Un tablero judicial que se complicó en 12 días

Hugo Alconada Mon
(0)
5 de marzo de 2015  

Alejandro Vandenbroele no imaginó jamás que afrontaría el panorama judicial que hoy padece. Detenido en una celda sin luz natural desde el viernes 20 de febrero, la Cámara Federal porteña confirmó su procesamiento por su presunto rol en el caso Ciccone. Y afronta tres citaciones a indagatoria simultáneas en la Argentina y en Uruguay, que reclama su inmediata extradición.

Pero sus problemas no comenzaron ahora. Tampoco cuando estalló el caso Ciccone, en febrero de 2012. Su suerte empezó a cambiar hace casi seis años, cuando se reconectó con José María Núñez Carmona, el ex novio de una prima suya de Mar del Plata que ensayaba múltiples negocios de la mano de su íntimo amigo y socio, Amado Boudou, por entonces ministro de Economía.

Vandenbroele se sumó entonces como "operativo", mezcla entre abogado y gestor, a esos proyectos de "Nariga". Juntos movieron dinero dentro y fuera del país; juntos contactaron al gobierno de Formosa; y juntos se involucraron en la resurrección de la ex Ciccone.

Los dos años siguientes a su reencuentro con Núñez Carmona se asemejaron a un sueño. Vandenbroele pasó a presidir la máquina de hacer billetes de $ 100 de la Argentina, mientras Núñez Carmona viajaba por el mundo y Boudou asumía como vicepresidente.

Con el estallido del caso Ciccone, sin embargo, el sueño expiró. Las operatorias cuestionables empezaron a salir a la luz. Como los $ 7,8 millones que The Old Fund embolsó por su supuesto rol en el canje de la deuda que el gobierno de Formosa negoció con el Ministerio de Economía -es decir, con Boudou-, como reveló LA NACION en agosto de 2012.

Ahora, el juez federal Sebastián Casanello quiere indagarlo para saber cómo fue esa operatoria, quiénes cobraron y cuál fue el destino final de esos millones que, convertidos a dólares, Vandenbroele cobró por ventanilla y se llevó en bolsos.

A Casanello se suma el juez en lo penal tributario Javier López Biscayart. A pedido de la AFIP, citó a indagatoria a Vandenbroele por la presunta apropiación indebida del pago de los aportes de los trabajadores de la ex Ciccone.

En la otra orilla del Río de la Plata, en tanto, lo espera el juez contra el crimen organizado Néstor Valetti. Quiere interrogarlo por las sospechas de lavado a raíz de los dólares que movió de Montevideo a Buenos Aires para financiar la resurrección de la imprenta, como también reveló LA NACION.

Ante semejante tablero, junto a Vandenbroele ensayan una hipótesis: "Todo esto es funcional al Gobierno. Porque Boudou le sirve de pararrayos a la Presidenta y distrae la atención de otros temas", argumentan. "Y Alejandro es un perejil en esta historia. Lo mantienen detenido desde hace doce días por riesgo de fuga. ¿Adónde puede fugarse si tiene pedido de captura internacional?", plantean.

Otra forma de ver lo que ocurre es menos benévola para Vandenbroele. Porque las dos citaciones locales, sumadas a su procesamiento en el caso Ciccone, pueden retrasar durante años su extradición a Uruguay. Aunque esa visión conlleva un costo insoslayable para el ex operativo de "Nariga". Porque Vandenbroele ya pasó 12 noches en una celda mendocina.

MÁS LEÍDAS DE Politica

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.