renunció a la presidencia frente al estallido de violencia homicida de fines de 2001. Completar los cuatro años de mandato significará un triunfo para Kirchner.

La Argentina ha sido afortunada en el sentido de que Carlos Saúl Menem, el ex presidente, éticamente deteriorado, en cuya gestión se produjo un espectacular ciclo de prosperidad y decadencia durante los años 90, haya fracasado en su más reciente propósito de alcanzar nuevamente la presidencia.

Voluntariamente, Menem se retiró de la segunda vuelta mientras su popularidad se esfumaba, lo cual privó a Kirchner de lo que, según se estaba gestando y se preveía, hubiese sido una victoria aplastante sobre Menem.

* * *

Néstor Kirchner fue el candidato elegido a dedo por Eduardo Duhalde, el presidente interino saliente que durante años luchó a brazo partido con Menem para liderar el partido peronista. Kirchner hereda el respetado equipo económico de Duhalde.

En la campaña electoral del nuevo presidente abundó la retórica populista, pero hubo poco de específico. Deploró con justa razón la corrupción, y la desastrosa política monetaria, durante los años en los que Menem estuvo en el poder. Pero sería un error que Kirchner suprimiera las reformas de mercado introducidas por Carlos Menem.

Lo último que necesita la Argentina es volver a nacionalizar la industria y expandir su ya recargado e ineficiente sector público.

El gobierno de Bush y las instituciones financieras internacionales deberían ayudar a Kirchner a encaminarse por la senda del éxito. La reestructuración de la deuda y las negociaciones sobre comercio cobrarán mucha importancia en la agenda. Apuntalar la democracia en América del Sur será favorable, en el fondo, para los propios intereses de Washington.

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