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Yáñez, la magistrada que debió aprender cómo funciona una nave de guerra

La jueza Yáñez habló con la prensa en Caleta Olivia
La jueza Yáñez habló con la prensa en Caleta Olivia Crédito: Voces y Apuntes
Para avanzar en la causa del ARA San Juan, la jueza tuvo que capacitarse en submarinismo
Mariela Arias
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19 de noviembre de 2018  

CALETA OLIVIA.- Hace solo siete años la Corte Suprema creó el Juzgado Federal de Primera Instancia de esta ciudad a través de la ley 26.261. En su acordada, afirmaba que la puesta en funcionamiento del juzgado "constituye una prioridad insoslayable". En línea recta con esta ciudad, el año pasado, se registró en el interior del mar la última comunicación del ARA San Juan . Un día después de esa comunicación, la Armada llamó a la Justicia para radicar la denuncia que cambiaría para siempre la vida del juzgado y el pequeño grupo que lo componen.

Marta Yáñez, de 51 años, está al frente del juzgado tras ganar el concurso y ser nombrada por el decreto 65/2011. Hace un año, la vida le cambió por completo con ese llamado: empezó a estudiar submarinismo, a meterse en la jerga del mar, a entender tecnicismos y cómo funciona un arma de guerra. En definitiva, a investigar una causa judicial que no contaba con antecedentes en la Argentina.

Se apoyó en el fiscal Lucas Colla y en sus secretarios más cercanos, entre ellos Miguel Biscardy, que anteayer la acompañó en la conferencia de prensa, la primera y una de las pocas que dio desde que se encuentra abocada a la causa.

En su juzgado conviven varios expedientes relacionados con el buque: el de la búsqueda y de las razones que provocó el hundimiento, por ahora desconocidas. A poco de iniciada la investigación, pidió refuerzos. Se debían seguir tramitando los expedientes ordinarios del juzgado: los nuevos fueron a las causas habituales. Ella decidió rodearse del grupo de cinco personas que desde el primer día habían empezado a estudiar la documentación vinculada al submarino.

Son los fieles custodios de las 40 cajas del expediente, las más de 60.000 fojas de documentación reservada. Es celosa de la información: "Acá no hay filtraciones judiciales, si algo sale es porque las querellas lo dejaron trascender", dijo a LA NACION a principio de la instrucción. Con el paso de los días, decretó que la causa "se tramitaba en reserva". Desde ese día se terminaron las fotografías a documentos y copias de la causa. "Estaban difundiendo información sensible y parcializada para ser utilizada mediáticamente, y eso era una falta de respeto a los familiares y a la opinión pública en general", explicó.

Desde abril, las tres querellas tienen acceso amplio a todo, pero solo en forma personal. Pueden hacer copia manuscrita del expediente y asistir a los más de 70 testimoniales que se tomaron hasta ahora.

El viernes a la noche, cuando le informaron por teléfono del hallazgo de la nave en el lecho del mar, pasó momentos de nerviosismo. No podía decir nada. "De arriba nos ayudaron", afirmó unas horas después a LA NACION, y se confiesa creyente.

Desde que concursó y asumió al frente del juzgado federal, vivió momentos personales duros: convivió con una difícil enfermedad que padeció su madre y el tratamiento de quimioterapia, y mientras transitaba su quinto mes de embarazo sufrió un ACV. Pese a ello, logró dar a luz a su hijo sin inconvenientes. La atravesaron otras pérdidas familiares, pero logró superarlas con su profunda creencia en Dios, algo que ella siente que hoy la ayuda a tener la fortaleza para llevar adelante esta causa con calma.

Toma en forma personal todos los testimoniales de la causa. El viernes fue el turno de uno de los cargos de mayor rango de la Armada: el contraalmirante Luis López Mazzeo, jefe del Comando de Operaciones Navales de la Armada, el único marino que se presentó en el juzgado de uniforme. Horas después, en la misma zona a la que hizo referencia el contraalmirante, el San Juan fue encontrado en el fondo del mar.

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