Una clara señal de alerta

Adrián Ventura
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28 de septiembre de 2005  

La decisión de la Corte de reponer al juez Antonio Boggiano en su cargo tendrá un efecto limitado, porque hoy el Senado igualmente lo destituirá. Pero sí tiene un claro sentido institucional: para la Corte, la Cámara alta no puede suspender a un juez supremo sin fundamentos serios. En palabras de la propia Corte, la suspensión de un juez es "una cuestión de orden federal que exhibe trascendencia institucional en grado de relevante intensidad". Una redacción más recargada que la que es de uso y más significativa.

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Ayer, una mayoría de cinco conjueces sobre un total de nueve votó en favor de Boggiano. Para entender esta decisión hay varios aspectos por tener en cuenta. Primero, que el grupo de magistrados conjueces, presidentes de distintas cámaras federales del país, es muy heterogéneo.

El segundo punto es que Boggiano no hizo nada para obtener esa resolución y, cuando le comunicaron el fallo, fue el primer sorprendido.

El tercer aspecto tiene que ver con los entretelones de la decisión. En la sentencia no se expresan fundamentos, sino tan sólo el fallo.

Pero en el secreto del salón de acuerdos, las opiniones mayoritarias oscilaron entre los jueces que no le reconocen al Senado atribución de suspender a un magistrado supremo y los que sí le reconocen esa facultad, pero en tanto que el Senado se exprese con fundamentos suficientes.

Y esto último, para la mayoría de la Corte, no ocurrió. Una suspensión arbitraria no es admisible; mucho menos, actuar en las inmediaciones de un proceso electoral, evaluó un juez.

Algunos conjueces expresaron sus reparos por el hecho de que los senadores no parecían estar actuando de modo imparcial y alguno puso en blanco sobre negro algo que, por obvio, no es menos cierto: quien lideró el proceso de destitución de Boggiano fue la senadora Cristina Fernández de Kirchner, esposa del presidente Néstor Kirchner, quien en marzo de 2003, usando la cadena nacional de radio y televisión -algo que Kirchner nunca más volvió a hacer-, promovió el juicio político contra la Corte.

La senadora, igual que otros colegas suyos, debió excusarse. ¿Acaso podía esperarse que el Senado, en esas condiciones, pudiese actuar con un criterio independiente del sostenido por el Poder Ejecutivo?

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La Corte no llegó al punto de prohibir que el Senado remueva al juez. Pero lo cierto es que la Cámara alta, hoy, no destituirá a un juez suspendido, sino a uno que, formalmente, fue repuesto en sus funciones.

Los continuos desaguisados de la política argentina, por cierto, hacen soportable cualquier costo político. Pero aun los juristas que no defienden a Boggiano entienden que destituir a un juez recién repuesto en su cargo no es el mejor precedente que puede generar el Senado.

Boggiano planteará hoy ante el Senado que los legisladores deben excusarse y, si lo remueven, llevará su caso a los tribunales internacionales.

En el Poder Ejecutivo se mostraban desafiantes: "Su tiempo para renunciar ya pasó. Será destituido", dijo un ministro del Gobierno.

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