YPF necesita un acuerdo para concentrarse en sus inversiones

En caso de sellarse el trato, la petrolera estatal tendrá más posibilidades de encontrar socios para la explotación del yacimiento de Vaca Muerta sin temor a nuevos juicios
Diego Cabot
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26 de noviembre de 2013  

Si hasta ayer los petroleros se reunían todos los 13 de diciembre para rememorar aquel día de 1907, es posible que de ahora en más sumen un segundo festejo para el calendario. Cuando efectivamente se firme el acuerdo entre el gobierno argentino y la española Repsol para convertir la confiscación del 51% de las acciones de YPF en una expropiación ajustada a derecho los petroleros tendrán razones como para festejar casi como lo hicieron aquellos pioneros que se mancharon de negro cuando se toparon con petróleo en Comodoro Rivadavia.

En el mundo energético actual, de decisiones globales manejadas por una mesa chica, tiene tanto valor descubrir un yacimiento como encontrar la manera de financiar el camino del subsuelo a los mercados. Cuando se estampe la firma se habrá removido la piedra que, en el caso de YPF, tapaba ese ducto. De ahí la importancia del acuerdo, porque permite poner en valor las reservas que por ahora siguen bajo suelo.

Cuando se calmaron las burbujas de la euforia nacionalista que alcanzó al Gobierno y a la oposición en aquel estatizador abril de 2012, el management de la YPF estatal se topó con lo que significó aquel traumático pasaje de acciones. La desconfianza de los inversores fue una constante. Pese a promesas de un mar de petróleo escondido en Vaca Muerta, no hubo manera de traer inversiones de magnitud. A eso se sumaba una pelea cada vez más intensa con Repsol, que mantiene el 12% de las acciones de YPF y tiene dos directores en la mesa de decisiones de la firma que maneja Miguel Galuccio.

Galuccio sabía desde el primer momento que no había plan de negocios serio que presentar y cumplir sin cerrar la cicatriz de aquel despojo accionario. "Había que convertir esa confiscación en una expropiación ajustada a derecho para poder avanzar", dicen cerca del mandamás de la petrolera. Y para eso trabajó y destinó gran parte de su tiempo. La amistad con el director general de Pemex, Emilio Lozoya Austin, lo llevó a intentar el primer acercamiento. Los borradores de aquel acuerdo no pasaron de eso en Madrid. Volvió a la carga el año pasado, cuando avanzó en un convenio que implicaba un pago del gobierno argentino por alrededor de US$ 6000 millones y el compromiso de Repsol de invertirlos en el país, más precisamente, en el yacimiento de Vaca Muerta, donde se podrían extraer gas y petróleo con métodos no convencionales. Aquel convenio, cuya cabeza fue el presidente de Caixabank, Isidro Fainé, tampoco se pudo concretar.

Esta vez todo indica que finalmente habrá acuerdo. Para YPF, no podría haber una mejor noticia. Sus ejecutivos conocen como pocos del interés que existe en el mundo petrolero para enterrar inversiones en Vaca Muerta. Pero también conocen que no habrá grandes flujos hasta no terminar con Repsol. Entre esos hombres de muchos ceros y mirada a largo plazo no hay preocupaciones por la coyuntura política. Dos años no son nada y sólo pretenden certezas en las reglas. Terminar con las cuentas pendientes es una manera de empezar a dar esas certezas.

Con la firma se terminarán los reclamos mutuos. Más allá de la demanda en el Ciadi, el tribunal arbitral del Banco Mundial, Repsol dejará de amenazar con juicios a los eventuales inversores en YPF. "El que se asocia con el que me expolió las acciones será llevado a juicio", era el argumento que blandía Repsol. Las empresas prefieren huir de las contingencias con colegas. "Se abre un nuevo ciclo. Es una gran noticia", repetían eufóricos en la torre de cristal que YPF tiene en Puerto Madero.

Se entierra también una suerte de guerra ejecutiva que se había instalado en el directorio de la petrolera. Dos directores de Repsol eran los encargados de impugnar cada una de las iniciativas de sus compañeros de directorio. Se iniciaron reclamos cruzados, judiciales y administrativos, que complicaban el ya complejo día a día de YPF.

El acuerdo prevé dar por tierra esas acusaciones cruzadas. Firmar la paz no es menor para nadie. Y menos para una empresa que necesita millones de dólares para invertir. Y para otra que logrará que le paguen varios miles de millones por una compañía que tenía y que perdió.

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