Una modalidad que golpeó el esquema de respuesta oficial a las protestas

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
Durante meses, el Gobierno dejó que los piquetes canalizaran el mal humor social Hasta los nuevos saqueos en el interior, las autoridades veían un costado positivo en los cortes de ruta Incluso eran previsibles los anteriores pedidos de comida de los piqueteros
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19 de diciembre de 2001  

La protesta social parecía contenida incluso en sus manifestaciones públicas más duras, como los cortes de ruta. El Gobierno, lo que incluye a las fuerzas de seguridad, tomó este año los piquetes como una válvula de escape para el descontento. Cuatro o cinco interrupciones de tránsito diarias es el promedio. Al entenderlos como una buena manera de encauzar controladamente el mal humor popular se los dejó multiplicarse.

Ayer, por caso, hubo diez piquetes en Buenos Aires, Entre Ríos, Tucumán y Jujuy que pasaron inadvertidos. Los saqueos a supermercados dieron una alarma diferente.

Los piquetes tienen referentes conocidos y con tendencia a la negociación. Se sabe cuándo empiezan y cuándo terminan. El miedo de los funcionarios de seguridad es que los saqueos no tienen esa previsibilidad.

La izquierda política que está cerca de los piqueteros pidió a su gente que ni se acerque a los supermercados. La Corriente Clasista y Combativa, que hace meses tomó la decisión de plantar a los piqueteros en la puerta de los mercados para reclamar alimentos por presión, tampoco aparece está vez al frente de los sucesos. Pero alguien azuzó el fuego de los manifestantes de Concordia, Mendoza y Rosario, razonan quienes tienen partes diarios sobre la situación social del país. No tienen respuesta a quién está detrás.

Un dato no menor es que en los lugares del interior en los que se generaron los problemas es muy escaso el movimiento piquetero. Aunque algunos informes reservados de seguridad apuntan a observar en las próximas 48 horas a la CCC de Jujuy.

El Gobierno reaccionó con promesas de reparto de comida en los focos de incidentes. Se haría mediante organizaciones no gubernamentales y no frente a los supermercados. Se busca evitar que quede en la memoria la entrega de alimentos por presión. Hasta anoche, ningún avión salió con la carga de alimentos.

La administración De la Rúa también repitió el esquema de respuesta que aplicó durante el año: si no hay intervención de un juez federal, el compromiso deben resolverlo las autoridades locales. Por eso ni siquiera hubo amagos de enviar a la Gendarmería a las ciudades en conflicto. El problema quedó en evidencia varias veces en estos meses, es que las policías locales no siempre están preparadas, con medios y mentalmente, para enfrentar estos casos y su participación inadecuada puede aumentar la tensión en la zona.

Un caso para tener en cuenta

Concordia puede tomarse como el caso piloto de una protesta de fin de año. El municipio, la provincia y la Nación se cruzaron acusaciones sobre en qué eslabón quedaron bloqueados fondos asistenciales. Mientras eso ocurría, la producción local de citrus pasa por un mal momento, un número importante de pobladores acostumbrados al clientelismo político ve cortadas sus dádivas y la clase media sufre la restricción monetaria y cancela de golpe sus "contratos" de changas. Se suman las protestas de pueblos vecinos que elevan la presión.

Sobre la ruta nacional 14, unos 150 camiones armaron ayer tres piquetes en los accesos a Concordia en reclamo del piquete en Chajarí que impide su trabajo. El mal humor social en aumento vio en Concordia saqueos concretos de supermercados, no pedidos de comida como en otros lugares.

En el cercano Chajarí, unos 500 camiones y buena parte de la población, de todos los niveles sociales, se instalaron sobre la ruta nacional 14 con una inicial protesta por el incremento del gasoil, pero que empieza a derivar en otros reclamos.

Otro foco complejo se prepara en Río Negro, donde los productores empiezan a exigir el pago del compromiso de once millones en subsidios asumido por el Gobierno y la provincia cuando se negoció para liberar las rutas rionegrinas, tomadas completamente en agosto último.

De estos conflictos reseñados, los activos hoy presentan escasas posibilidades de explotar aquellos que cuentan con referentes con quienes el Gobierno pueda negociar. Para las fuerzas de seguridad hay poco espacio para que suceda otro Mosconi, tomándose a ese pueblo salteño como hito de una violencia desmedida.

Las diferencias entre los tres actores centrales de protesta, los gremios, los piqueteros organizados y los productores dieron tranquilidad durante mucho tiempo a los funcionarios de la seguridad interior. No hubo durante meses nada fuera de la previsión oficial en las manifestaciones. Ni siquiera los pedidos por alimentos que forzaban los desocupados delante de supermercados desde octubre, sin cámaras de TV que los potenciase.

Los saqueos no avisados despertaron al Gobierno.

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