Una visita real dispuesta a la reflexión y el conocimiento

Felipe de Borbón afirmó que su país mantendrá su compromiso con la Argentina
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24 de mayo de 2003  

"¿Cuántos años tienes?", preguntó Felipe de Borbón al presidente del Banco Central de la Argentina, sentado del otro lado de la mesa.

Alfonso Prat-Gay midió con rapidez la intención de la pregunta y mintió: "Veinticinco".

Una carcajada del principe heredero del trono de España y otra pregunta: "Vamos, ¿cuántos tienes?"

-Treinta y siete.

-No quisiera estar en tu lugar...

Se llegaba al fin del almuerzo que sólo un anfitrión de las calidades del embajador español, Manuel Alabart, podía haber hecho tan cálido y socialmente impecable, como ilustrativo para una visita real dispuesta a la reflexión, el conocimiento y el trabajo en cuanta oportunidad estuviera a su alcance en su paso por Buenos Aires.

Alabart introdujo a los invitados argentinos como personalidades indicadas para compartir un intercambio franco de impresiones sobre la situación nacional. Felipe, por su parte, agradeció el acompañamiento y expresó que estaba en su ánimo llevarse una imagen remozada, realista pero esperanzada de la Argentina.

En el amplio comedor de la embajada española, en la Avenida del Libertador, mientras el almuerzo avanzaba, Alabart fue presentando a los invitados y, después de trazar la semblanza respectiva, requería del nombrado la exposición de sus puntos de vista.

Así hablaron Aníbal Ibarra, jefe del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; Martín Redrado, vicecanciller; el ya mencionado Prat-Gay; Adalberto Rodríguez Giavarini, ministro de Relaciones Exteriores y Culto con el presidente De la Rúa; Hermes Binner, político socialista e intendente de Rosario; Guillermo Jaim Etcheverry, rector de la Universidad de Buenos Aires; Pedro Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras; Jorge Pérez Cuesta, empresario mendocino; Natalio Botana, profesor universitario; Santiago Soldati, empresario; Rosendo Fraga, analista político, y quien esto escribe.

* * *

Las exposiciones concluyeron, en lo esencial, en lo esperado por el hijo del rey Juan Carlos: en un realismo esperanzado, a partir de la observación, igualmente compartida por todos, de que la Argentina ha dejado atrás un sombrío período y se encuentra en el centro de una recuperación más veloz y enérgica de lo que habían supuesto en general los economistas.

Algunas observaciones sobrevolaron la mesa sin ningún aterrizaje que provocara incomodidades o una polémica inoportuna. Pero en los oídos atentos de Su Alteza -quien, por otra parte, tomaba nota de lo que se decía- ha debido tener clara interpretación cuánto significa que la Argentina sepa no sólo actuar en su política exterior en función de alianzas estratégicas apropiadas a los permanentes intereses nacionales, sino también, por añadidura, con gestos indicativos de su independencia.

No resultó necesario que fueran dichas de manera explícita para que hubiera comprensión de las palabras que apuntaron a tener presente que la relación con el Brasil es de primerísima importancia para la Argentina, pero no de forma subordinada a la política de nuestros amigos, sino dentro de una categoría del tenor de la que expresa la relación franco-germana en Europa. Esto es, entre países de diferentes magnitudes y de iguales derechos y responsabilidades entre sí y ante el mundo.

Felipe escuchó el reconocimiento de que los españoles han demostrado ser maestros en los procesos de transición de la dictadura a la democracia. Que la Argentina está cumpliendo ese proceso por etapas: ha concluido el primer tramo con la consolidación democrática a pesar de los gravísimismos errores de pronóstico económico del verano de 2001 y de la tremenda crisis sobreviniente a fines de ese año y comienzos del 2002; ahora falta por lograr la transformación del sistema de partidos en un esquema federal eficaz para la reorganización de la República.

La primera generación de la transición argentina abierta en 1983 se está yendo al ocaso, de manera más o menos elocuente, según los puntos de vista de los que Felipe tomó nota, pero lo cierto es que el próximo presidente tendrá veinte años menos que Menem y unos veinticinco años menos que Alfonsín.

* * *

Se habló de la lengua que vincula a más de trescientos millones de hispanoparlantes en el mundo, de la importancia de que nuestras sociedades concierten más negocios en común en materia de contenidos, área en la que hoy mismo producen recursos por 7500 millones de dólares. Se habló de la importancia de España para gravitar en favor de la Argentina sobre un mercado europeo que perturba nuestros intereses a causa de subsidiar la producción agropecuaria y se habló de la presente recuperación económica argentina, que ha tenido en el doctor Ricardo Lavagna a un prudente administrador, que deja hasta aquí el saldo de un superávit presupuestario que pocos países tienen hoy en el mundo. Sin contar, hacia adelante, que la Argentina podrá sumar a su producción, sin que haya nuevas inversiones, el treinta por ciento de su capacidad industrial, que se encuentra aún ociosa.

Se habló de la responsabilidad de la clase política en la gran crisis argentina de comienzos de siglo, pero también de una sociedad enferma que ha sido incapaz de articularse debidamente, aun cuando se cuenta con extraordinarios ejemplos de la calidad individual de los recursos humanos del país.

Tal vez por contraposición a la crisis, la riqueza cultural argentina -se hizo notar- ha brillado pocas veces tanto como en estos últimos tiempos, con sus científicos, sus artistas, sus arquitectos, diseñadores, cineastas, y así, a pesar de la pobreza de fondos existentes en tantas partes. Y sin perjuicio de lo cual, por ejemplo, la Universidad de Buenos Aires, una de las grandes universidades del mundo por el número de alumnos inscriptos junto con la Universidad Nacional Autónoma de México, realiza aportes extraordinarios al conocimiento, aunque su presupuesto sea apenas de 100 millones de dólares frente a los 1400 millones de dólares de esta otra casa altos de estudios.

La necesidad de dar respuesta a requerimientos impostergables de carácter social, de afirmar la responsabilidad tributaria de los argentinos, de preservar la indep endencia de los poderes del gobierno y de garantizar la segurididad individual y jurídica y la honestidad en el comportamiento de funcionarios y legisladores fueron otros capítulos del encuentro.

Hay democracia, pero urge mejorar la calidad de las instituciones. Hay libertad de prensa sin interrupciones desde 1983, pero debe verificarse con cada cambio de gobierno si prácticas provinciales, que no siempre han sido las de desear, afectarán o no el desenvolvimiento general en tal delicado terreno.

La gobernabilidad, en fin, con todo lo que abarca desde la perspectiva de los acuerdos básicos de previsibilidad de lo que el país se propone a sí mismo y de consensos sobre políticas de interés general, constituyó, en el fondo, el gran tema de la reunión. Es un momento en que parecería que la Argentina no está en condiciones de pensar en notables liderazgos, gobernabilidad, al fin, en el sentido de negociación eficiente en aras de la estabilidad institucional, del progreso, la paz y la libertad.

El príncipe cerró el encuentro, antes de levantar la copa de champaña con la cual brindó por la Argentina, con una ratificación del compromiso de España con nuestro país, no por necesidad, si no por responsabilidad con la Historia.

Reunión con Duhalde

  • El Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, se reunió ayer con el presidente Duhalde, horas después de llegar al país para asistir a la transmisión del mando presidencial. En el encuentro, que se realizó en la Casa Rosada, el heredero de la Corona española se despidió de Duhalde, a quien le entregó una carta de agradecimiento de su padre, el rey Juan Carlos, por el apoyo brindado durante su gestión. Estuvieron el embajador de España en Buenos Aires, Manuel Alabart, y representantes del ministerio español de Asuntos Exteriores. Por la mañana, el príncipe se reunió con representantes de las principales empresas españolas con intereses en el país, que integran la Fundación Cámara Argentina de Comercio de la República Argentina.
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