Una parodia de control

Por Delia M. Ferreira Rubio* Especial para lanacion.com
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30 de diciembre de 2009  • 03:04

Ética, transparencia y control son tres herramientas fundamentales en la lucha contra la corrupción. Cuando la integridad personal de los funcionarios no alcanza, se recurre a reglas de ética pública que les recuerdan cuáles son sus deberes. Para reforzar la posibilidad de escrutinio público y disuadir a los funcionarios frente a la tentación de usar su posición o los recursos públicos en beneficio personal, se establecen reglas de transparencia. Por si todo esto falla se crean controles, que deben ser independientes, tener competencia y capacidad.

En la Argentina el ciclo completo de lucha contra la corrupción presenta fallas. Funcionarios que no entienden que son servidores públicos y no los dueños de una nación, que tienen negocios particulares con contratistas del Estado y que utilizan los recursos públicos en beneficio personal; transparencia restringida, información manipulada y controles "controlados" que avalan todo lo anterior.

Un balance puede ser correcto, desde el punto de vista contable, si los números "cierran" y hay documentos que los respalden. Pero la transparencia como herramienta contra la corrupción no es un mero ejercicio matemático o contable.

La lucha contra la corrupción exige averiguar la veracidad de los números y los documentos para saber qué hay detrás. Por ejemplo, la Presidenta y su esposo informan que han cobrado alquileres increíbles por algunos inmuebles, los alquileres han subido de manera absolutamente desproporcionada, algunos de los locatarios tienen otros negocios con el gobierno. Hubiera correspondido revisar la cuentas y declaraciones fiscales de los locatarios para ver si coincidían con la declaración patrimonial de los Kirchner; habría que haber investigado o denunciado si había negociaciones incompatibles con la función pública; podría haberse comprobado si los siderales intereses que reciben los Kirchner por sus depósitos son los mismos que recibe cualquier otro ciudadano o si son un privilegio por la función que ocupan.

Que se abra un expediente, que actúe la Oficina Anticorrupción, que se inicie un proceso judicial, que intervenga un fiscal, que decida un juez no es suficiente para decir que hay control.

Nadie puede controlar si no es independiente de aquellos a quienes tiene que controlar. No puede haber control sin una investigación seria que trascienda los propios dichos de los investigados.

En Argentina no existe el control, sino una parodia de control: una imitación burlesca de la lucha contra la corrupción.

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