Un mensaje decidido en caliente

Se sintió atacado por el ex jefe militar
Mariano Obarrio
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30 de mayo de 2003  

La dura respuesta de Néstor Kirchner al teniente general (R) Ricardo Brinzoni fue resuelta anteayer, apenas se produjo el ataque del ex jefe del Estado Mayor del Ejército durante su discurso de despedida, y tal como ocurrió con las primeras decisiones del Presidente, registró dentro del Gobierno un escaso debate interno previo.

Se trata de un estilo propio del jefe del Estado, un estilo que él mismo se encarga de hacer difundir.

Si los relevos militares, de los que aún no se conoce el alcance definitivo, produjeron malestar en algún sector castrense, el discurso de Brinzoni, según confiaron a LA NACION hombres del Presidente, enardeció aún más al propio Kirchner.

"Apenas vio el discurso de Brinzoni resolvió responderle", dijo a LA NACION una fuente allegada. El ministro de Defensa, José Pampuro, intervino en dar su opinión sobre la elección de las palabras de la réplica, pero sólo lo necesario. Quien definió el tenor de la respuesta fue el Presidente.

"Correspondía una respuesta dura. Porque había sido un ataque directo y personal al Presidente. El intrigante era el propio Kirchner", dijo una fuente con acceso al jefe del Estado, convencida de que Kirchner se sentía destinatario del párrafo en el que Brinzoni habló de "intrigas" políticas contra los cuarteles.

Los dos conceptos que más habían perturbado a Kirchner, según sus allegados, fueron esos en los que el general había dicho que "la intriga política sobre los cuarteles parece regresar después de 20 años" y que "nuestra sintonía es con la Constitución y con las leyes. Nuestra lealtad es al cargo y no a las personas".

Kirchner lo consideró un ataque directo a su persona. Por eso respondió con munición pesada: "Nadie puede sorprenderse o pedir explicaciones o calificar una situación como inexplicada cuando se han puesto en ejercicio facultades constitucionales y legalmente regladas", dijo. "Analizar y caracterizar las conductas del poder político no es función que le corresponda a un militar", añadió.

A sabiendas

En la Casa Rosada aseguran que Kirchner es consciente de que abrió un frente de tensión, pero premeditadamente, "con un objetivo concreto de producir una reforma de fondo en las Fuerzas Armadas". Sin embargo, los hombres del Presidente procurarán que el asunto se vaya enfriando paulatinamente hasta desaparecer de la agenda nacional.

"Ahora se intentará no hablar más del asunto, al menos desde la Casa Rosada", confió un hombre que conoce la estrategia comunicacional oficial. Pero existe la convicción de que a partir de ahora debe "quedar en claro que no hubo prejuicios".

En las cercanías de Kirchner presienten que si se logra este objetivo entonces no habrá mayores recelos dentro de las filas castrenses en actividad. Pero confiesan que si esta resolución resulta interpretada en función de los viejos rencores la relación podría tornarse más tirante.

El ministro del Interior, Aníbal Fernández, intentó restarle importancia a la réplica: "El Presidente no le contesta a nadie; toma decisiones que se ejecutan", dijo.

Kirchner se mueve según códigos de extrema confianza y sus propios allegados subrayan su habitual desconfianza hacia todo aquello que no conoce ni controla. Admiten que por ello ascendió a su amigo Roberto Bendini a la jefatura del Ejército.

Un dato indica que la decisión mantiene una luz amarilla en la Casa Rosada. La semana próxima el Gobierno medirá en encuestas cómo cayó en la sociedad la decisión. Sus comunicadores alientan esperanzas de que el lunes esto formará "parte del pasado".

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