Todo gira en el mapa del poder

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION
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2 de mayo de 2011  

La política argentina experimenta en estas horas una transfiguración tan acelerada, que no sólo pierden firmeza las hipótesis electorales, sino que comienza a sembrarse de dudas el mapa del poder.

El primer dato llamativo es que la campaña amenaza con tragarse en sus arenas movedizas a algunos tótems de las últimas dos décadas. Eduardo Duhalde trata de salvarse del naufragio abrazado al partido Unión Popular, de la familia Herrera. El intento de reciclar su candidatura como coordinador multipartidario fracasó cuando los radicales se aproximaron a Francisco de Narváez y Mauricio Macri sin recurrir a su mediación.

La de Carlos Reutemann es otra carrera con pronóstico reservado. Macri insiste en incorporarlo a su aventura, pero ¿abandonará Reutemann su crónica perplejidad para seguir a alguien que navega en su propio mar de dudas? Sería fascinante asistir a un diálogo entre estos Hamlets. Reutemann pone como excusa la interna santafecina del próximo 22: "¿Cómo haría para asociarme a Pro, si mi gente va en las listas del PJ?". Sin embargo, también en esa escala la estrella de Reutemann podría languidecer. Como Juan Carlos Romero en Salta, él desistió de participar del torneo provincial. Sus fieles acompañan a Omar Perotti y a Rafael Bielsa. Pero ¿qué sucedería si el peronista más aventajado resultara ser Agustín Rossi?

Las peripecias de Duhalde y Reutemann determinan el destino de la diáspora peronista, que el primero oficializó en el controvertido congreso partidario de Lanús (enero de 2003), al prohibir las internas para beneficiar a Néstor Kirchner. La oposición al kirchnerismo se reduce en el PJ a la excéntrica carrera de Alberto Rodríguez Saá consigo mismo.

De las figuras que dominaban la escena anterior al encumbramiento de Kirchner sólo queda en pie Elisa Carrió, quien apuesta a evitar el hundimiento con el salvavidas de la intransigencia. Después de la corrupción y el narcotráfico, ahora su límite es "la incompetencia". Lo dijo ante inversores, en Manhattan, para justificar su aislamiento de Ricardo Alfonsín.

El macrismo ató su suerte al Peronismo Federal, que ahora lo priva de una base territorial. Casi nadie apuesta hoy a que Macri mantendrá el sueño presidencial. A dos peronistas que intentaron empujarlo en ese sentido, el lunes pasado, los mandó a hablar con su gurú, Jaime Durán Barba, quien prescribe la municipalización apoyado en las encuestas. Es extraño que este preceptor ecuatoriano no recomiende a su pupilo liquidar rápido el dilema: no se sabe de muchos liderazgos que se hayan construido dudando en público y esgrimiendo problemas de dinero. Enredado en sus cavilaciones, Macri comienza a poner en peligro su reelección porteña.

La incertidumbre de Macri encierra un enigma que se remonta a 1912, cuando se sancionó la ley Sáenz Peña: ¿qué viabilidad tiene en la Argentina una fuerza de derecha democrática? Dicho de otro modo: ¿superará Pro su escala geográfica o se limitará a ser un partido de distrito? Para Cristina Kirchner la escena se está configurando de mala manera. Ella necesita que la oposición se mantenga dividida, para que ningún candidato obtenga el caudal de votos capaz de forzar un ballottage. Las noticias son otras. Detrás de Ricardo Alfonsín comienza a sintetizarse una oferta competitiva en Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, Mendoza, Santa Cruz, la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires.

Francisco de Narváez decidió ser el candidato bonaerense de la fórmula de Alfonsín. Acaso ya no modifique esa estrategia aunque Macri opte por la presidencia. De Narváez cree que nadie le aporta hoy la red de 43 municipios que controla la UCR. El obstáculo que representaba Margarita Stolbizer para el experimento "ya fue superado", dicen, misteriosos, los radicales.

La Presidenta cuenta con una ventaja: tiene frente a sí un rompecabezas, no una coalición. El entramado sobre el que se sostiene Alfonsín nació de las limitaciones y no de las potencialidades de quienes se integran en él. Es una composición en la que los radicales, De Narváez, el socialismo santafecino, el PJ disidente residual y, aunque todavía es eventual, el macrismo obtienen del otro el remedio a una deficiencia territorial. No es una arquitectura amalgamada por un concepto.

La relación entre la UCR y Pro es el núcleo de esta limitación. Si Macri sale de la escena nacional, Alfonsín podría anexar a su boleta una lista de diputados encabezada por Federico Pinedo. La combinación de esos dos apellidos tiene una resonancia que expresa el desafío al que se enfrentan. Entre 1960 y 1962, la Cámara de Diputados bonaerense, en La Plata, vibró con los agresivos debates de Raúl Alfonsín –padre de Ricardo– y Enrique Pinedo, "el Negro", que acaba de fallecer. Era el padre de Federico. En el siglo pasado no hubo antinomia más severa que la de radicales y conservadores.

Sin embargo, el calendario condena a la UCR y al macrismo a un entendimiento. ¿Qué sucedería con la carrera de Alfonsín si en julio Daniel Filmus, el candidato más promisorio del kirchnerismo, ganara la Capital Federal? ¿Qué cota alcanzaría, en ese caso, el triunfalismo oficialista? La UCR aún no se ha planteado este problema.

La encrucijada táctica esconde para Alfonsín un problema estratégico. ¿Es posible asociar a Macri sin que se note? En otras palabras, ¿se puede armar un rompecabezas y prescindir de una visión común?

Hay una pista en la experiencia legislativa de los últimos dos años. La oposición encontró un eje transversal en el discurso institucional-republicano, pero ese argumento no permite traspasar el umbral de los procedimientos. Entre comer con las manos y comer con cubiertos, es mejor usar cubiertos, claro. Pero ¿si el problema es qué comer?

Anteayer hubo un ejemplo de esta dificultad: Alfonsín criticó a Hugo Moyano por poner la CGT al servicio de una fracción, el PJ. ¿Será tan severo si le toca discutir las propuestas de Moyano?

Al kirchnerismo se le está enturbiando el horizonte con la convergencia opositora. Pero todavía goza de un enorme beneficio. La Presidenta viene consiguiendo que las veinte familias que la siguen acepten la misma interpretación de lo que ocurre. Esa visión es pobrísima en su base empírica; sus limitaciones operativas son cada día más graves, y si se quieren advertir sus incongruencias, basta con leer la implacable nota del trotskista Jorge Altamira, el sábado, en el periódico Perfil. El problema de Alfonsín es que, a diferencia de Macri, todavía no ofrece una lectura alternativa sobre el papel del Estado, la inversión privada, las relaciones exteriores, los servicios públicos, la estrategia productiva o las inconsistencias energéticas. La pregunta, entonces, es si a Cristina Kirchner se la derrota con sólo recitar el Preámbulo de la Constitución. El candidato radical no da una respuesta, aunque se ha rodeado de economistas muy profesionales y busca sumar a Alfonso Prat-Gay a su sistema.

Sería injusto culpar a Alfonsín. Sobre él reaparece una cruz que el radicalismo carga desde hace más de 60 años: la reticencia a diferenciarse del peronismo por temor a ganarse el estigma de "gorila". Juan Carlos Torre explicó que, de ganar en 1946 la Unión Democrática, su programa –inspirado en la famosa "Declaración de Avellaneda" de la UCR– no hubiera sido muy distinto del de Juan Domingo Perón. Tulio Halperín Donghi interpretó que el máximo triunfo de Perón consistió en que la Argentina completa se volviera peronista; es decir que todos los gobiernos posteriores a 1955 pretendieran reproducir, cada vez con adversidades más poderosas, el experimento económico-social fundado por él.

El kirchnerismo enfrenta al candidato radical con el mismo reto. Será interesante observar cómo lo resuelve. O, en otros términos, descubrir qué significa para él llamarse Alfonsín: si ese apellido lo ata a la custodia conservadora de un legado o si, en cambio, le provee la suficiencia necesaria para explorar senderos que sus mayores nunca transitaron.

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