Unidos y Organizados perdió fuerza y debate su papel en la nueva etapa

Algunas agrupaciones, como el Movimiento Evita, dan por fracasada la experiencia; otras, con La Cámpora al frente, apuestan a un fortalecimiento de cara a 2015
Gabriel Sued
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26 de diciembre de 2013  

Nacido con el ímpetu del 54 por ciento obtenido en 2011 y golpeado por la derrota electoral de octubre pasado, Unidos y Organizados (UyO), el frente de agrupaciones más leales a la Presidenta, transita por un proceso de discusión interna sobre el papel que debe desempeñar en esta nueva etapa política.

Es un debate soterrado que forma parte del proceso más general de reformulación del kirchnerismo, ante la imposibilidad de reelección de Cristina Kirchner. Tiene como posiciones más extremas los que dan por fracasada a la experiencia -y hasta firmarían su certificado de defunción- y los que la siguen considerando la única herramienta capaz de aglutinar al amplio y diverso universo kirchnerista.

Incluso estos últimos reconocen que UyO perdió impulso y que aún no cumplió con el objetivo de máxima que se había planteado al nacer: convertirse en la fuerza propia de Cristina Kirchner y, como tal, desplegarse territorialmente en todo el país. Pero mientras unos apuestan a que 2014 sea el año del relanzamiento del frente como factor de armonización de todas las fuerzas kirchneristas, otros creen que UyO ya es parte del pasado.

Este último grupo tiene como máximo exponente al Movimiento Evita, una de las agrupaciones de militancia kirchnerista más importantes. También a grupos más pequeños, como el Movimiento de Unidad Popular (MUP), que conduce Federico Martelli.

La organización de mayor peso entre los que siguen apostando fuerte a UyO es La Cámpora. En una posición intermedia están Nuevo Encuentro, otro de los pesos pesados del kirchnerismo puro, y la Corriente Nacional de la Militancia, liderada por el ministro de Defensa, Agustín Rossi. Con una postura más conciliadora que la del Movimiento Evita, esos dos sectores aspiran, como garantía de la continuidad del proyecto político y del liderazgo de Cristina Kirchner más allá de 2015, a la consolidación de la identidad kirchnerista a partir de la construcción de un espacio más abarcativo de todas las expresiones del oficialismo.

Ese objetivo es compartido por todas las agrupaciones. Lo que genera diferencias es el tipo de construcción a la que se debe apuntar. El Movimiento Evita, que suele mostrar mayor autonomía, dejó de apostar a UyO y, por lo bajo, algunos de sus dirigentes sostienen que esa herramienta "está muerta".

Las razones que esgrimen son variadas. Afirman que UyO nunca logró dejar de ser sólo una parte del todo kirchnerista. Es más: consideran que se fue convirtiendo en un sector antagónico respecto de otros espacios del oficialismo, como los gremios, buena parte de los intendentes y los gobernadores, y la porción más tradicional del peronismo. Desde esa perspectiva, UyO se transformó en una mera ampliación de La Cámpora, sin vínculos fuertes con el PJ ni con la CGT y sin capacidad de englobar a las distintas fuerzas del "campo popular".

El año de la armonía

Del otro lado replican que la conductora de UyO es Cristina Kirchner y que si La Cámpora ocupa el centro de la construcción es porque así lo decidió la Presidenta al encargarle la coordinación del espacio al secretario general de esa organización, el diputado Andrés Larroque. Como contrapartida, algunos se atreven incluso a poner en duda que el Movimiento Evita siga siendo parte del kirchnerismo más puro.

Las agrupaciones grandes alineadas con la conducción de La Cámpora son Miles, de Luis D'Elía, y el Frente Transversal, de Edgardo Depetri. También acompañan otros grupos de la segunda línea de UyO, como la Corriente Martín Fierro, de Jorge "Quito" Aragón; Segundo Centenario, de Hernán Letcher, y Peronismo Militante, del "Gallego" Héctor Fernández.

Estos sectores reconocen que UyO no se desarrolló todo lo que ellos esperaban, explican que la construcción se complica mucho durante los años electorales como el que está terminando y valoran lo hecho hasta el momento. Ponen como ejemplo la coordinación que se logró para armar, de un día para el otro, la estructura que enfrentó como se pudo a los intendentes que habían saltado a las filas de Sergio Massa. Se perdió en cada uno de esos municipios, pero el armado de UyO permitió atenuar la derrota, argumentan.

Entre los que le auguran una larga vida al frente explican que, superado el desgastante proceso electoral, el año próximo será fundamental para el fortalecimiento de la herramienta no como un sector dominante dentro del oficialismo, sino como factor de armonización de todos los sectores kirchneristas. La fuerza debe poder incluir, precisan, a todos aquellos que en 2015 apoyarán al candidato que elija Cristina Kirchner.

"Tenemos que ser lo más amplios que podamos", explicó a LA NACION el jefe de una de las agrupaciones grandes. En esa mirada hacia adelante, y con la reorganización del PJ como nuevo elemento a tener en cuenta, algunos dirigentes hasta se imaginan un relanzamiento de UyO a partir de febrero. Son proyecciones de un futuro incierto en el que sólo se sabe que el destino del kirchnerismo puro estará, inevitablemente, atado al de la Presidenta.

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