Vecinos de Congreso unidos para defenderse de los robos y saqueos

Ante la ausencia policial, no dudaron en atacar con palos a quienes robaban en los comercios del barrio
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22 de diciembre de 2001  

Los atacantes, imparables, avanzaban por el centro de la calle, arrasando con todo lo que encontraban a su paso. Con la policía enfrascada en la violencia de Plaza de Mayo y aledaños, la avenida Rivadavia, a la altura de Congreso, parecía ser tierra de nadie.

Hasta que los vecinos dicen basta. Como si en el fuero íntimo naciera la convicción de terminar con la barbarie. Un "hasta aquí llegaron" colectivo, para defender, precisamente, lo que es de todos. Y, entonces, con palos hacen frente a la indefensión y a los delincuentes.

Así reaccionó anteanoche un grupo de vecinos de la avenida Rivadavia al 2100. Más de 50 personas rompían a pedradas los vidrios del supermercado Norte ubicado frente al Bingo Congreso. Atrás dejaban un local de Blockbuster incendiado, un McDonald´s destruido y dos supermercados -Eki y Lider Price- devastados. "Ahora, todos al bingo", incitaban los saqueadores.

Vecinos paralizados

Los vecinos estaban paralizados ante semejantes actos de vandalismo, pero la imagen de un joven que hacía malabares para cargar las botellas de whisky que se había robado de Norte desató su furia.

"Ah, no. Eso no es hambre", gritó Daisy Gilda Giménez. Ahí nomás, la mujer agarró un palo y tomó la delantera.

Otras 20 personas la siguieron sin dudarlo. Unos entraron de prepo en el supermercado y empezaron a echar a los delincuentes a patadas, palazos y pedradas.

Otros se quedaron en la puerta: "Dejá esa bolsa ahí", "Rajá de acá", "No tenés derecho a robar. Esto es robar", gritaban los vecinos enfurecidos en medio de una batalla librada para salvar su propio pellejo.

Los saqueadores escapan en medio de los palos y la confusión. Se caían sobre los vidrios que ellos mismos habían roto. Algunos cargaban lo que podían y otros sacrificaban su botín para poder huir.

No había siquiera rastros de la policía y los que defendían lo suyo y lo de los demás decidieron seguir hasta el fin.

Acuartelados

Una vez que todos los delincuentes quedaron afuera de Norte, los vecinos se acuartelaron en el supermercado. "Copamos el local, los sacamos y no los dejamos volver a entrar. Les dimos con palos, trompadas, lo que sea. Estábamos indignados. Cerramos la entrada con casilleros y nos quedamos vigilando la cuadra, para que no volvieran", contó Juan Domingo Vincent y aseguró que él tiene más necesidades que muchos de los que allí saquearon.

Daisy Gilda Giménez, Juan Domingo Vincent, Horacio Kalinowski, Lucas Argüello, Carlos Adolfo Abal, Gladys González y Jorge Meza son algunos de las cerca de 20 personas que reaccionaron para defender lo suyo. y lo de los demás. Pelearon codo a codo, pero no salieron indemnes. Ellos también recibieron palos, piedras y vidrios.

"Los que viven en un hotel de enfrente, que está tomado, nos tiraban las botellas de sidra que se habían robado", contó Daisy Gilda Giménez.

A esa violenta situación los empujó la constante sensación de inseguridad. "Si no me defiendo yo, no me defiende nadie", resumió Horacio Kalinowski, dueño de dos locales de "todo por dos pesos", que pasó la noche dentro de su negocio para enfrentar a quien se atreviera siquiera a acercarse.

"Lo que me llenó de bronca fue que no tocaron la verdura ni la fruta. Se abalanzaron sobre el alcohol y los productos de perfumería. Si no los paramos, después entran en nuestras casas. Esto se tiene que acabar de una vez por todas", aseguró Carlos Adolfo Abal, que vive frente al supermercado.

Pero así como hubo vecinos que salieron a defender lo propio, también hubo quienes aprovecharon la confusión para hacerse de lo ajeno: "Evidentemente, en este barrio hay gente honrada y hay ladrones. Había gente que uno conoce, que vive en esta cuadra, y entraba a robar.

"Una señora que compra en mi negocio hace más de cuatro años, y gasta fortunas en la peluquería de enfrente, entró a Norte y se guardó cosas en la bolsa. Se llevó de todo -dijo Horacio Kalinowski- Me quedé helado. No lo podía creer."

Lucas Argüello trabaja tres veces por semana como guardia de seguridad en el local de McDonald´s ubicado en la esquina de Rivadavia y Junín, a media cuadra del supermercado atacado, y vive en esa misma cuadra.

Estaba de franco cuando ocurrió el saqueo y se sumó a quienes se dispusieron a defender los negocios. "Hay que diferenciar entre la gente que salió con cacerolas a la calle, en forma pacífica. Eran familias y no estos delincuentes que usaron los reclamos para salir a robar. Ninguno de nosotros es rico. Todos tenemos problemas económicos y no por eso salimos a destruir negocios y a afanar."

Gladys González, otra de las vecinas que se enfrentó a los delincuentes, juró que lo haría de nuevo si fuera necesario. Y Daisy agregó: "Aunque la policía no esté, estamos nosotros. Y nos vamos a defender porque no vamos a permitir que sigan destruyendo los negocios y lleguen a nuestras casas".

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