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Una lógica puesta a prueba

Oliver Galak
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3 de enero de 2007  

Hace tres semanas fue el primer ensayo. Contrataron varios ómnibus, prepararon un documento, trajeron una murga y por primera vez llevaron su reclamo hasta las puertas de la Casa Rosada. Todo muy organizado, todo muy colorido: la cara más simpática de la protesta ambientalista de Gualeguaychú había llegado a la Capital Federal, la vidriera nacional.

Consiguieron repercusión en los medios, pero no mucho más. Los porteños los miraron, escucharon su protesta, pero no la vivieron en carne propia. El Gobierno no endureció su postura y hasta dejó trascender que podría flexibilizarla, como forma de preparar el terreno para una solución proveniente de Madrid que nunca -hasta ahora- se materializó. Había que redoblar la apuesta y la idea surgió del grupo más radicalizado de la asamblea: llevar no sólo el reclamo contra las papeleras, sino también los cortes a Buenos Aires. La medida se completará con bloqueos en los otros puentes entrerrianos, una forma de llevar al terreno el deseo simbólico de romper el contacto con Uruguay.

* * *

Un bloqueo sorpresivo a la terminal de Buquebús acelerará los tiempos políticos de todos los actores como nunca hasta ahora desde que el conflicto con Uruguay comenzó hace tres años. Ni los asambleístas ni el Gobierno podrían soportar frente a la terminal de Buquebús una medida de largo aliento como la que hace 44 días ejercen en el puente a Fray Bentos.

En temporada alta, más de 5000 personas por día cruzan el Río de la Plata en esas embarcaciones. Programan su viaje con semanas -sino meses- de anticipación y no tienen la opción de hacer unos cientos de kilómetros más hasta los puentes alternativos de Colón o de Concordia. Pero lo peor es el cóctel explosivo que significa una masa de turistas que podría encontrarse cara a cara, con los militantes anti-Botnia. Hasta ahora, los asambleístas cortaban la ruta en Arroyo Verde, a varios kilómetros del punto donde la Gendarmería hace el trabajo ingrato de desviar los vehículos y les evita a los manifestantes el mal trago de tener que verles las cara a las víctimas del bloqueo.

El Gobierno ya prometió, por medio del ministro Aníbal Fernández, que la Prefectura garantizará la "libre circulación". Hasta ahora, esas palabras no mellaron la voluntad de los asambleístas. Ellos argumentan que todo lo que consiguieron fue gracias a los cortes. Habrá que ver si esa misma lógica también funciona en el puerto de Buenos Aires.

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