Un lento proceso de recambio

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25 de mayo de 2003  

Los analistas más optimistas admiten que el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea requerirán al menos un par de años para volver a contar con nuevos 27 generales, 13 almirantes y 12 brigadieres, ya que el programa de ascenso es delicado y no llega a esos puestos más que un pequeño puñado por año en cada institución.

Y, en la intimidad de la reflexión sobre las consecuencias que puede tener un descabezamiento tan profundo, concluyen en una inquietud: el fantasma de convertir a los jefes en referentes políticos de las figuras de turno y que, de esa manera, trabajen por el padrino que los designó en la máxima jerarquía militar más que para la institución a la que le han dedicado la vida.

"Nos ha costado mucho sacrificio profesionalizarnos desde 1983, en que concluyó la convivencia entre el manejo militar y la administración política del Estado", recordó a LA NACION un general retirado.

También les costó poner freno a las ideas carapintadas que terminaron con tres levantamientos de oficiales liderados por Aldo Rico y Mohamed Alí Seineldín -Semana Santa de 1987, Monte Caseros de 1988 y el 3 de diciembre de 1990-.

Paralelamente han tenido que depurar sus cuadros debido a que muchos de sus integrantes tuvieron activa participación en la lucha antisubversiva encarada durante la dictadura y que implicó violaciones a los derechos humanos que se investigan en tribunales argentinos y del exterior.

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