Varios logros y algunos temas pendientes

El Presidente cree que impuso una nueva forma de negociar con el mundo y salvó al país del colapso; la pobreza es el déficit
Mariano Obarrio
(0)
24 de mayo de 2003  

El gobierno saliente de Eduardo Duhalde identifica sus mayores éxitos en haber pacificado las diecisiete meses atrás enfurecidas calles del país, impuesto un nuevo estilo de negociación con los organismos internacionales tras la conmocionante cesación de pagos declarada por Adolfo Rodríguez Saá, haber remontado la virtual quiebra del sistema financiero y empezado a doblegar la depresión económica. En cambio, admite que deja enormes deudas pendientes, entre ellas la alta desocupación y mayor pobreza e indigencia.

"No está todo hecho. Estábamos en terapia intensiva. Pasamos a terapia intermedia. Ahora nos pudimos parar al costado de la cama. Pero si intentamos correr la maratón vamos directo al cementerio de la Chacarita", dijo ayer el jefe del Gabinete, Alfredo Atanasof.

Un directivo de una empresa española lo dijo en estas palabras hace días: "Le habéis dejado al pobre Kirchner un verdadero campo minado. Otra que las minas de Irak, j..."

En su favor, Duhalde y su ministro de Economía, Roberto Lavagna, demostraron que se podía alcanzar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y, al mismo tiempo, resguardar ciertos intereses que hacen a la preservación de los signos vitales de una economía. La política de comprometerse sólo con acuerdos posibles de cumplir dio resultados y, a su vez, mereció el respeto de los funcionarios de los organismos internacionales que, un año atrás y en forma casi unánime, cada vez que mencionaban a la Argentina lo hacían en términos lapidarios.

El sistema financiero estuvo durante los 17 meses de gestión duhaldista al borde de la quiebra y la economía, a un tris de la implosión. Es cierto que Duhalde se irá con elogios del FMI y del propio gobierno de los Estados Unidos por la impensada recuperación económica.

Pero el Fondo comenzó ya a marcarle el terreno al presidente electo, Néstor Kirchner, por su resistencia a vetar la suspensión de los remates hipotecarios. También hará conocer su límite de tolerancia a las imposiciones de los organismos internacionales.

Es posible que en los días sucesivos se asista a una pulseada feroz entre la Argentina y el FMI. El mandatario electo procura postergar pagos de vencimientos de hasta 6000 millones de dólares que la Argentina les debe a los organismos hasta diciembre. Una parte de esos recursos será destinada a financiar obras públicas.

En cuanto a la política exterior, el hecho saliente lo marcó el cambio de postura respecto de los derechos humanos en Cuba: el gobierno de Duhalde prefirió la abstención en la ONU en lugar de la condena.

Cuentas pendientes

Esto, en verdad, es parte de lo que Duhalde no hizo. Las mayores cuentas pendientes del gobierno saliente son los cinco millones de nuevos indigentes en un año, los que en un 75 por ciento son producto de la devaluación del peso, que fue del 66 por ciento desde enero de 2002, y de la inflación acumulada, que en ese período superó el 40 por ciento.

Tampoco el gobierno de Duhalde ganó la lucha contra la desocupación: la última medición del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) fue del 17,8 por ciento de desempleo, aunque si incluyera a los beneficiarios del plan Jefes y Jefas de Hogar ese índice alcanzaría el 23,6 por ciento. La encuesta oficial indicó que hoy 4,8 millones de personas tienen problemas de empleo.

Pese a una incipiente reactivación, la recesión no cedió aún del todo. Poner definitivamente de pie la economía será complejo para Kirchner. Sus planes de obra pública y de generación de crédito para la producción estarán en tensión constante con presiones internacionales. El FMI exigirá el pago de la deuda con los organismos, cumplir con las ejecuciones hipotecarias y aumentar el superávit primario fiscal en 2003 de 2,5% a más del 4% del PBI, lo que supone pasar de un sobrante fiscal de $ 8000 millones a uno de casi $ 16.000 millones.

Habrá otras demandas: la compensación a los bancos, la reestructuración de la deuda pública, la renegociación de contratos y tarifas de servicios públicos privatizados, ajustes en combustibles y las reformas bancaria, impositiva y de coparticipación. Es lo que no pudo hacer Duhalde y el propio Lavagna heredará con Kirchner.

En este contexto, el nuevo presidente también deberá lidiar con la situación de empresas y personas físicas endeudadas y al borde de la quiebra. No le será sencillo.

Duhalde firmó en 17 meses 4011 decretos y documentos oficiales, que incluyen mensajes con proyectos de ley para el Congreso. Su antecesor Fernando de la Rúa había emitido 3196 decretos en dos años.

Una gran parte de ellos fue destinada a ordenar la salida parcial del corralito y del corralón, junto con el desorden callejero, una de las peores herencias que Duhalde puede aducir. En diciembre de 2001 quedaron atrapados US$ 75 mil millones, de los que en la actualidad sólo quedan encerrados 8700 millones de pesos en depósitos reprogramados o reclamados -en dólares- mediante amparos.

El otro terror oficial, la hiperinflación, también resultó controlado. Si bien se estimaba que en 2003 sería del 35% las previsiones son ahora del 15 por ciento. Y las perspectivas económicas resultan más optimistas: el PBI cayó el 11% en 2002 y creció al ritmo del 5,2% en el primer trimestre del año.

En el haber de Duhalde quedará la aplicación de políticas sociales más universales. El plan para jefes y jefas de hogar desocupados, que alcanza a 2 millones de beneficiarios, contribuyó a contener el furioso ánimo callejero. Pero faltó asignarle al plan una contraprestación laboral consistente y productiva.

Los funcionarios duhaldistas dejan el gobierno mejor vistos por la sociedad que cuando ingresaron. Eso merece ser destacado, aun cuando hubo una constante y planificada política de comunicación. Suele pasar cuando prevalece la virtud, como ocurrió, de trabajar en un clima de absoluta libertad de prensa.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Politica

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.