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Vivir con el FMI: cordialidad bajo el mandamiento del déficit cero

El seguimiento de los acuerdos plantea una relación fluida, muy distinta de la de años anteriores
El seguimiento de los acuerdos plantea una relación fluida, muy distinta de la de años anteriores Fuente: AFP - Crédito: Ludovic Marin
Maia Jastreblansky
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21 de enero de 2019  

"Cambiaron leyes por pedido del FMI". "Discuten con el FMI aumentos en las tarifas". "Piden al FMI que no ahogue el crecimiento". A comienzos de este siglo, las tapas de los diarios retrataban a un organismo multilateral de crédito omnipresente en las decisiones del gobierno argentino. El acuerdo que Mauricio Macri cerró el año pasado con el FMI, que dejó un trauma en la memoria colectiva, busca mostrar otra cara.

Ahora, la cordialidad de los funcionarios con los directivos del Fondo se transmite en mensajes de WhatsApp y las revisiones del programa son más espaciadas. Hoy, el déficit cero y el plan monetario son mandamientos suficientes para condicionar las políticas oficiales.

"Este es un FMI intelectualmente más flexible, ya no está la dureza que mostraba en los 90 o los 2000. Christine Lagarde es mucho más agradable que Dominique Strauss-Kahn y [el jefe de la misión en la Argentina, Roberto] Cardarelli claramente no es [Teresa] Ter-Minassian", ilustraba días atrás un funcionario de Hacienda, horas antes de que el Gobierno anunciara que en 2018 sobrecumplió la meta fiscal ante el FMI.

Según pudo reconstruir LA NACION, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, tiene un contacto asiduo vía chat con Lagarde, al punto que intercambió saludos de Navidad y fin de año, y su secretario de Política Económica, Miguel Braun, aceitó su diálogo con Cardarelli.

"A ellos les gustaba lo que estábamos haciendo con la economía desde antes de cerrar el acuerdo", reconoció a LA NACION un alto funcionario del equipo económico, al ilustrar la buena sintonía que tiene la gestión de Mauricio Macri con el staff del fondo.

En febrero llegará la tercera revisión del renegociado acuerdo stand-by para controlar la evolución de las metas fiscales, monetarias y de reservas. Pero ese desembarco del staff del FMI, que se hace con todas las luces mediáticas, no es el único.

Oficina en el Central

Un equipo técnico del Fondo deambuló durante las últimas semanas de 2018 en la Oficina Nacional de Presupuesto para revisar cómo se llevan los números en esos despachos. "Se fueron sorprendidos por la capacidad técnica de nuestro equipo", resaltó un alto funcionario cuando recordó esa misión especial.

En el edificio del Banco Central se instaló en las últimos días de 2018 el jamaiquino Trevor Alleyne como representante residente del FMI. "Trevor está temporariamente en el Central. Le ofrecimos la oficina mientras buscaba un lugar permanente afuera", señalaron en el BCRA. En el FMI señalaron que la relación entre el enviado del Fondo y los funcionarios argentinos es "fluida y constructiva entre pares que se aprecian".

En las primeras semanas de su misión en la Argentina, Alleyne comenzó a establecer contactos con economistas, analistas y representantes de sectores de la economía, entre otros, el sector financiero y los sindicatos. Así, puede darle una visión alternativa a la oficial a Nueva York.

Según pudo reconstruir LA NACION, Alleyne empezó a establecer contactos con representantes del sector bancario (Javier Bolzico, de Adeba, y Gregorio Goity, de ABE). También con economistas, como Eduardo Levy-Yeyati y Pablo Guidotti. En la CGT, durante la misión de Cardarelli, tuvo contacto con los líderes de la Uocra, UPCN y la UOM, entre otros.

"No consultamos las decisiones cotidianas con el fondo en materia de política económica", aseguró un miembro el equipo económico del Gobierno. Resaltó que es un fondo "más preocupado por las cuestiones sociales, de género y ambientales" que antes.

Otro colega, más vinculado a la política monetaria, sintetizó: "Tenemos algún cruce de mensajes en la semana para comentarles cómo vemos el programa y la economía. Pero rara vez ello conlleva un pedido del Fondo, más bien es seguimiento".

En diálogo con LA NACION, Claudio Loser, exdirector del FMI para América Latina y actual director de Centennial Group, un think tank de Washington, analizó: "Uno de los problemas en el pasado era la injerencia. Hoy, los principios básicos del acuerdo son similares, pero ya no están en los detalles de la gestión del día a día. Miran los números globales y siempre van a insistir en el tema del déficit", analizó.

Convivir con el FMI trajo aparejados, sin embargo, algunos cambios. El presupuesto 2019 comenzó a incluir a los "programas de inversión prioritarios (PIP)", proyectos de inversión que antes no se computaban por encima de la línea como gasto público y a partir de ahora sí, por el compromiso de sincerar los números.

La sigla FMI aparece en más de una reunión cuando un ministro o un gobernador quiere aumentar un gasto o quitar impuestos. El Gobierno es cauteloso al comunicar las noticias que afectan el gasto público. Ocurrió cuando la Corte dictaminó en su contra con el fallo que avaló una fórmula más favorable para las jubilaciones. A pesar de las alertas que había emitido la Anses, con el fallo en mano, los funcionarios minimizaron el impacto que tendrá en las cuentas públicas.

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