Una política que persigue adoctrinar y militarizar

Antonio Pasquali Para LA NACION
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29 de marzo de 2011  

CARACAS.- La historia avanza rauda y, más temprano que tarde, la Universidad Nacional de La Plata se avergonzará de haber concedido un título de buen comunicador a Hugo Chávez Frías, el autócrata venezolano que está asfixiando, lenta pero certeramente, la libertad de expresión de su país.

Toda la actividad en Educación, Cultura y Comunicaciones del gobierno chavista persigue hoy el adoctrinamiento al comunismo y la paulatina militarización de la sociedad venezolana, y las agresiones a la autonomía universitaria son incesantes.

Chávez se yergue hoy como el inventor de un demoledor despotismo comunicacional que persigue una hegemonía en que sólo resuene la voz del amo, en abierta violación de su propia Constitución de 1999, que define la comunicación como libre y plural, concede a todos el uso de cualquier forma de comunicación sin censura y declara el derecho a estar informados intangible incluso en estados de excepción.

Heredó un casi insignificante "servicio público" de radiotelevisión y lo convirtió en una enorme maquinaria multimedial (en parte, con emisoras confiscadas y equipos robados), hoy dedicada a tiempo completo a propagandear la ideología castro-comunista de su peculiar socialismo; pero como el alcance de tales medios es casi nulo (sólo llega al 4%), Chávez persigue suplir tal carencia mediante:

a) Un acoso permanente a medios que considera más incidentes que otros y que disienten de la doctrina oficial: en los últimos ocho años, respetadas ONG contabilizaron 1777 atentados gubernamentales a la libertad de expresión con ocho muertos, dos teleemisoras regionales más una nacional, y 36 radioemisoras clausuradas.

b) El fortalecimiento de medios comunitarios que sobreviven, prosperan y no son acosados sólo si difunden la ideología y las consignas del régimen. Todas las nuevas radios y teleemisoras comunitarias han sido contratadas por Chávez a la cubana Copextel, presidida por el ex jefe de seguridad y hoy superministro Ramiro Valdés.

c) La obligación que recae en todas las emisoras del país de "pasar a formar cadena", a veces durante ocho horas ininterrumpidas, otras hasta tres veces diarias, para retransmitir programación oficial. En menos de diez años, Chávez ha exigido "cadena" más de 2100 veces.

d) Las alocuciones del propio Chávez, que dejan cuantitativamente muy atrás a las del propio Fidel Castro: en casi doce años, Chávez ha hablado por radio y televisión por más de 4000 horas, a razón de 56 minutos diarios los 365 días del año, un grosero y patológico abuso de posición dominante.

La obsesión de Chávez por controlar el mensaje llega a silenciar a su propio gobierno: el Plan de Estrategia Comunicacional de 2007 eliminó las 27 oficinas de prensa de los ministerios, prohibiendo a todo funcionario público "emitir notas contrarias al discurso presidencial". En 2010 el neonato Centro de Estudios Situacionales de la Nación permite "declarar como reservada cualesquiera información pública" (ningún periodista de la oposición tiene acceso a fuentes públicas de información), mientras que la reforma de la llamada Ley Resorte aplica a todos los medios electrónicos las restricciones y controles antes aplicados a la radiotelevisión.

El autor fue subdirector general adjunto de Comunicación de la Unesco

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