Una apuesta por la convertibilidad

Ante el FMI, el ministro de Economía tuvo que aceptar cambios en su estrategia
Jorge Oviedo
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10 de diciembre de 2001  

WASHINGTON.- La negociación encarada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) parece tener como resultado que el ministro de Economía, Domingo Cavallo, haya tenido que renunciar a alguna de sus banderas para poder sostener otras.

Su discurso de asunción por segunda vez como ministro de Economía, en marzo último, fue el final de la lógica de la persecución de la confianza de los prestamistas por la vía del equilibrio de las cuentas públicas.

Entonces, lanzó los planes de competitividad, en contra del discurso económico dominante de la última década. Costos fiscales, o mejor: subsidios para recuperar el crecimiento.

El problema es que el crecimiento no llegó, el crédito desapareció y en el medio fue puesta severamente en duda la propia convertibilidad.

Tampoco fueron aceptadas por los operadores y analistas la llamada "convertibilidad ampliada" y su factor de convergencia, que implica un impuesto a las importaciones para otorgar un subsidio a las exportaciones.

Pero como la Argentina tiene superávit comercial, el balance vuelve a ser un aumento del gasto y del déficit, que no hay dónde financiar.

Dolarización, puerta abierta

Antes que renunciar a la convertibilidad, Domingo Cavallo parece dispuesto, tras la reanudación de las negociaciones con el Fondo, a renunciar a estas otras invenciones suyas que ciertamente nunca tuvieron el grado de aceptación que alguna vez generó el esquema monetario y cambiario vigente.

El ministro también ha dejado la puerta abierta para la dolarización sin tener que decretar abiertamente la muerte de la convertibilidad y la desaparición del peso.

Insiste, como lo hizo durante el fin de semana ante el FMI en Washington, en que la única dolarización posible es si los argentinos deciden canjear todos los pesos por dólares y que, a partir de allí, hasta las transacciones más insignificantes se concreten en la moneda de los Estados Unidos. Algo para lo que hay enormes problemas prácticos.

Del otro lado, la cúpula del FMI parece haber advertido que entre planes de competitividad, moratoria, pago de impuestos y de créditos bancarios con bonos, las empresas han tenido muchos beneficios o ayudas o subsidios, o como se elija llamarlos en una economía cuya recaudación llega a caer el 12 por ciento en un mes.

La lectura es que la recesión tiene parte de la culpa, pero los planes de estímulo la multiplican. El consumo cae menos de la mitad de lo que cae la recaudación del impuesto al valor agregado (IVA), argumentan como prueba.

Si esto es así y las empresas han logrado compensaciones por otra vía, perder parte de los beneficios no debería ocasionar demasiados problemas.

En el Fondo Monetario toman nota de que en el decreto en que Domingo Cavallo restringió los movimientos de dinero en efectivo también permitió a las empresas que estaban al día con los bancos -no al borde de la quiebra- pagar sus deudas crediticias con depreciadísimos títulos públicos. A condición de estar al día con la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), por cierto.

El Gobierno parece decidido, incluso en el peor de los momentos, a no adoptar bajo ninguna circunstancia la "flotación" del peso, que nadie duda que traería de inmediato la cesación de pagos y una caída mucho peor del nivel de actividad.

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