Plástica: para Sol Storni, otros espacios

Con la mente abierta y libre de convenciones, esculpe y pinta en un ámbito campestre
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28 de febrero de 2004  

La vida de Sol Storni se ve luminosa. En poco parece semejarse a la de su tía abuela, Alfonsina, aquella de los versos que hablaban de mar y soledad.

La vida de Sol parece iluminada por colores y pinceles, viajes exóticos, proyectos y premios, veranos en el campo, hijos y paz.

En su casa Le Petre, proyectada por ella y construida con ónix, cuarzo y otras piedras del Amazonas, y lugares especialmente diseñados para el día a día de la familia --atelier, espacio para meditación, habitaciones sin puertas--, la artista plástica vive en un entorno favorable a la creación.

Rodeada de campo, con chivos, ovejas, perros y hasta zorros y ciervos, y un lago con patos, la naturaleza pampeana estalla en todo su esplendor. "El lugar transformó mucho mi obra, es un sitio especial para crear, donde baja la ansiedad y la cabeza hace espacio para percibir sonidos de los animales y encontrar los tonos de la naturaleza."

De Chacras de la Alameda, en Carmen de Areco, Sol sacó los colores tierra, verdes, ocres, rojos, que brindan sus obras. "Además de pintar, ahora trato de abrir la cabeza a algo diferente, estoy buscando nuevas texturas, incursionando en posibles colores para la escultura, que siempre fue monocromática. Pero cada detalle del campo, hasta el mugido de las vacas cuando llueve, suena como mantra y estoy pensando en grabarlo y utilizarlo para crear algo."

Audaz y creativa

La obra de Sol es de un arte conceptual, de una belleza que reúne inteligencia con estética, razón con color, modernidad con lo más tradicional y mitológico. "Construyo esculturas con huesos que encuentro en el campo. Son tridimensionales, tienen peso y se me aparecen como figuras, como personajes. El hueso me parece lo indestructible, una fuerza especial. Realizo una transmutación de lo que es muerte en vida, otorgándole otro sentido."

Bajo el ala, La risa, Los dos búhos, Los reyes y Despertar son los nombres de algunas de las obras de hueso que se mezclan con bocetos de figuras masculinas, óleos y pinceles en el atelier con vista al lago.

Una vida de búsqueda

El año último fue premiada por su obra Pampa mía, en la categoría New Media o técnicas de vanguardia, durante la cuarta edición de la Bienal Contemporánea de Arte de Firenze, Italia. Recibió la medalla Lorenzo Il Magnífico y el diploma por el quinto premio.

Sol asegura: "Desde siempre, el arte fue mi tabla de salvación, mi lugar de libertad. Pinté por narrar, por encauzar mi energía en lo positivo. De la pintura, en el último tiempo pasé a la escultura. Los materiales vienen, los voy encontrando en el lugar. El arte me va llevando no sé adónde..."

El arte, una intensa búsqueda que guió sus pasos hasta Florencia

Pero antes de los premios, Sol tuvo una vida de búsqueda vinculada con el arte. En ese tiempo fue modelo, trabajó en televisión, tuvo una banda de rock y vivió la noche porteña junto con otros músicos. También viajó por el mundo y estudió yoga.

Además fue autodidacta en el dibujo y la pintura durante todos esos años, antes de encontrarse con su maestra, la artista plástica Beatriz Pereira, que le permitió encontrar un estilo propio.

En Florencia, donde llegó en 2000, estudió con el maestro Alessandro Berti que, según sus propias palabras, "me amansó. Stai rabiatta, me decía, y me insistía para que empezara de nuevo". Luego se casó, tuvo una hija y ahora espera un varón, Benjamín.

Actualmente, reparte sus días entre Chacras de la Alameda, la nueva casa en Nordelta, e Italia.

Su trabajo está en manos de coleccionistas privados argentinos y extranjeros, luego de exponer tanto en Praga, Firenze y Santiago, Chile, como en el Jardín Botánico y La Alameda, en Carmen de Areco, al aire libre.

En la capital chilena fue su idea combinar un desfile de cuadros con modelos para el Foro de Mujeres del Mercosur, y para este año planea exponer su nuevo trabajo de escultura en el Centro Cultural Borges.

Comprometido

La obra premiada Pampa mía merece un capítulo aparte. Un tronco con alambre de púa oxidado encontrado en La Alameda, una piel de cierva clavada en una cruz y los símbolos de las marcas del ganado. Materiales simples, que entrecruzan la naturaleza con la mano del hombre y que representan, desde sus grafismos, la realidad argentina tal como se manifiesta hoy.

"Las marcas son una crónica gráfica de lo que nos pasa a los argentinos. Simbolicé a los cartoneros, al exilio, a las Madres de Plaza de Mayo, al corralito, al mate, entre otros temas. La cierva hembra, mitológicamente, es la madre, y a la vez la ausencia de la vaca, lo que expresa el hambre del pueblo argentino; la cruz, que es muerte y resurrección, habla de esperanza. Fue un trabajo muy intelectual, que me costó mucho."

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