Un debate que a nadie beneficia

Martín Dinatale
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12 de mayo de 2003  

Al igual que el debate por las denuncias de fraude, la discusión por un eventual abandono de Carlos Menem a su candidatura no beneficia a nadie. Por el contrario, genera confusión, incertidumbre y afecta por igual a todos los sectores que se enfrentarán en el ballottage: Menem y Néstor Kirchner.

Las denuncias de fraude que nunca se presentaron en la Justicia sólo buscaron debilitar al sistema democrático y poner en dudas las elecciones. A menos de una semana del ballottage, el fantasma de un Menem bajándose de su candidatura también genera incertidumbre en el plano institucional. Nadie sale beneficiado con este planteo, ya sea generado desde el Gobierno o desde el propio menemismo.

La tesis del "abandono histórico", tan sólo deslizada como hipótesis del Gobierno o usina de rumores del lado menemista, pone en alerta máximo a Kirchner, que inevitablemente deberá lidiar con un sector muy hostil del PJ en el caso de acceder a la presidencia. Se trata de un menemismo intransigente que no cree en el retorno a la unidad partidaria y que está dispuesto a entorpecer por cualquier vía la tarea de un Kirchner presidente.

La idea de pensar en un Menem bajándose de su candidatura exacerba a muchos menemistas. Y la postura de este sector del PJ se contrasta notablemente con los apoyos transversales de gran parte del arco político que recibió en las últimas semanas el candidato santacruceño. Para algunos menemistas parecería no existir la posibilidad de una Argentina nueva donde las diferencias partidarias se puedan superar para dar paso a políticas de Estado que sirvan para dar soluciones.

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Está claro que tampoco beneficia a Menem el rumor de un supuesto abandono electoral porque lo muestra derrotado de antemano. Y es allí cuando debe repetir: "Iré a la batalla" electoral, mostrando, así, profundos rasgos de violencia verbal contra su adversario.

Mucho menos beneficia al sistema democrático el debate de la candidatura de Menem. Desde el plano electoral, esta discusión sólo generaría un eventual aumento del voto nulo o blanco, contrario al resultado que se registró en la primera vuelta. Es que podría crecer el rechazo por la figura de Menem y Kirchner, indistintamente, como emblemas de la pelea interna del peronismo que aún no cicatrizó.

Desde el plano institucional, el debate sólo genera fantasmas no deseados. Es decir, el hecho proyectado de que Kirchner tenga que asumir debilitado con sólo el 22% de los votos que obtuvo el 27 de abril. Cualquiera que sea el sector que fomente este debate sólo genera una autodestrucción.

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