Un control sobre la operatoria de todos los hoteles

Los contadores de Báez accedieron a las reservas y gastos de tres empresas de los Kirchner
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30 de noviembre de 2014  

Los contadores de Lázaro Báez no sólo se encargaron de los números de Valle Mitre, la firma con que el empresario gerenció los hoteles Alto Calafate y La Aldea, y la hostería Las Dunas. También controlaron, revisaron y ajustaron la operatoria interna de los tres establecimientos, según consta en los registros contables del grupo Báez que obtuvo LA NACION.

Ese acceso irrestricto de Báez a los números internos de los hoteles de la familia Kirchner le permitió conocer en detalle, por ejemplo, la facturación neta de IVA, mes a mes y durante años, de los tres establecimientos, como así también del restaurante La Usina.

No sólo eso. Los contadores del empresario patagónico sospechado de ser testaferro de la familia presidencial también supervisaron las reservas y ventas de habitaciones de los tres establecimientos desde mediados de 2009, con análisis por gráficos de los índices de ocupación de cada hotel, ya fuera en temporada alta, media o baja. Ese acceso a los números internos de cada establecimiento llegó a tal punto que Báez pudo conocer, entre otros, los ingresos y gastos de lavandería o telefonía en el hotel Alto Calafate.

Esos registros internos, a los que accedió LA NACION, muestran por ejemplo que, en enero de 2011, el Alto Calafate registró ingresos por $ 934.486 en concepto de habitaciones, otros $ 1145 por lavandería y tintorería, y $ 11.503 en el rubro "health club".

Esos números son parte de la operatoria que ahora la Justicia busca analizar para determinar si el Alto Calafate sirvió de escenario para maniobras de supuesta evasión tributaria o presunto lavado de activos por parte de los Kirchner.

La primera hipótesis es la que investiga el juez en lo Penal Tributario, Javier López Biscayart, desde fines del año pasado, cuando ordenó una serie de allanamientos en las oficinas de Báez en la ciudad de Buenos Aires. A esa pesquisa se sumó en las últimas semanas otra que instruye el juez federal Claudio Bonadio, por presunto lavado de activos. Por eso allanó el domicilio declarado por Hotesur -que se encontraba vacío- y la Inspección General de Justicia (IGJ), y le ordenó a la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) que le entregue las declaraciones juradas contables de la familia presidencial, de Báez y de las firmas Hotesur y Valle Mitre.

Entre otros datos, los números del Alto Calafate que supervisaron los contadores de Báez muestran la variación en las cuentas del hotel según fuera en temporada alta o baja. Así, en junio de 2011, registró ventas netas de IVA por lavandería y tintorería por apenas 108,27 pesos.

Durante ese mes, según los números que manejó Valle Mitre como firma gerenciadora, el hotel registró un porcentaje de ocupación del 17%, con supuestas ventas totales por todo concepto de 160.429 pesos.

Noviembre de 2010, por el contrario, resultó mucho más provechoso. El Alto Calafate declaró un 75% de ocupación en sus habitaciones, con ingresos totales por 1.172.238,08 pesos.

En números globales, no obstante, los ingresos del Alto Calafate responden a tres grandes rubros. Uno, los cientos de habitaciones que cada mes pagó Báez a través de ocho de sus empresas. Otro, las reservas que cubre Aerolíneas Argentinas, cuyas tripulaciones se alojan allí desde hace años. Y, por último, los pasajeros individuales, ya fueran con reservas por agencia o individuales por Internet.

Más allá de esos números, sin embargo, los Kirchner definieron un cambio comercial para lavar la imagen del hotel después de que estalló el escándalo del valijero Leonardo Fariña y se iniciaron las investigaciones judiciales por presunto lavado que involucraban a Báez, la financiera SGI y, luego, a Valle Mitre.

Los Kirchner desplazaron a Valle Mitre como gerenciadora y ubicaron en su lugar a Idea SA, del ex gobernador santacruceño Carlos Sancho y socio de Máximo Kirchner en la inmobiliaria que gestiona las propiedades de la familia presidencial. También convocaron otra vez como gerente del Alto Calafate a Oscar Souto, quien ya lo había administrado cuando se inauguró en 2005. Lo reemplazó así a Adrián Berni como rostro visible del hotel.

Tras marcharse, Berni montó una fiambrería en El Calafate que atiende él mismo. La bautizó "La Herradura".

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