Visita al Nacional Buenos Aires en defensa de la educación pública

Alberto Fernández, ayer, con Pepe Mujica, en el Nacional de Buenos Aires
Alberto Fernández, ayer, con Pepe Mujica, en el Nacional de Buenos Aires Crédito: Frente de Todos
Alberto Fernández encabezó un acto con el expresidente uruguayo Mujica; el candidato kirchnerista apeló al lenguaje inclusivo y recibió una ovación
Gabriel Sued
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12 de octubre de 2019  

Alberto Fernández llevaba diez minutos de discurso y había recibido varias ovaciones de los alumnos que desbordaron el aula magna del Colegio Nacional de Buenos Aires, una de las escuelas secundarias más tradicionales y politizadas de la Argentina. "Prometo trabajar cada día para que cada chico, para que cada chica", empezó una frase, y, después de una pausa breve, alzó las cejas, dejó escapar una media sonrisa y se corrigió: "Para que cada 'chique' tenga un lugar en la escuela pública". Volvieron a aplaudirlo por apelar al lenguaje inclusivo. "No lo aprendo todavía", se disculpó.

En un clima de efervescencia y euforia, el candidato a presidente del Frente de Todos destacó la importancia de la educación pública, reiteró su promesa de crear un ministerio de la igualdad de género y rivalizó con Mauricio Macri, destinatario de varios cantitos de los presentes. Lo hizo ante unos 500 jóvenes, en su mayoría mujeres, y acompañado por el expresidente de Uruguay José "Pepe" Mujica, que cerró el acto con una fuerte reivindicación de la militancia juvenil y una prédica sobre la felicidad, que maravilló a los alumnos.

"El presidente Macri piensa que unos tienen la suerte de estudiar en la educación privada y otros la desgracia de caer en la educación pública. Probablemente no lo sepa, pero la universidad pública dio cinco Premios Nobel y dio muchos presidentes. La educación pública es lo que nos hizo distintos en el mundo", sostuvo Fernández, que se mostró conmovido por el respaldo de los alumnos. "¡Alberto, presidente!", le dedicaron cuando entró por uno de los laterales.

Minutos antes de que llegara, Julia Epstein, presidenta del centro de estudiantes, intentaba ordenar el ingreso de los jóvenes, que se agolparon frente a altas puertas de madera y después corrieron para ocupar un asiento.

"Por favor, compañeres, seamos conscientes, no es un acto cualquiera, lo vinimos a ver a Alberto", repetía ella, con un pañuelo verde en la muñeca izquierda. El aula magna, de techos altísimos, alfombras rojas y techo abovedado, quedó cubierta en segundos. Los que no consiguieron lugar se quedaron parados en los pasillos o se sentaron en el piso.

El candidato empezó por contar que su padre había estudiado ahí y que él había ido al Mariano Moreno, un colegio que, recordó, "competía con el Buenos Aires". Aprovechó entonces para hacer un guiño a Matías Lammens y Mariano Recalde, dos egresados del Buenos Aires, sentados en la primera fila.

Después les habló a las mujeres. "La Argentina necesita entrar rápidamente al siglo XXI y terminar con todas las desigualdades a las que esta sociedad somete a las mujeres", dijo, después de reiterar su promesa de crear un ministerio de la igualdad de género. En uno de los balcones ubicados en lo alto del salón, una chica festejó la frase con un alarido, que enseguida se convirtió en una ovación.

Para cerrar, Fernández aprovechó para escenificar un compromiso con la juventud. "El día que me vean defeccionar en mi propuesta, el día que vean que estoy traicionando lo que les estoy diciendo, salgan a la calle y díganme: '¡Alberto, no te equivoques!'".

Un silencio casi reverencial se apoderó del salón cuando tomó el micrófono Mujica, que hizo un discurso de tono filosófico, o de "viejo Vizcacha", como lo definió él, sin referencias a la campaña. "La vida militante no es un premio. Es una aventura. Es tener causa para vivir y no vivir por el mero hecho de haber nacido. Ser militante significa dedicar una parte importante de nuestra vida a la suerte de los demás, bajo la utopía de que se puede construir un mundo un poco mejor que aquel que en el que nos tocó nacer. El quid de la cuestión es mantener el fuego sagrado de esa aventura a lo largo de la visa", dijo. Los chicos lo escucharon con mucha atención.

El expresidente uruguayo cerró el acto con una reflexión sobre la felicidad. "La felicidad significa garantizarse tiempo para cultivar los afectos. La vida no es solo trabajar. Hay que asegurarse tiempo para las relaciones humanas, para los hijos, para el amor. Porque la vida se te va. No se dejen robar la libertad, porque eres libre solo cuando gastas tiempo de tu vida en aquellas cosas que te motivan sin joder a otro".

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