Una decisión entre dudas y discusiones

Menem leyó su renuncia en 3 minutos
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15 de mayo de 2003  

LA RIOJA.- Carlos Menem no quería convencerse de lo que estaba a punto de hacer. "Voy a quedar como un cobarde", masculló, cabizbajo, ante unos pocos testigos que esperaban ver cómo actuaba ante las cámaras el mensaje que había corregido una y otra vez desde anteanoche.

Habían pasado las 16 de ayer y el hombre que dominó la política argentina de los últimos 14 años decidía poner fin de una vez a su candidatura presidencial, en una apuesta desesperada por retener poder frente al gobierno que encabezará uno de sus más grandes enemigos, Néstor Kirchner.

Tras una toma de prueba, el equipo publicitario que viajó hasta aquí para filmar el último aviso de la campaña menemista quedó conforme.

En tres minutos, el ex presidente anunció que su "renunciamiento" se debía a las "maniobras" de Eduardo Duhalde para suspender las elecciones internas del PJ y a una "sistemática campaña de calumnias" en su contra.

Y, además, se permitió advertir a Kirchner. "Hoy, más que nunca, la Argentina requiere contar con un poder político imbuido de la más plena y transparente legitimidad democrática. Este objetivo no está garantizado", afirmó. Alberto Kohan, Juan Carlos Romero, Eduardo Bauzá, Eduardo Menem, Angel Maza, Rubén Marín, Ramón Hernández y el empresario Francisco De Narváez formaron el grupo que siguió la filmación. No todos creían que renunciar era la mejor salida.

Una vez que los casi 40 dirigentes que lo acompañaron en semejante día vieron el corto por circuito cerrado, Menem decidió anticiparse a la cuidada puesta en escena que saldría al aire en una especie de cadena nacional pasadas las 19.

"Que Kirchner se quede con su 22 por ciento; yo me quedo con mi pueblo. Gané la primera vuelta y me voy", gritó en los jardines de la residencia de los gobernadores de La Rioja, mientras periodistas de todo el país pugnaban por alcanzarlo con los micrófonos y un centenar de militantes se apretujaba para tocarlo como si fuera un profeta iluminado.

"Elección tramposa"

El anuncio tan esperado (y temido) se cumplía de la forma más desprolija, con frases sueltas y hasta inconexas, que el país completo intentaba descifrar, tras dos días de incertidumbre.

"No están dadas las condiciones para una segunda vuelta. Era una elección tramposa", se justificó. "Había dos fórmulas, una la de un integrante del montonerismo y otra, la mía, que combatí a los montoneros", agregó.

No hubo referencias al triunfalismo que semanas atrás lo llevaba a pronosticar un triunfo arrasador ni a sus últimas declaraciones, en las que juraba que "sólo un borracho" podría pensar que abandonaría la candidatura.

Ni una línea de autocrítica se coló en esa arenga ni en el texto que luego se difundiría por TV, cuya base redactó Jorge Castro, el periodista que soñaba con ser canciller.

Sólo si un candidato no peronista hubiera llegado al ballottage la elección habría sido válida, intentó explicar Menem.

En realidad, el motivo fue la presión ejercida por los líderes menemistas con peso territorial, que consideraban la derrota catastrófica que pronosticaban las encuestas como el primer paso hacia la extinción de su poder.

Menem llegó a La Rioja a las 9.25, en un jet de la gobernación de Salta junto con Kohan, Bauzá, Hernández, Maza y su médico, Alejandro Tfeli.

La decisión de desistir del ballottage estaba tomada, pero Menem mantenía un debate consigo mismo. Kohan y Bauzá (tantas veces enfrentados) le pedían que continuara. Maza quería lo contrario.

Cuando llegó a la residencia oficial, un grupito de seguidores lo aplaudía a rabiar desde la calle. "No los voy a defraudar", les gritó.

Enseguida empezó una maratón de reuniones, de las que Menem entraba y salía, buscaba argumentos para sostener la renuncia y ninguno lo convencía. Lucía abatido y le brillaban los ojos más de lo normal, relató a LA NACION un ex funcionario.

"No sé si puedo hacerlo. Qué va a decir la gente", le comentó a Romero, cuando el candidato a vicepresidente llegó desde Buenos Aires en un chárter en el que volaron De Narváez, Castro y los técnicos que iban a integrar el gabinete si Menem ganaba. Menos el economista Carlos Melconian, que ni viajó.

Se sumaron Luis Patti, el ex senador Alberto Tell y varios diputados.

Un equipo de publicistas de la agencia Walter Thompson descargaba cámaras de una combi gris. En la residencia aseguraban que quien manejaba la estrategia desde Buenos Aires era Ramiro Agulla (ex asesor de Fernando de la Rúa), pese a que él lo negó.

Las reuniones hicieron explotar fuertes discusiones. Romero opinaba que seguir no le hacía bien a nadie, ni siquiera a Kirchner. Kohan llegó a los gritos para defender la postura contraria, según testigos. De Narváez expuso la teoría más equilibrada sobre la responsabilidad que le cabía a Menem. Los técnicos se sentían "traicionados".

Menem dudaba. Lo llamó Carlos Reutemann y le reiteró que ya no podría mantener su prescindencia, confió una fuente inobjetable. Más tarde, lo haría Adolfo Rodríguez Saá.

"Vamos a comer", dijo Menem al mediodía y una caravana partió hacia la casa del empresario Pedro Nash, que los agasajó con un cabrito. Al rato, se cortó la incertidumbre. "Bueno, listo, hay que grabar", anunció Menem y vuelta a la residencia de los gobernadores.

No había tiempo para más. Los dirigentes menemistas esperaban ansiosos la hora de irse. Algunos serios; otros, ocultando las lágrimas.

Nubes negras y bajas escondían los picos de los cerros y pintaban un escenario lúgubre para los 50 o 60 militantes que, en la calle, aún se esperanzaban con que todo fuera "un invento de la prensa porteña".

Iban a despertar pronto, con otra promesa de Menem: "Me voy a Chile y el lunes vuelvo al trabajo. Nunca los abandonaré", les juró mientras se las arreglaba para reingresar en la casa y encerrarse solo a meditar su mayor fracaso político.

"Lamentable"

  • CORDOBA.- El gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, calificó de "lamentable" la decisión de Carlos Menem de no competir en el ballottage y anticipó que Néstor Kirchner puede contar con "todo" su apoyo. "Como argentino quiero trabajar para que tengamos una institucionalidad fuerte, para que respaldemos al gobierno surgido de la voluntad popular", dijo el mandatario provincial en declaraciones periodísticas. "Hay que buscar consensos -añadió- y voy a trabajar para apoyar las instituciones."
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