Un problema ajeno a las FF.AA.

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
Los jefes militares no tienen previsto interferir en el debate
(0)
12 de febrero de 2008  

En el estudio de la eliminación del obispado castrense no serán consultados los jefes de las Fuerzas Armadas. La decisión se tomará en la Casa Rosada sin conocer el pensamiento dentro de los cuarteles, tal como aseguran importantes militares que reconocen ante LA NACION su incertidumbre sobre el tema. Y si el Gobierno no requirió a estos oficiales información, ninguna otra voz militar los suplantará como consejeros.

El conflicto con el Vaticano avanza por líneas más políticas que religiosas, mientras que en el sentido inverso camina el trabajo pastoral de la Iglesia dentro de las Fuerzas Armadas.

Pese a la controversia con el ya retirado monseñor Antonio Baseotto, el obispado castrense funcionó sin complicaciones mayores. Incluso en los días de mayor tensión con la Santa Sede por el caso de Alberto Iribarne, en el Edificio Libertador, los principales generales asistieron a la misa del Miércoles de Ceniza. No se piensa que el teniente general Roberto Bendini quisiese dar así un gesto contrario al Gobierno, sino que simplemente se mantuvieron las acciones eclesiásticas dentro de las guarniciones. El obispado castrense no es hoy una sede impedida.

Sí, en los últimos dos años hubo una serie de pedidos menores, como acortar el tiempo de las bendiciones en los actos militares y restringirlas a mensajes religiosos, o bien evitar la presencia de Baseotto en ceremonias con autoridades civiles presentes, pero nada que resultase una prohibición de la religión en la diócesis militar.

Avanzar en la desarticulación del obispado castrense generaría una crisis superior con la Iglesia. Un hecho concreto impediría la ayuda espiritual a las tropas y con eso se escalaría el conflicto: las misiones de paz internacionales cuentan con capellanes militares; si se los quita, los soldados no tendrían con quien cumplir sus deberes religiosos.

La idea de la Casa Rosada es que el militar que quiera ir a la Iglesia pueda hacerlo fuera de los regimientos. No siempre es así, y por eso existen los ordinariatos castrenses. ¿Se arrancarán los altares consagrados en todas las guarniciones?

En 1986, el papa Juan Pablo II dictó la constitución apostólica Spirituali Militum Curae, que determina la necesidad de asistir de manera especial a los militares "por las particularidades de su trabajo".

El papa Benedicto XVI sostuvo esa posición durante una reunión en octubre de 2006 con los vicarios castrenses del mundo. En pocas palabras, para el Vaticano, el párroco del barrio no puede ocuparse de estos feligreses.

Alemania, España, Francia, Gran Bretaña, Italia y Bélgica son algunos de los 37 países que cuentan con ordinariatos castrenses.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Politica

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.