Una medida que sorprendió a los militares

Por María Elena Polack De la Redacción de LA NACION
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24 de mayo de 2003  

"Lo único que falta es que, para demostrar poder, Néstor Kirchner intente que el cura de Río Gallegos se convierta en Papa."

Con una ironía que no disimuló su disgusto, una inobjetable fuente militar dijo que no podía explicar "sensatamente" las razones que habrían llevado al presidente electo a efectuar la purga castrense más profunda de la historia desde el retorno de la democracia.

La noticia cayó como un sorpresivo misil en las cúpulas militares, cuyos integrantes creían hasta ayer por la tarde que iban a permanecer en sus puestos hasta octubre o diciembre próximo, cuando cumplieran sus cuatro años en funciones, y que los cambios que se producirían no modificarían demasiado el tablero militar.

Los tenientes generales Juan Carlos Mugnolo (Estado Mayor Conjunto) y Ricardo Brinzoni (Ejército), el almirante Joaquín Stella (Armada) y el brigadier general Walter Barbero (Fuerza Aérea) asumieron sus cargos en diciembre de 1999, durante la gestión de Fernando de la Rúa al que vieron partir de la Casa Rosada antes de concluir su mandato. También como espectadores siguieron las alternativas de los cambios presidenciales que se produjeron en diciembre de 2001. Acompañaron con igual profesionalismo a Adolfo Rodríguez Saá y al propio Eduardo Duhalde, que mañana dejará el sillón de Rivadavia.

"Así no se manejan las instituciones", expresó con inquietud un militar retirado que recordó a LA NACION que "ni siquiera se miden los costos presupuestarios que se afrontarán, tanto por lo que significa económicamente formar un general como lo que implicará recuperar el 75 por ciento del generalato que pasará a retiro".

"Hemos dado muestras de trabajo mancomunado con el Gobierno y nos han respondido con señales de desconfianza y de desconocimiento", atinó a definir una calificada fuente de la Armada, que evitó analizar las razones por las cuales Kirchner habría tomado tamaña decisión.

También los oficiales consultados de todas las fuerzas rechazaron hacer comentarios sobre los eventuales nuevos jefes. Sólo tuvieron palabras de elogio por sus cualidades personales y profesionales. Los más enojados consideraron que "no sería justo que, porque un general ahora tenga de amigo a un presidente, las cúpulas se conviertan en cargos políticos. No es una buena señal de respeto constitucional".

La inminencia de la remoción no es la única preocupación de las Fuerzas Armadas. También lo es la futura relación con José Pampuro, que mañana asumirá el Ministerio de Defensa. Los voceros consultados entendieron que el futuro titular de la cartera aún no ha encontrado "la sintonía fina" con Kirchner.

"Una cosa es que Duhalde decida asumir costos políticos para beneficiar la gestión de Kirchner como pudieron ser los indultos a Gorriarán Merlo y a Seineldín, y otra muy distinta es exponer a funcionarios que continuarán en el gabinete nacional", reflexionó un oficial de alta graduación.

Durante la campaña electoral, Kirchner nunca develó su programa de defensa, por eso es que la elección de Pampuro llevó tranquilidad al sector, por cuanto supo establecer vínculos con distintos militares durante la gestión de Eduardo Duhalde.

A tal punto es desconocida la postura de Kirchner en la materia que, contrariamente a lo que sucede en el resto de los ministerios, el gabinete de Pampuro estará conformado sólo por hombres de su confianza. Anoche se confirmó que el vicejefe de Gabinete de Duhalde, Julián Domínguez, asumirá la Secretaría de Asuntos Militares. José Romero, subsecretario general de la Presidencia, se hará cargo de la Secretaría de Planeamiento Estratégico que maneja buena parte del presupuesto castrense, Rodolfo Herms será el subsecretario administrativo.

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