Una designación que la dejará fuera de la carrera por el Nobel

La número dos del FMI será la encargada de negociar con la Argentina; la diplomacia no es una de sus virtudes
Jorge Rosales
(0)
28 de enero de 2002  

WASHINGTON.- Fiel militante del ala más conservadora del Partido Republicano del presidente George W. Bush, Anne Krueger, número dos del Fondo Monetario Internacional, es considerada una dura entre los duros. De esto sabe y mucho Domingo Cavallo. Con él mantuvo fuertes discusiones el año último cuando el ex ministro defendía contra la corriente la vigencia de la convertibilidad y la funcionaria del FMI argumentaba sin piedad que el camino inevitable para la Argentina era una devaluación.

La diplomacia no es su virtud, reconocen economistas que han trabajado con ella. Pero sí su altísimo nivel académico, que a los 67 años la coloca en el selecto grupo de no más de cinco o seis máximos especialistas en comercio en el mundo.

"Es una señora muy agradable, pero muy dura a la hora de negociar. No se la puede llevar por delante", comentó a LA NACION un economista que la trata con frecuencia.

Es considerada una de las mejores especialistas en teoría de comercio mundial y, por su cuna republicana, una reconocida defensora del libre mercado y acérrima enemiga del proteccionismo.

La convocatoria para ocupar la silla que dejaba vacía Stanley Fischer en el FMI le interrumpe una carrera con posibilidades serias de acceder al Premio Nobel de Economía. "La sociedad en busca de la renta", uno de sus trabajos más destacados, en el que demuestra todos los mecanismo de protección y cómo afectan al comercio, la colocó en carrera por el Nobel de Economía.

Cuando fue llamada por Horst Köhler con el guiño del Tesoro de los Estados Unidos era profesora en la Universidad de Stanford, y directora del Centro de Investigaciones sobre Desarrollo Económico y Reformas Políticas de esa casa de estudios, e investigadora principal en la Hoover Institution.

Krueger, doctora en Economía en la Universidad de Wisconsin, fue profesora de la Universidad de Minnesota y de la Universidad Duke, y entre 1982 y 1986 ocupó la vicepresidencia del Banco Mundial, a cargo de Economía e investigaciones. Esos años fueron los de la crisis de la deuda, cuando México suspendió el pago de sus obligaciones precipitando una debacle en los países más endeudados de América latina como la Argentina.

Títulos no le faltaban para llegar adonde llegó. Pero fue su alma republicana la que la terminó colocando en el FMI, convirtiéndola en la primera mujer en ocupar un puesto ejecutivo en el organismo internacional fundado en 1946.

El cambio en la administración norteamericana hacía inevitable también una modificación en la representación de ese país en el Fondo. La llegada de Bush a la Casa Blanca marcó un endurecimiento en la estrategia del Tesoro frente a las crisis financieras de los países emergentes. Y, como era previsible, chocó con la postura de asistir con grandes paquetes financieros a los países con problemas que había sostenido el Fondo e impulsado Fischer, alentado por los ex secretarios del Tesoro Robert Rubin y Lawrence Summers en la era Clinton.

No había discusión en Washington acerca de que el ciclo de Fischer en el organismo, que había sido puesto por la administración demócrata, había terminado. Pero la nominación de Krueger en el Fondo fue una sorpresa. Desde septiembre de 2001 ocupa el estratégico puesto de subgerente del FMI.

Dos alumnos argentinos

La Argentina no es un país desconocido para Krueger. No sólo porque la salida que se aplique para superar la crisis financiera será un caso testigo para la política futura del Fondo que ella diseña, sino porque dos de los economistas que la tuvieron como tutora de tesis en la Universidad de Minnesota eran argentinos. Uno de ellos fue José Luis Machinea, que llegó a ocupar los dos máximos cargos en la economía del país: presidente del Banco Central en el gobierno de Raúl Alfonsín y ministro de Economía de Fernando de la Rúa. El tipo de cambio fue su tesis en 1982, con la que obtuvo el máster en economía.

El otro argentino fue Julio Nogués, a finales de la década de 1970, con un trabajo sobre proteccionismo. Nogués fue director del Banco Mundial durante el gobierno de Carlos Menem y subsecretario de Comercio Internacional en la administración de De la Rúa con Cavallo como ministro.

Quienes han seguido su trayectoria pública y académica sostienen que siempre ha sido muy coherente en sus duras críticas contra el proteccionismo y el cierre de las economías en los países en desarrollo. Ha escrito artículos muy severos contra la protección de los Estados Unidos a su industria, especialmente la del acero, en la que ha llegado a sostener que se aplicaba una "protección espantosa".

Esto le valió una cerrada reacción del senador demócrata Jay Rockefeller cuando el presidente Bush le ofreció trabajar en la Casa Blanca en el consejo de asesores económicos. "Es enemiga de la industria norteamericana, especialmente de la del acero", escribió Rockefeller en una carta dirigida a Bush en abril de 2001.

Esto no hizo mella en la decisión del presidente republicano de tenerla en su equipo. Meses más tarde, la llevó al FMI. Desde su puesto impulsa un mecanismo de bancarrota en escala mundial para aplicar en los países que entren en cesación de pagos, como la Argentina, y otorgarles un período de gracia para ayudarlos a renegociar sus deudas con los acreedores de manera amigable.

Pero esto no es gratuito. "Los países, como las empresas y los individuos, deberían honrar sus deudas y sufrir cuando no lo hacen", escribió Krueger en una reciente publicación. Es por lo que pasa hoy la Argentina. Es la línea que de aquí en adelante esgrimirá el Fondo de su mano: los países fuertemente endeudados que son incapaces de aplicar rigurosas políticas fiscales no deben recibir asistencia del FMI para cumplir con los acreedores que les han prestado a tasas altísimas. Y que una mala experiencia enseñará a los prestamistas que deben asumir sus propios riesgos si especulan con los países en problemas.

Anne Krueger será la cara en el Fondo de esta nueva filosofía. Con ella deberá negociar en pocas semanas más el ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, el programa económico y un nuevo paquete de ayuda financiera.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?