Venganza opositora, resignación kirchnerista

La oposición consumó su victoria tras la furia desatada luego de la maniobra kirchnerista para usar reservas del BCRA; el rol de Menem, la carcajada de Cobos y las quejas de Pichetto
Iván Ruiz
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4 de marzo de 2010  • 09:42

"¿Senador Menem?", preguntó Julio Cobos desde el estrado, segundos antes de concluir la votación que definiría el nuevo reparto de poder en la Cámara alta. El ex presidente no le contestó. Lo miró sorprendido e inmediatamente levantó su mano para concretar su voto. Enseguida se escucharon las risas. Ni el propio vicepresidente pudo evitar la carcajada ante el olvido del riojano.

La venganza opositora había liberado uno de los pocos momentos de distensión. Después del discurso que emitió el lunes la Presidenta ante la Asamblea Legislativa, la oposición consumó su victoria. Treinta y cuatro minutos alcanzaron para aprobar los golpes de knock-out. Un trámite express aprendido en los tiempos kirchneristas.

"Se mastica bronca", decía una fuente del oficialismo minutos antes del comienzo de la sesión. El kirchnerismo intentó negociar, para matizar la derrota, pero el intento duró poco. "Están tan inflexibles como lo fue Cristina", dijo, en referencia a la maniobra anunciada por la Presidenta ante la Asamblea Legislativa.

Las miradas, las palabras y los gestos confirmaron la tensión. El ceño fruncido era el único gesto permitido. La algarabía kircherista, sus susurros y sus sonrisas silenciosas se habían terminado: el oficialismo estaba en silencio. Sólo algunos opositores se animaban a distenderse. María Eugenia Estenssoro y Chiche Duhalde, por ejemplo, que intercambiaban comentarios a escondidas.

Gerardo Morales y Miguel Angel Pichetto nunca sonrieron. "Pido que se vote. Después seguimos con el debate que quieran", interrumpió Morales, con un tono imperativo, ante la insistencia kirchnerista para que se extienda la sesión.

"Grave anomalía", "impertinente" y "arbitraria" fueron las acusaciones de Pichetto ante los pedidos opositores. Dos días después de la maniobra para quedarse con las reservas del BCRA, los términos se habían invertido.

Pero más allá de las quejas de Pichetto, el bloque oficialista estaba invadido por la decepción. "Ya está, ahora tienen mayoría", decía, resignada, una alta fuente del kirchnerismo en el Senado. Eran conscientes de la desventaja.

Rodeado de oficialistas, la mirada de Carlos Menem estaba perdida. En el comienzo de la sesión levantó la mano con énfasis en cada votación, pero con el tiempo el riojano perdió energía, hasta la última advertencia de Julio Cobos para que consumara su voto.

Una vez consumado el triunfo, los senadores se permitieron un relax. La esquina del pasillo más cercana a las bancas opositoras era intransitable. Cables, cámaras, luces y micrófonos se confundían con alguna sonrisa. "¡Felicitaciones!", le dijo Estenssoro a Rubén Guistiniani, y le dio un abrazo. El socialista, con la mesura que lo caracteriza, le agradeció con una sonrisa imperceptible.

Conocedor de las virtudes de la risa, el senador Eugenio "Nito" Artaza estaba apurado. Dio media vuelta, cruzó el recinto vacío y tomó el sector del pasillo más cercano al bloque oficialista que, esta vez, estaba desierto.

Por: Iván Ruiz
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