Vargas Llosa por mil

Alfredo Leuco
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28 de marzo de 2011  

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner fue la principal responsable y, simultáneamente, puede ser la principal perjudicada de la mayor violación a la libertad de prensa, ocurrida desde 1983.

Es responsable porque no quiso o no pudo evitar el brutal atropello de que, por primera vez, hayan bloqueado la salida de Clarín y estuvieran a punto de lograr lo mismo con La Nación, los dos diarios de mayor circulación del país.

Puede ser la principal perjudicada porque todo indica que la única oposición que en estos momentos puede cerrar su camino hacia una casi segura reelección es la que ejercen las torpezas de sus propios talibanes.

Es responsable porque durante larguísimas horas no dijo una palabra ni emitió ningún comunicado, y ni siquiera algún funcionario o aliado político repudió el acontecimiento que ya estaba dando vueltas al mundo con títulos catástrofe.

Puede ser principal perjudicada porque hasta las encuestas que no encarga su gobierno aseguran que encabeza la intención de voto y lejos de sus principales competidores y que parte de su crecimiento se lo debe al vigoroso aumento del consumo y a cierta moderación en su discurso agresivo.

Es responsable porque, así como evitó el despropósito del intento de censurar a Mario Vargas Llosa en la inauguración de la Feria del Libro, podría haber frenado en dos segundos el ataque a los diarios.

En aquella oportunidad, tuvo cintura rápida e inteligencia para comprender la dimensión del daño que se hubiera autoinfligido. Lo que ocurrió ayer tiene una gravedad republicana infinitamente mayor y la repercusión internacional será multiplicada por mil de lo que hubiera sido el papelón por Vargas Llosa.

* * *

Ni a los más autoritarios les causa gracia que se impida la salida de un diario. No importan las discrepancias que uno tenga con ese matutino o con la empresa que lo edita o con el gobierno nacional.

Todos, absolutamente todos, tienen el derecho a expresarse. Y garantizar ese derecho es responsabilidad de las máximas autoridades. Suena descalificador que la ministra de Seguridad Nilda Garré no le haya ordenado a la Policía Federal que cumpliera con la orden de un juez para que se evitara la violación de la ley.

Suena patético que la ley sea interpretada según la conveniencia del poder político. Es una especie de mutilación de uno de los principales pilares democráticos: la división de poderes.

Cristina Kirchner debe darnos certezas de que es la presidenta de todos y no solamente del ala más salvaje y autoritaria de su facción partidaria.

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