Un lobo con piel de cordero

Por Atilio Borón Para LA NACION
(0)
17 de noviembre de 2003  

La propuesta de establecer el Area de Libre Comercio para las Américas es un tema crucial para el futuro de nuestros pueblos. Los ideólogos del neoliberalismo presentan este proyecto como una gran iniciativa de carácter meramente comercial, que potenciaría las perspectivas de desarrollo económico de los países de la región y aseguraría -gracias a la liberalización integral de nuestras economías- el advenimiento de una era de prosperidad sin precedente en nuestra historia.

Así, el ALCA no sería otra cosa que el demorado sinceramiento de nuestras economías con el venturoso primado, considerado ya irreversible, de los mercados mundiales.

Este "relato oficial" poco tiene que ver con la realidad. Lo que ésta nos enseña, en cambio, es que el ALCA es la culminación de un secular proyecto de dominación imperial cuyas raíces se hunden en la historia interamericana. La expresión más clara al respecto data de 1823 cuando el quinto presidente de los Estados Unidos, James Monroe, sentenciaba: "América para los americanos".

Esta fórmula resuena con fuerza en las palabras que, hace apenas un par de años, pronunciara el secretario de Estado del actual gobierno norteamericano, Colin Powell, cuando afirmaba que con el ALCA "nuestro objetivo es garantizar para las empresas norteamericanas el control de un territorio que se extiende desde el Artico hasta la Antártida y el libre acceso sin ninguna clase de obstáculo de nuestros productos, servicios, tecnologías y capitales por todo el hemisferio".

* * *

Lejos de ser un acuerdo de integración comercial, el ALCA es un proyecto de anexión imperial que busca garantizar "el libre acceso sin ninguna clase de obstáculo" de las firmas estadounidenses a los mercados latinoamericanos. No hay allí el menor asomo de un pensamiento siquiera mínimamente solidario o altruista. Si en la letra y el espíritu del proyecto integracionista europeo se hallaba la idea de promover la nivelación "hacia arriba" de las sociedades europeas, tal preocupación brilla por su ausencia en el ALCA.

Unas pocas cifras bastan para desnudar su naturaleza insanablemente predatoria. A fines de la década de los cincuenta, cuando se firma el Tratado de Roma, la diferencia entre el ingreso per cápita de los países más ricos y el más pobre (Italia) no llegaba a ser de dos a uno. En el momento actual, cuando se enfrenta la presión de Washington para lanzar el ALCA en el 2005, la diferencia entre el ingreso per cápita del país más rico (Estados Unidos) y el más pobre, Haití, es de ¡23 a 1!

Pese a ello, no existe en los voluminosos papeles preparatorios del tratado ninguna indicación que revele la más modesta intención de propiciar una nivelación "hacia arriba" de los supuestos socios del ALCA. Todo lo contrario. De lo que se trata es de maximizar las ventajas de las firmas norteamericanas y de legalizar una operación que cualquier historiador serio no vacilaría en calificar de un nuevo acto de pillaje colonial cuidadosamente maquillado.

* * *

En resumen: el ALCA es una propuesta económicamente ruinosa para nuestros países, pese a que, como siempre, algunos sectores muy minoritarios podrían obtener algunas ventajas de corto plazo.

Además, es una iniciativa que socava nuestras frágiles democracias y profundiza la pobreza y la exclusión social que caracteriza a las sociedades latinoamericanas. El balance global no podría ser más negativo.

Esa es la razón por la que los mentores de este sigiloso neoanexionismo se resisten a someter tan crucial decisión a un referéndum popular vinculante y presionan a los gobiernos de la región para que la discusión en torno del ALCA la realicen exclusivamente los "expertos" y la dirigencia política, manteniendo a la "chusma" al margen del tema.

Su pública consideración originaría un escándalo de tales proporciones que abortaría de inmediato el proyecto. Su carácter profundamente antidemocrático es un síntoma de su total indiferencia ante consideraciones morales relativas a la justicia, la igualdad, la pobreza, la equidad y la libertad, tanto en el plano nacional como internacional.

Si el ALCA fuera tan bueno como lo pregonan, ¿por qué negociarlo en secreto? Precisamente, para que ello no ocurra, los argentinos debemos condenar el ALCA acudiendo a las urnas en las Primeras Jornadas de Consulta Popular sobre el ALCA, entre el jueves próximo y el 26 del actual.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Politica

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.