Un costo político inevitable

Luis Moreiro
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31 de marzo de 2000  

LA PLATA.- La decisión está tomada y no hay muchas opciones. Sólo falta que se la dé a conocer.

Carlos Ruckauf vuelve al país con la certeza de que el paso que va a dar marcará mucho más que el final de una crisis de gobierno. Hoy dirá "Rico se va" o "el ministro está confirmado", y con ello estará pagando un costo político importante y, quizá, algo de su futuro.

Los términos no pueden ser llevados a su más sencilla explicación. El gobernador, que sueña con llegar a la Casa Rosada en 2003, no se queda en la primaria ecuación acerca de quién es el más fuerte para torcerle el brazo al adversario.

No es este caso, precisamente, una compulsa deportiva en la que sólo cuentan dos términos.

El rumbo de su gestión

Es erróneo suponer que sólo los medios y la Alianza -en quienes Rico quiso ver a sus más acérrimos rivales- terminaron por minar su fugaz resurrección.

El gobernador, que teje una buena parte del destino de los bonaerenses, adivina que la determinación que hoy adopte marcará el rumbo de toda su gestión.

Es que hoy habrá de decirle a la Alianza sobre qué eje girará la política de la primera provincia del país, al menos, hasta la próxima elección legislativa.

Ruckauf puede ceder una reina -en el hipotético caso de que el giro que se refiere al juego de ajedrez se adapte a la imagen de Aldo Rico- y esperar que la mayoría opositora instalada en la Legislatura comprenda que se trata de un gesto no menor.

El gobernador también puede usar su mano férrea y mantener al díscolo ministro en el cargo.

No haría más que marcar un tortuoso camino político de aquí en adelante -le restan cuatro años de gestión- debido a las incontables presiones políticas que recibiría de su oposición y a la demostración de debilidad política asombrosa: Ruckauf pidió la renuncia desde los Estados Unidos -designó a su reemplazante- y Rico todavía no se fue.

¿Que consigue Ruckauf si el ex militar carapintada, protagonista de la insurrección de Semana Santa de 1987 en contra del gobierno de Raúl Alfonsín, regresa a su quinta en San Miguel? Por sobre todas las cosas, el gobernador lograría paz. Que no es poca cosa en estos días.

No más dislates, no más disculpas públicas. La seguridad de haber eliminado un escollo no menor, aunque a un costo muy alto.

Aldo Rico se hizo cargo de la seguridad bonaerense con su estigma de mano dura irreductible. Dicen que le fue bien y es un punto en su favor, aunque nunca mostró una estadística confiable que lo avalara.

Desplantes previsibles

Trabajó 100 días sin sobresaltos, salvo cuando optó por hablar. Primero amenazó a la prensa en una actitud totalmente previsible en un hombre de su concepción. Luego, directamente involucró y ridiculizó falazmente la investidura presidencial. Acto irresponsable y peligroso.

¿Es necesario tentar a la suerte con un tercer desplante?

¿Será tan difícil, para un futuro aspirante a la primera magistratura, hallar un hombre sensato que conduzca a la policía y no dilapide el capital político de quienes lo rodean?

La separación de Rico no simboliza un cambio de política, ni de compromisos de campaña.

La aceptación de su renuncia, en todo caso, puede ser evaluada como el gesto de alguien que pretende encontrar en el consenso el camino más adecuado para una gestión.

Y hay otro detalle que no se puede soslayar. La aparición de Carlos "El Indio" Castillo agitó fantasmas del pasado que, entre otras cosas, involucran a Eduardo Duhalde. ¿Estará dispuesto el PJ bonaerense a que la Alianza levante esas banderas?

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