Una vacuna que puede fortalecer a Larreta

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
Horacio Rodríguez Larreta
Horacio Rodríguez Larreta Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno
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13 de septiembre de 2020  • 00:01

Mientras se atrasa la vacuna de Oxford contra el Covid, que el laboratorio AstraZeneca producirá industrialmente en nuestro país, por un "evento adverso" (según confirmó con esas palabras anteanoche el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, en Hablemos de otra cosa, por LN+), el presidente Alberto Fernández descubrió en forma fulminante su "vacuna contra Larreta y la Ciudad", que anticipamos hace una semana que buscaban afanosamente en este mismo espacio (ver: http://www.lanacion.com.ar/2441772). La vacuna se llama 1,18% menos de coparticipación para la ciudad de Buenos Aires.

Pasará mucho tiempo para saber si la unilateral decisión terminará beneficiando o no a los más sufridos pobladores bonaerenses. Lo que está claro es que ya tiene efectos instantáneos y contundentes en el escenario político por varias razones: 1) procura "conurbanizar" la Capital Federal, por ser el principal bastión opositor, castigar así a sus habitantes que mayoritariamente votan en contra del kirchnerismo, y empobrecerlos, algo en lo que el peronismo tiene gran expertise ya que usa a los sectores más carenciados como insumos electorales a su favor; 2) romper el entendimiento que había en el combate contra el virus entre Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta, para exponerlo como el enemigo político N° 1 al que hay que impedir que siga creciendo como dirigente de mejor imagen y único precandidato a presidente para 2023 hasta el momento; 3) la asunción sin anestesia de que el proyecto del Gobierno es nivelar para abajo: le fastidia a la supervicepresidenta que vive en Barrio Norte la luz de helechos y agapantos en parques y plazas porteñas y retoma conceptualmente el Presidente la idea al expresar que "hay que quitar la abundancia de algunos lados, pero distribuirlas donde hay carencias"; 4) apuntalar a Axel Kicillof, un mero charlista de declaraciones altisonantes para la propia tribuna pero de gestión opaca, y empezar a "hacer caja" para afrontar mejor pertrechados las elecciones de medio término, el año próximo, claves para definir el horizonte presidencial de 2023.

La "conurbanización" de la capital de todos los argentinos -un concepto en el que convendría machacar más-, que ya resultaba inevitable por los efectos "naturales" de la pandemia en sus restricciones locales (ostensible aumento de la cantidad de personas en situación de calle o que piden para comer, locales cerrados y lo mínimo de gastronomía reabierto ferozmente criticado desde las filas oficialistas que hablan solo de los bares porteños al aire libre y jamás de las permanentes aglomeraciones en los distritos más populosos del GBA, se agrava ahora con el zarpazo anunciado. La obsesión constante de las autoridades bonaerenses por lo que hace o deja de hacer la ciudad de Buenos Aires es tal que les pasó por arriba el grave conflicto policial, a pesar de las advertencias desde hace mucho tiempo de que "algo" se estaba gestando por parte de personajes de su espacio como Mario Ischii, el propio Sergio Berni y hasta por las "visiones" de Eduardo Duhalde.

Fernández consumó el deseo de su líder política y ahora el jefe porteño tiene proyección nacional

Desde el punto de vista estrictamente comunicacional, el nuevo escenario político, lo deja como amplio ganador del primer round a Larreta sobre Fernández. Aun con la ansiedad y preocupación que provocaron los policías amotinados alrededor de la quinta presidencial de Olivos por sus reclamos salariales, el rating de las señales que emitieron el mensaje de Alberto Fernández el miércoles a la noche anunciando la poda a CABA sumaron 20 puntos de rating; 24 horas más tarde, la respuesta del jefe del gobierno porteño trepó a 36 puntos. Fernández ha tomado de Mauricio Macri la costumbre de no usar la cadena nacional ya que los canales se pliegan voluntariamente a la transmisión oficial. A la ya anteriormente abandonada imagen de los sucesivos anuncios de la cuarentena escoltado por Kicillof y Larreta (una inesperada vidriera nacional que Fernández le regaló), en esta última comunicación también se radicalizó visualmente al tener como laderos al gobernador y a la vice bonaerenses. Luego, más atrás, entremezclados con dirigentes oficialistas, había intendentes de la oposición. Fernández suele hacer invitaciones envenenadas a terceros para que se presten a ser decoración viviente de algunos de sus discursos. Así lo padecieron algunos empresarios convocados con gremialistas para acompañarlo en su mensaje del 9 de julio y ahora también los intendentes de Juntos por el Cambio que se enteraron allí del tijeretazo contra Larreta.

La mentora de que Fernández sea presidente y autora intelectual de la ofensiva contra el jefe de gobierno porteño estuvo ausente, pero habló por medio de su traductor atemperado en que se convirtió finalmente la garganta presidencial. En sutil contraste, un Larreta fortalecido, y más firme, tal como deseaban verlo sus votantes, puso a su lado a Diego Santilli, su vice, pero solo habló el jefe (Larreta) y por sí mismo, rodeado por sus ministros y legisladores de su espacio (idea de Fernández) aunque, en este caso, todos del mismo palo y sin necesidad de convocar a invitados para usar y traicionar.

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