Una prueba de fuego para Cristina, que se juega su cuota de poder

Archivado el sueño reeleccionista, la Presidenta expone la continuidad del modelo y su rol en los próximos dos años; en el Gobierno prevén anuncios para la segunda etapa de la campaña
Mariana Verón
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11 de agosto de 2013  

Dicen que le perdió el miedo a la derrota después de 2009 y que piensa que el tiempo hasta octubre consolidará a su candidato. Habla todos los días con Martín Insaurralde y comenzó a dialogar más seguido con Daniel Scioli, la otra espada que le sirvió para acercar a su delfín a un soñado empate.

Obligada por estrategia política a recostarse en el poder territorial del peronismo, Cristina Kirchner llega a las elecciones primarias con un ajustado resultado que definirá la aprobación o rechazo que cosecha su gobierno y su figura. "Nos jugamos la continuidad del modelo", reflejan en la Casa Rosada.

El Gobierno sueña con que el tiempo hasta octubre revertirá a su favor la adhesión que despierta su lista en la provincia de Buenos Aires, donde Cristina se jugó por sus incondicionales para mantener la hegemonía parlamentaria para los dos últimos años de su gestión.

Aunque será la gran electora, la Presidenta se guardó anuncios y una presencia más contundente para la segunda etapa de campaña. En el Gobierno creen que la economía volverá a darle un respiro al proyecto kirchnerista y que con un promedio de crecimiento del 5 por ciento anual, con picos de 7 en octubre, el voto se consolidará en los dos meses que quedan para la elección definitiva.

"Los números de la reactivación son alentadores y todavía no se anunció nada fuerte", especula un hombre cercano a Cristina sobre las posibilidades de que el Gobierno termine arrebatándole la victoria a Sergio Massa, el principal oponente de la Casa Rosada. Eso puertas afuera. Hacia dentro, reconocen que esta elección podría terminar por consolidar el voto en contra del Gobierno.

El cimbronazo en la quinta de Olivos por la candidatura del intendente de Tigre generó roces internos. Cristina se enojó por haber especulado hasta último momento con que el tigrense no se animaría a enfrentarla y, en algunos casos, hasta terminó retando a algún dirigente que le avisó, un día antes, de la movida massista. Recompuesta de la sorpresa inicial, compartió su lapicera con el peronismo más tradicional y ensayó un perdón a Scioli, que presionó con abandonarla.

La semana final se alejó definitivamente de la política electoral. La arrancó en Nueva York, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y la terminó en Rosario, en medio de la tragedia que la llevó a exponerse ante el desesperado dolor de los familiares de las víctimas. "Ahí salió la mejor Cristina", refuerza un hombre que estuvo detrás de la decisión de viajar para supervisar el operativo de rescate. "Es la única dirigente capaz de mostrarse en esa situación. Lo mejor que tenemos es mostrando trabajando", replican cerca de la Presidenta.

La Casa Rosada se concentrará en tres ejes discursivos a partir de mañana. Por un lado, la lectura del día después será resaltar que el kirchnerismo sigue siendo la fuerza política con mayor caudal de votos a nivel nacional, muy lejos del segundo puesto. Por otro lado, el conteo de bancas será clave para la estrategia oficial de sostener que la batalla es por el Congreso y que allí mejoró la magra cosecha de 2009. El tercer punto del discurso a partir del lunes se enfocará hacia Massa. Desde Balcarce 50 apuntarán a ubicarlo como parte de "la derecha peronista", y sostendrán que en octubre se juegan dos modelos de país. "La batalla es por el control del peronismo y Massa representa una alternativa por derecha de los poderes concentrados", analizó un funcionario de trato diario con la jefa del Estado.

Enterrada la re-reelección, un sueño imposible incluso repitiendo el arrasador triunfo presidencial de hace dos años, la Casa Rosada confía en que esos tres ejes ordenarán al votante para la pelea final en octubre.

El Gobierno llega ajustado y con preocupación a las primarias, confiado en que la tercera sección electoral le dará el batacazo final a Insaurralde. Lo mismo pensaba Néstor Kirchner en 2009. Allí Cristina apostó fuerte. Colocó al intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, como candidato testimonial y puso como tercera en la lista de postulantes a diputados a Verónica Magario, mano derecha del intendente del mayor bastión electoral.

Otro pope del conurbano, Alejandro Granados, de Ezeiza, está a la cabeza de su distrito y su mujer, Dulce, va por otro período para el Congreso. Con el intendente de Lomas de Zamora se asegura el triunfo en el segundo distrito más poblado del Gran Buenos Aires e intentará así compensar la pérdida del primer cordón, donde prima la hegemonía del massismo.

La Presidenta cree que esta vez no habrá traiciones de los llamados barones porque el libro de pases se abrió antes de la elección, con la postulación de Massa. "El que tenía que irse ya lo hizo", explica un ministro.

Con final incierto, en el kirchnerismo reconocen el aporte de Scioli en la campaña, pero esquivan definiciones. El repentino cariño mutuo, que incluye diálogos reservados de Cristina y Daniel, es una incógnita a futuro. Para 2015, Scioli ya tiene armado su discurso: dirá que quiere ir a internas dentro del peronismo. En el Gobierno callan. Cristina aspirará a designar a su sucesor, que dependerá del resultado de esta elección. Con el gobernador, dicen en la Casa Rosada, se hará "lo que diga la jefa".

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