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El peso de la nutrición prenatal

La que recibe el bebe en el seno materno determinaría la aparición de distintas enfermedades crónicas durante la adultez
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22 de marzo de 2000  

Pueden la hipertensión, la aterosclerosis, la obesidad o la diabetes ser -al menos en parte- programadas en el cuerpo mucho antes de que seamos siquiera conscientes del peligro que representan? Para quienes estudian el concepto de programming , la respuesta es sí. Según esta teoría, existen períodos de la vida en que el organismo es extremadamente susceptible a distintos factores ambientales. Estos pueden desencadenar cambios biológicos que favorecen la aparición de numerosas enfermedades.

Estas ventanas han sido especialmente estudiadas por su relación con el riesgo aumentado de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes y obesidad que conlleva una inadecuada nutrición durante la vida intrauterina y los primeros años. Estos son los primeros resultados de un campo de investigación cuyas conclusiones deben trasladarse al campo de la medicina preventiva.

"Una nueva dimensión de la nutrición surge de pensar que existen ventanas críticas en el desarrollo temprano, durante las cuales la nutrición tendría consecuencias de por vida para el desarrollo y para las principales enfermedades de la vida adulta", afirma el doctor Alan Lucas, del Centro de Investigación en Nutrición Infantil del Instituto de Salud Infantil de Londres, Inglaterra, que visitó la Argentina para participar del Primer Congreso de Nutrición Pediátrica de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), que se realizó el año último. Estas ventanas serían períodos en los que el umbral de sensibilidad del organismo ante cambios en la nutrición es extremadamente bajo.

"Posiblemente existan mecanismos biológicos por los cuales se almacena una suerte de memoria de las primeras experiencias nutricionales, conservándolas durante toda la vida -sugiere Lucas-. Lo cierto es que existe información que asocia marcadores de la nutrición temprana, como la talla o el peso al nacer, con las enfermedades cardiovasculares de la adultez."

Obesidad y nutrición

"Las primeras evidencias del programming tienen más de 30 años. Mostraban una marcada asociación entre los antecedentes nutricionales tempranos y la evolución de las enfermedades cardiovasculares en la edad adulta", destaca la doctora Carmen Mazza, médica principal del Servicio de Nutrición del hospital Garrahan y presidente del mencionado congreso.

"En Holanda, durante la Segunda Guerra Mundial, hubo un período de gran restricción calórica -cuenta Mazza -. Muchos chicos sufrieron desnutrición durante su gestación. De adultos fueron estudiados y se vio que aquellos que habían padecido desnutrición durante el segundo trimestre de gestación tenían una mayor prevalencia de obesidad que los que la habían padecido durante el tercer trimestre."

Quienes estudiaron estas asociaciones sugieren que la restricción calórica durante el segundo trimestre del embarazo causaría alteraciones en la regulación neurológica del hambre y de la saciedad, mientras que de ocurrir en el tercer trimestre redundaría en un menor número de células grasas, con lo cual el comer mucho no se traduce en igual medida de grasa. "En el caso de la obesidad -señala la doctora Mazza -, se habla de tres ventanas (el segundo trimestre del embarazo, el período de los 5 a los 6 años y la pubertad) que coinciden con períodos de alta velocidad del crecimiento del tejido adiposo."

Problemas de crecimiento

"La vida fetal es muy importante para la formación del individuo -afirma el doctor José Belizán, director del Centro Latinoamericano de Perinatología (CLAP), dependiente de la Organización Panamericana de la Salud (OPS)-; un deterioro de este crecimiento puede determinar que el individuo nazca con un menor número de células, lo que no puede ser revertido durante la vida adulta."

Distintos estudios realizados por David Barker, director de la Unidad de Epidemiología Ambiental del Hospital General de Southamptom, Inglaterra, mostraron que los niños que no crecían lo suficiente dentro del útero materno, y que nacían con poco peso y baja talla, también manifestaban alteraciones del tejido nervioso que posteriormente se traducían en un menor coeficiente intelectual.

Calcio e hipertensión

Uno de los primeros trabajos de investigación en los que se comprobó que una intervención en la nutrición durante el embarazo repercute en forma directa sobre la aparición de las enfermedades crónicas se realizó en el Centro Rosarino de Estudios Perinatales y fue publicado en 1997 en la prestigiosa revista científica British Medical Journal. La inquietud que motivo este estudio surgió cuando el doctor Belizán trabajaba con poblaciones indígenas en Guatemala.

"Allí, el maíz era cocinado con cal, por lo que la ingesta de calcio era bastante elevada y reducía la incidencia de hipertensión en las embarazadas." Luego de comprobar a través de otros trabajos que efectivamente una elevada ingesta de calcio durante el embarazo disminuye la incidencia de hipertensión en las madres, Belizán decidió indagar si ésto también ocurría en los niños en gestación.

Para verificar dicha hipótesis, a uno de los dos grupos de madres que participaron del estudio se le administró un suplemento de calcio. "Los hijos de aquellas que recibieron estos suplementos durante el embarazo fueron evaluados a los 7 años; pudimos ver que tenían valores más bajos de presión arterial y una menor incidencia de hipertensión que los hijos de madres que no lo habían recibido."

"El programming es un concepto que apunta a la prevención -afirma la doctora Mazza -. Exige cuidar la nutrición de la embarazada y propone que la mujer en edad fértil programe su embarazo para que pueda llegar a ese momento en las mejores condiciones de salud."

América latina: mal pronóstico

Las consecuencias para la vida adulta de una deficiente nutrición durante el período de gestación son serias. Según el doctor José Belizán, "un niño que ha sufrido un retardo del crecimiento intrauterino presenta 3,5 veces más probabilidades de padecer hipertensión en su vida adulta y 2 veces más probabilidades de tener un coeficiente intelectual bajo". Pero ahí no termina la cuestión: una mujer que ha sufrido un retardo en su crecimiento intrauterino tiene 2 veces más posibilidades de que su hijo también lo padezca.

Desafortunadamente, las estadísticas de la región son bastante poco alentadoras: el 15% de los niños experimenta un retardo en el crecimiento intrauterino (contra un 6,9% en los países desarrollados). Es decir que cada año nacen en la región casi un 1.700.000 niños que han sufrido este tipo de retardo.

"Es necesario realizar programas de educación sexual y de planificación familiar -destaca Belizán-, pues toda mujer tiene derecho a acceder a métodos anticonceptivos para lograr un proceso reproductivo satisfactorio que le permita tener un hijo sano. Otro objetivo es lograr que la nutrición de la embarazada sea la mejor posible, tanto en cantidad como en calidad."

En cuanto a la nutrición de los recién nacidos, "ninguna es mejor que la lactancia materna a la hora de brindar las mejores condiciones de crecimiento, desarrollo y programming", afirma la doctora Carmen Mazza, para quien "hay que defender la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses". En la Argentina, las estadísticas son alarmantes: entre un 0,4 y un 3,6% (según el estudio) de los niños cumple con este requisito.

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