Toda la política económica, sólo en las manos de Macri

Claudio Jacquelin
Claudio Jacquelin LA NACION
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27 de diciembre de 2016  

La salida de Alfonso Prat-Gay del Gobierno representa mucho más que un cambio de Gabinete. Confirma, sobre todo, la forma de conducir de Mauricio Macri al tiempo que muestra la profundización de un rumbo.

En el origen de todo está la irremontable falta de sintonía entre Alfonso Prat-Gay y Mauricio Macri, que ayer quedó más expuesta que nunca cuando, a las 9, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, le comunicó la decisión presidencial de pedirle la renuncia. Prat-Gay fue a la Casa Rosada sin imaginarse que estaba entrando por última vez en su condición de ministro de Hacienda y Finanzas.

"Se sorprendió. No se lo esperaba", reveló a LA NACION uno de los hombres con más influencia en el Gabinete. Del lado de Prat Gay confirmaron la sorpresa: una hora antes de la comunicación final, sus más estrechos colaboradores descalificaban las versiones periodísticas que circularon durante el fin de semana.

El sábado pasado Joaquín Morales Solá había dejado traslucir en su columna en LA NACION la definitiva incomodidad del Presidente con Prat-Gay. Desde allí todo se aceleró. En el Gobierno argumentan que si no se adoptó la decisión antes fue porque esperaban la sanción de la reforma al impuesto a las ganancias y del presupuesto nacional.

En el palacio algunos agregan que el despido se precipitó porque en el fin de semana había llegado al entorno presidencial la versión de que Prat-Gay tenía decidido dejar el Gobierno en los primeros días de 2017 y que el Presidente prefirió sorprender antes que ser sorprendido. No importa la veracidad sino la verosimilitud de la necesidad de remarcar quién manda.

Sobre las causas profundas del despido prefieren no dejar dudas. Confirman, aunque con menos diplomacia, los argumentos que dio el jefe de Gabinete en la conferencia de prensa. "Nosotros no sólo pregonamos el trabajo en equipo, sino que creemos en él y lo practicamos. Y trabajar en equipo es, por ejemplo, confiar en el otro y no tener agenda propia. En eso, con Alfonso no contábamos".

Dicen en el Gobierno que, aunque el paladín del gradualismo haya sido despedido, la política económica no cambiará y que el objetivo es darle mayor efectividad y rapidez, y menos conflictividad a la gestión.

No es sólo una forma de señalar dónde estaba para ellos el problema con Prat-Gay -más en las formas que en el fondo-, sino también de admitir la creciente preocupación por la demora en la recuperación económica y la necesidad de revertir esa situación con toda la urgencia que demanda el inminente comienzo del año electoral. Al mismo tiempo, es una forma de responsabilizar al ministro saliente y de exculpar al resto, empezando por el Presidente, por la falta de los resultados que toda la sociedad esperaba.

Atomización y concentración

La consecuencia inmediata de la salida de Prat-Gay es una mayor atomización de la responsabilidad ministerial sobre los asuntos económicos y, por lo tanto, una mayor concentración en manos de Macri. Una situación contraindicada por casi todos los economistas y empresarios, pero que en la Casa Rosada se admite sin culpa y se defiende con entusiasmo, aún cuando se le señale que el esquema se parece cada vez más al que adoptó Néstor Kirchner tras el despido del ministerio de Economía de Roberto Lavagna. Otra curiosidad de Cambiemos. Parecerse a sus adversarios para ser distintos. Para cambiar.

"La gran diferencia con lo que hizo Kirchner es que ahora hay una jefatura de Gabinete muy fuerte, que coordina el funcionamiento del Gabinete y tiene todo el apoyo del Presidente", justifican en la Casa Rosada. Eso implica que el poder de Marcos Peña y, sobre todo, de sus segundos, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana, no para de crecer. Ya lo dijo Macri: son sus ojos y su inteligencia. Y también sus brazos ejecutores.

Como contrapartida, los funcionarios con peso y voz propia cada vez son menos, también en el mundo macrista. Primero fue la salida de Isela Costantini de Aerolíneas. Ahora le tocó el turno a Prat-Gay. Previsible, aunque el ministro saliente no se lo esperara.

La Argentina hiperpresidencialista no cambia y desde hoy, entre los resultados económicos y la imagen del jefe del Estado ya no queda ningún fusible.

La fe en la recuperación de la economía será puesta a prueba como nunca en los próximos meses, porque de ello dependerá aún más que antes la viabilidad del proyecto de Cambiemos. Si algo falla, la magia de la comunicación macrista, tan autoponderada por sus creativos, deberá conseguir que la opinión pública conozca, primero, y entienda, luego, que Quintana, Lopetegui, Dujovne y Caputo tienen un peso específico político de tal magnitud como para absorber eventuales traspiés y evitar que dañen al Presidente. Mientras tanto, lo más cierto y concreto es que la frágil economía nacional quedó absolutamente en manos de Macri. Aunque él descanse en la Patagonia.

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