Mágicas recetas de la tía Ana

Cristina Bugatti
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28 de febrero de 2004  

Como pertenezco a una familia plantera con estrategias que, incluso, obligan a inventar neologismos, arrastramos desde la antigüedad la manía del gajito. Colocar un frasco vacío, invertido sobre alguna estaca o planta en la que se deseaba tener éxito era corriente. En cambio, no es frecuente lo que hacía una tía de mamá, cuando yo era muy chica. Tía Ana, que vivía en una mítica quinta de Mercedes y había conocido a Mitre, cada vez que plantaba un gajo sembraba en la misma maceta (un tarrito) un puñadito de granos de alpiste. El alpiste nace rápidamente: a los pocos días, sus finos tallos verde claro cubrían el suelo. Si lo que plantaba era un bulbo de dalia, de gladiolo, de alguna azucena, le clavaba un grano de maíz o de girasol, que allí iniciaba su germinación.

Cuando el objetivo estaba logrado, el gajo había prendido y el bulbo, brotado, se lo liberaba de aquellas compañías. Me resultaba misteriosa esa relación, hasta que leí sobre las auxinas, hormonas vegetales que forman parte del metabolismo de la planta e intervienen en importantes procesos del desarrollo vegetal. Dentro de esos procesos está el nacimiento y desarrollo de raíces, que es el dato más alentador cuando uno planta un gajito. Ahora bien, ¿qué tiene que ver el alpiste o el grano de girasol con estos procesos? Bien, es en la germinación cuando se produce la mayor concentración de auxinas, capaces incluso de favorecer generosamente a plantas vecinas.

El estudio de estos compuestos y de los procesos que originan es apasionante, pero basta saber que se han podido aislar auxinas en algunos vegetales y en la orina, por lo cual hoy existen las hormonas de enraizamiento, esos polvitos o líquidos en los que se sumergen los extremos de los tallos que se van a plantar para estimular la formación de raíces. Con respecto a la función de los aceites esenciales en el metabolismo de las plantas, su aún no está bien determinado, pero se cree que son una defensa contra predadores y enfermedades. ¿Qué sabía tía Ana de todo esto? Nada. Pero lo cierto es que el mundo se ha enriquecido con los aportes de quienes, por fuera de la ciencia, han sabido mirar la naturaleza con amorosa devoción, y deducir....

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