El lujo, sólo como inversión

Algunos de los edificios más cotizados de la ciudad están prácticamente deshabitados y sus propietarios son millonarios llegados de todas partes del mundo
Elizabeth A. Harris
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16 de febrero de 2013  

NUEVA YORK (The New York Times).- En el ornamentado lobby del Plaza Hotel de Manhattan se siente el taconeo de zapatos de mujer sobre los pisos de mármol y el tintinear de copas en el bar, mientras maleteros prolijamente uniformados van y vienen, y el rumor de las conversaciones llena la sala. Pero a la vuelta de la esquina, en la entrada reservada para los residentes de los departamentos del condominio del Plaza, el lobby dorado está prácticamente en silencio. Poca gente va y viene porque la mayoría de los dueños de los departamentos vive en otra parte.

"Diría que el 10% del edificio está ocupado realmente por residentes full-time como yo, de un total de alrededor de 150 departamentos", dijo Joanna Cutler, agente inmobiliaria que vive en el edificio desde 2007, mientras recorría pasillos largos y desiertos.

"Para que sepa -agregó, luego de compartir el ascensor con un hombre de traje y una mujer con un bicho frisé entusiasta- nunca había visto esa gente."

La costosa desolación

Existen pieds-à-terre en todos los condominios de Nueva York, un mundo de casas de vacaciones y propiedades de inversión. Cuanto más alto el precio, tanto mayor la concentración de dueños que pasan sólo unos pocos meses, unas pocas semanas o, incluso, unos pocos días al año en sus departamentos. Esta forma tan costosa de desolación significa que algunos de los edificios residenciales más caros de la ciudad están oscuros, solitarios y vacíos en su interior.

"Nuestros vecinos de al lado eran absolutamente maravillosos y sólo los veíamos una vez al año -dijo una ex residente del 25 de Columbus Circle, la torre sur del Time Warner Center, que habló a condición de mantener el anonimato-. La mayoría de los propietarios en realidad no vive ahí."

No hay estadísticas confiables de la cantidad de pieds-à-terre en Nueva York, pero los expertos inmobiliarios dicen que los temblores económicos globales han atraído cada vez más gente asombrosamente rica al mercado en los últimos años. Vienen de todas partes, Mónaco, Moscú o Texas, en busca de una inversión segura, tanto como un trofeo y quizás un segundo -o tercer o cuarto o quinto- hogar, ya que están.

"Es un valor seguro", dijo Jonathan Miller, presidente de la firma de tasaciones Miller Samuel. "No se da sólo en este país; es un fenómeno global", agregó. Scott Avram, vicepresidente de Toll Brothers City Living, compañía que construye condominios de lujo, dijo que el 40% de los compradores del Touraine, un proyecto en la calle 65 y la avenida Lexington, son extranjeros. Y el edificio de condominio de ultralujo One57, en la calle 57 Oeste, donde hay dos departamentos a la venta por al menos US$ 90 millones, ha tenido compradores multimillonarios de Gran Bretaña, Canadá, China y Nigeria, así como de los mismos Estados Unidos.

Y está el departamentito de paso por US$ 88 millones en el 15 de Central Park West, comprado el año último por un trust vinculado con Ekaterina Rybolovleva, que entonces tenía 22 años. Rybolovleva es hija de un multimillonario ruso de la industria de los fertilizantes, Dmitry Rybolovlev, que está en medio de un divorcio un poco caro. En un juicio iniciado en 2012, la esposa de Rybolovlev, Elena Rybolovleva, sostuvo que el departamento se compró no como un lugar para que viva la hija de la pareja, sino como una manera de colocar ese dinero fuera de su alcance. Según documentos presentados a la corte, la Rybolovleva joven es residente de Mónaco.

El edificio del 15 de Central Park West también tiene unos cuantos pieds-à-terre, dicen profesionales del sector inmobiliario. Pero la concentración ahí no es tanta como en otros edificios brutalmente caros, especialmente los del Midtown, que comparten espacio y servicios con hoteles como el Plaza o el Time Warner Center, que comparte un edificio con el Mandarin Oriental.

"Yo vivía en el piso 16 y era el único ahí -dijo Charlie Attias, vicepresidente del Corcoran Group, que alquiló un departamento en el Plaza por tres años y ha manejado muchas transacciones en el edificio-. Ocasionalmente venía una visita (quiero decir, ocasionalmente venía un dueño), pero muy de vez en cuando.

"En realidad cuando veíamos a alguien era un acontecimiento -agregó-. ¡Wow!, ¡hay alguien en el pasillo!, decíamos."

Scott Stewart, vicepresidente del Corcoran Group, vendió cinco departamentos del condominio en el Time Warner Center en alrededor de ocho años. Ha tenido compradores de Londres y Hong Kong, Minnesota, Nueva Jersey y Texas, y ni uno solo de Nueva York. En todo el tiempo que mostró el edificio a compradores potenciales, agregó, nunca vio a más de una persona usando el gimnasio del condominio.

"Vi a Kelly Ripa ahí -expresó en referencia a la estrella de televisión, que desde entonces se mudó-. Había niños jugando con Legos en la máquina junto a ella y no había nadie más."

Traducción de Gabriel Zadunaisky

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