Una larga historia de desencuentros

El país ingresó en el FMI hace casi 50 años y todos los gobiernos tuvieron altibajos en la relación
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16 de diciembre de 2005  

La Argentina entró en el Fondo Monetario Internacional (FMI) en 1956, cuando el organismo ya llevaba doce años de funcionamiento. A pesar de haber ingresado tarde, se puso rápidamente a la cabeza del grupo de países que más veces solicitaron ayudas financieras al organismo.

A poco de ingresar, la Argentina recibió el primer auxilio económico para avanzar en un plan de liberalización de la economía. Entre fines de 1958 y 1959 se acordó entre el gobierno de Arturo Frondizi y el FMI un programa con un fuerte componente antiinflacionario.

Otro hito en la relación se produjo en 1976, cuando el ministro de Economía era José Alfredo Martínez de Hoz y se firmó un acuerdo que buscaba estabilizar la macroeconomía y aumentar la apertura comercial.

En 1981 se sucedieron los ministerios de Martínez de Hoz y de Lorenzo Sigaut. El país entró en una crisis financiera y llegó a la virtual cesación de pagos con el FMI.

En 1982 hubo un nuevo acuerdo tras la Guerra de las Malvinas y el Fondo otorgó ayuda para ordenar en lo económico la salida de los militares del gobierno y la vuelta de la democracia.

Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, Bernardo Grinspun trató de ajustar los pagos de acuerdo con los recursos disponibles. El acuerdo no fue posible y lo sucedió Juan Vital Sourrouille, que en 1985 consiguió un nuevo préstamo y el respaldo del FMI al plan Austral, primero, y al plan Primavera, dos años después.

La hiperinflación que se desató en 1989 marcó el fin del gobierno de Alfonsín y la llegada de Carlos Menem a la presidencia. En 1990 se reanudaron las negociaciones con el Fondo, en el marco de la discusión internacional del plan Brady, diseñado para aliviar a los países endeudados.

El Fondo aprobó las reformas que implantaron la liberalización y la apertura económica tras la privatización de empresas de servicios públicos.

Aunque no estuvo de acuerdo con la convertibilidad, lanzada en abril de 1991, el FMI terminó apoyándola y en 1992 le otorgó al país un acuerdo de facilidades extendidas.

Durante el gobierno de Fernando De la Rúa, el país obtuvo un "blindaje" financiero por 40.000 millones de dólares y logró dos acuerdos con bonistas privados, conocidos como "megacanjes", en junio y en noviembre de 2001.

Tras la caída de De la Rúa y en su fugaz paso por la presidencia, Adolfo Rodríguez Saá anunció frente al Congreso la cesación de pagos de la deuda. Lo aplaudieron de pie, pero él se fue enseguida.

Tras vivir sin el Fondo durante un año, en enero de 2003 la Argentina presidida por Eduardo Duhalde acordó con el FMI un programa de reprogramación de la deuda por US$ 16.112 millones y el directorio confirmó el acuerdo hasta septiembre.

El 25 de mayo, Néstor Kirchner asumió como presidente y declaró que "no se volverá a pagar la deuda con el hambre de los argentinos".

En julio, el Fondo analizó su papel durante la crisis argentina, en un intento de limpiar sus culpas.

En septiembre se firmó un nuevo acuerdo de refinanciamiento a tres años de una deuda por 17.922 millones de dólares. Además, la Argentina lanzó el canje de la deuda privada.

Desde principios del año pasado y hasta hace pocos días, el Gobierno reclamó en todos los foros posibles que el Fondo dejara de lado sus exigencias y otorgase una refinanciación de los vencimientos sin hacer un acuerdo formal con el organismo.

Desafiando a la mala suerte, el martes 13 Brasil anunció que cancelará a fines de mes su deuda de US$ 15.500 millones con el FMI. La decisión de Lula da Silva fue aplaudida por el director gerente del FMI, Rodrigo de Rato, quien llamó a los países emergentes, entre ellos, la Argentina, a seguir el ejemplo.

Cuarenta y ocho horas más tarde, el presidente Kirchner anunció frente a su gabinete, a intendentes y a líderes de organizaciones de derechos humanos que la Argentina cancelará toda la deuda con el Fondo. También lo aplaudieron de pie.

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