Una reunión en Buenos Aires, en medio del cambio mundial

Marcelo Elizondo
Marcelo Elizondo PARA LA NACION
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27 de noviembre de 2018  

Hay ocasiones múltiples (dice el diccionario que múltiple es lo que tiene más de un elemento).

La reunión del G-20 en Buenos Aires es una de ellas. Es una oportunidad para la Argentina de mostrar al mundo la capacidad de actuar bajo máximos estándares. No es algo menor: el problema de reputación que tenemos hace que parte del mundo crea que somos algo peor que lo que en verdad somos. Dice John Kay que la reputación es el intangible que hace que seamos preferidos o desechados aun cuando nuestras prestaciones pueden ser equivalentes a las de quienes podrían sustituirnos.

Pero la reunión del G-20 tiene otros atractivos: ocurre entre los máximos líderes mundiales en medio de un profundísimo cambio global: la economía que se internacionalizó en el siglo XX por el comercio de bienes y las inversiones físicos, ahora lo hace a través de ideas, invenciones, información y conocimiento. Mientras el flujo internacional de datos que abastece la producción creció 45 veces en diez años, el comercio de bienes físicos creció una vez (se duplicó) en ese lapso. Dice McKinsey que el crecimiento en el producto global imputable a aquel tráfico electrónico de datos fue de 2,8 billones de dólares en diez años. Ante tal novedad, no siempre las instituciones del siglo XX aparecen preparadas. Algo de lo que se discuta en el G-20 debería vincularse con esto.

Estamos ante cambios geopolíticos tales como que ya 55% de las personas en edad de trabajar están en Asia (solo 17% en Europa y los EE.UU.); a la vez que 60% de los graduados en ciencias, ingeniería, tecnología o matemáticas cada año están en China y la India. Pero también vivimos la consolidación de la era del conocimiento y 70% de la exportación de propiedad intelectual ocurre desde los EE.UU. y Europa. Las pujas en los diálogos son, pues, inevitables.

En la reunión en Buenos Aires habrá en discusión varios temas, desde la sostenibilidad alimentaria, pasando por las necesidades en infraestructura y hasta el futuro del trabajo. El mundo se encuentra ante la necesidad de encontrar nuevos instrumentos y, específicamente, será relevante en esta reunión la referencia a esa nueva economía internacional impulsada por organizaciones que producen (crean) bienes y servicios en base al capital intelectual, el conocimiento y la invención (que ya supera a la innovación). Es altamente probable que en los distintos líderes se observen posiciones disimiles: algunas nostálgicas de órdenes irrecuperables, otras tácticas de cortoplacismo urgente, algunas conservadoras del statu quo y muchas mirando posicionamientos estratégicos ante nuevas realidades. Será útil leer lo visible y lo oculto entre líneas.

Pero es de esperar que el rol de esos líderes sea, ahora, prever. No sabemos si estarán a la altura.

Especialista en negocios internacionales, profesor universitario

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