Un hombre vehemente, carismático y con muchos adversarios

Estuvo nueve meses al frente de la cartera
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20 de diciembre de 2001  

El ahora ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, vivió su última noche como funcionario en una situación difícil: frente mismo a su domicilio, en la esquina de la avenida Del Libertador y Ocampo, miles de manifestantes, desafiando el estado de sitio, se habían concentrado allí para exigir su renuncia.

Apenas conocida la versión de su dimisión, la multitud irrumpió en aplausos.

Cavallo culminó así su segundo período como ministro de Economía, luego de nueve meses exactos de gestión. Había asumido, igual que como se fue, en la madrugada del 20 de marzo último, reemplazando a Ricardo López Murphy, que apenas duró dos semanas en el cargo.

En estos meses de gestión, Cavallo encaró sucesivamente la primera operación de reestructuración de deuda pública conocida como “megacanje”, que le mereció una dura acusación de un grupo de diputados radicales y del ARI, por el hecho de haber incrementado las tasas de interés de los nuevos títulos. La operación alcanzó un volumen cercano a los 20.000 millones de dólares en títulos de la deuda pública, y fue el primer signo de que el país no estaba en condiciones de poder honrar sus compromisos financieros internacionales.

Tuvo otras dos iniciativas que le valieron las críticas de los economistas más ortodoxos: la instrumentación del polémico “factor de empalme”, un coeficiente que permitió mejorar el tipo de cambio de los exportadores al incluir la cotización del euro en la fórmula de cálculo de la paridad cambiaria en promedio con el dólar.

Poco tiempo después, lanzó los planes de competitividad, cuyo objetivo también fue mejorar los costos de la industria que compite en el exterior y los sectores locales que compiten con las importaciones. El mecanismo consiste en la eliminación de impuestos como los que gravan la renta mínima presunta y los intereses al endeudamiento empresario, al tiempo que permitía tomar el pago de los aportes patronales a cuenta del impuesto al valor agregado.

Los beneficios fueron extendiéndose cada vez a más sectores, aunque no consiguió su objetivo de reactivar la actividad económica.

A lo largo de su gestión, Cavallo resistió así cualquier intento de modificar o eliminar su criatura más preciada: el régimen de convertibilidad, ante los múltiples reclamos de los industriales locales, los sindicatos e incluso de algunos funcionarios del Fondo Monetario Internacional.

Cuando la situación fiscal se tornó insostenible, el ahora ex ministro decidió encarar lo que él mismo llamó “la más grande operación de reestructuración de deuda”. Dos semanas atrás pudo anunciar que el nuevo canje alcanzó un volumen de algo más de 50.000 millones de dólares. Pero le quedó pendiente la operación de canje internacional, que prometía ser aún más difícil de lograr.

Anoche, ante el cacerolazo que se extendió por Buenos Aires hasta después de la medianoche, encontró al canciller Adalberto Rodríguez Giavarini en vuelo de regreso desde los Estados Unidos. Pero el ministro tuvo tiempo para hacer llegar al presidente Fernando de la Rúa el siguiente mensaje:

  • que la Argentina seguirá contando con la ayuda de los Estados Unidos.
  • que esa ayuda tiene como condición la misma que ha impuesto el Fondo Monetario Internacional, es decir, que nuestro país cuente con un presupuesto sustentable, o sea, sin más gastos que ingresos.
  • Por añadidura, los interlocutores de Washignton hicieron saber a Rodríguez Giavarini que no entraban en consideraciones sobre las bondades de la gestión del ministro Cavallo, pero que consideraban, a juzgar por el desenvolvimiento de los hechos, que ha llegado la hora de que la Argentina encuentre al frente de los asuntos económicos a un ministro capaz de suscitar el grado de confianza ahora inexistente.

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