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Cuando a partir de noviembre entre en vigencia la ley de patentes de productos medicinales, ¿los nuevos medicamentos aumentarán de precio? Los representantes de cada sector ligado a la actividad farmacológica dan su versión sobre lo que vendrá
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22 de marzo de 2000  

En los últimos tiempos, una noticia se repite casitodos los días en diarios, radio y televisión: la entrada en vigor a fines de octubre de la ley de patentes de productos medicinales.

Según el doctor Pablo Challú, director ejecutivo del Centro Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (Cilfa), dentro de 6 meses habrá aproximadamente 1000 solicitudes de patentes de nuevos fármacos. Todos -o la gran mayoría- de laboratorios extranjeros.

Es de esperar que esos productos aventajen terapéuticamente a muchos ya existentes. Y por otra parte, es bien sabido que el cuerpo médico de nuestro país no demora en prescribir productos nuevos. Todo lo contrario: los facultativos siempre intentan estar al tanto de lo último de lo último . Y recetarán.

La pregunta inevitable, que preocupa a los usuarios tanto como sus problemas de salud, es: ¿cuánto costarán los nuevos remedios?

Originales v. copias

La ley de patentes para productos medicinales fue votada en 1995 y, desde ese momento, se supo que entraría en vigor 5 años después.

Hasta ahora, las empresas de capital nacional podían -sin infringir ley alguna- copiar la fórmula investigada y desarrollada por otro laboratorio, por lo general extranjero (que operaba o no en la Argentina), comprar la materia prima, fabricar el medicamento y ponerlo en el mercado, compitiendo con el original. En esa época se concebía el medicamento como un bien social.

De ahora en más, los nuevos productos que se agreguen tendrán patente. Es decir: un dueño exclusivo durante 20 años, a quien nadie podrá copiar sin pagarle una regalía o una licencia.

La ley de patentes argentina, a diferencia de la de Brasil y la de Uruguay, no exige a quien tiene la propiedad intelectual del fármaco que fabrique el producto en el país. Así como durante mucho tiempo fue legal copiar sin pagarle al dueño de la fórmula -y a partir de noviembre no lo será-, seguirá en cambio siendo legal desarrollar y fabricar en otro país, y comercializar acá sin perder por eso la patente sobre el producto ni rodearse de amenazantes competidores.

Sólo el cumplimiento de las provisiones de la ley, que manda otorgar licencias a otros laboratorios si los precios del propietario de la patente son excesivos, puede poner freno a posibles abusos monopólicos.

¿Qué pasará desde fines de octubre con los nuevos medicamentos que salgan al mercado? Los expertos coinciden en que la renovación de un 40 por ciento del arsenal farmacológico demora actualmente entre 8 y 10 años.

Pero como desde hace un lustro es legal en la Argentina la solicitud de una patente de medicamentos ante el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INPI), llegaremos a octubre próximo con mil patentes a la espera de ese otorgamiento.

La experiencia brasilera

"El descontento con el precio de los medicamentos se da en todo el mundo -reflexiona Ginés González García, ex ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires y titular de la Fundación Isalud-. Los medicamentos no tienen precio; se lo ponen. Y el tema patentes es un formidable impulso a los precios, que se incrementarán. Pero la patente y su monopolio no es un problema de precios, sino también moral. O cuando se descubra una vacuna contra el SIDA, ¿sólo la recibirán los ricos?"

El futuro no es así para el doctor Martín Massini Ezcurra, director ejecutivo de la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (Caeme), entidad que agrupa a 3 laboratorios nacionales y 41 foráneos con un aspecto en común: "Representan a industrias de investigación para la producción original de medicamentos -afirma Massini Ezcurra- a diferencia de la industria de copia, que toma sin permiso las fórmulas farmacéuticas que investigaron y desarrollaron otros".

Para el doctor Ezcurra, que explica que el 55 por ciento de los asociados a Caeme tiene plantas fabriles en la Argentina, la ansiada puesta en vigor de la ley de patentes de ninguna manera augura un aumento de los precios.

"La incorporación de nuevos productos es muy baja, un 5 por ciento de todo el mercado de medicamentos que se venden actualmente en la Argentina, que asciende globalmente a unos 4 mil millones de dólares -explica Ezcurra-. No es que esto vaya a ocurrir, pero en el caso de que fueran más caros habría que mirarlo en perspectiva; por ejemplo, evaluar si debido a la novedad terapéutica que introducen acortan días de internación o adelantan la sanación de un enfermo. Pero en un mercado de competencia efectiva, plena y real, no competencia ficticia como hubo en la Argentina hasta ahora, los precios no deberían aumentar. Y menos pensar en un desabastecimiento, porque a partir de la ley las empresas tendrán más seguridad jurídica y previsibilidad."

Sin embargo, para el doctor Challú, que representa a la cámara que agrupa a unos 70 socios, en su mayoría de capital argentino, la experiencia brasileña, es ilustrativa: a partir de la ley de patentes, los precios de los medicamentos aumentaron.

"Brasil nos lleva una gran ventaja -se lamenta Challú-. Allí la ley obliga a fabricar en el país para no perder la patente. Varios laboratorios multinacionales cerraron sus puertas locales y se fueron a Brasil. Se adecuan a la norma: sustituyeron fuertemente la fabricación local por importaciones de sus propias firmas. En 5 años, el 35 por ciento. Hay un riesgo real de que la ley de patentes aumente este éxodo."

El doctor Massini Ezcurra muestra los argumentos de los que diseñan drogas originales: las empresas dan trabajo a 10.000 personas en el país, algunas están realizando investigación y desarrollo de drogas localmente (otras planifican hacerlo) y otras han construido nuevas plantas.

"Lo han hecho acá y también en Brasil -comenta el funcionario de Caeme-. Por ejemplo, en la Argentina las empresas fabrican una línea de productos de venta libre y en Brasil de fármacos bajo receta. Son ejemplos de especialización y complementación."

Sin embargo, para un experto en el tema que prefirió mantener su nombre en reserva, es simple entender estrategias como las apuntadas por Massini Ezcurra: los productos de venta libre no pagan patente; los recetados, sí. Y en Brasil quien no fabrica pierde la patente. El éxodo hacia la tierra del samba es una opción tanto para empresas locales como extranjeras.

Multinacionales piratas

Uno de los comentarios preferidos del sector que desarrolla drogas originales es que los laboratorios argentinos no se comportaron de manera ética. Fueron piratas copiando conocimiento ajeno.

Según otro experto, que también prefirió mantener su nombre en reserva, el planteo extranjero es equívoco, y por varias razones. Primero, no se los forzó a venir a un país donde claramente no existía ley de patentes y sí el riesgo de ser copiados dentro de un marco legal. Pero hay algo más.

"Las verdaderas piratas han sido las empresas multinacionales -se enoja el informante que no quiso identificarse-. Varias firmas importantes compraron laboratorios locales más pequeños que copiaban tanto sus productos como los de otras compañías multinacionales. Cuando hicieron esa operación no sacaron inmediatamente del mercado los productos imitación de otras firmas colegas. ¿Eso es ética o piratería?" El futuro no parece fácil para los laboratorios argentinos sin posibilidades concretas de desarrollar medicamentos originales. Esto supone disponer de enormes capitales y una larga tradición de investigación. No en vano existen muy pocos países en el mundo que crean medicamentos: Estados Unidos, Japón, Alemania y en menor medida Suiza, Francia e Inglaterra.

La Argentina es un país donde es caro producir y dar trabajo, y los empresarios están obligados a pagar altos impuestos. Eso explica, en parte, por qué acá los medicamentos son más caros.

Si bien es cierto que hay que honrar y proteger la investigación original, según Ginés González García, "en la Argentina un 30 por ciento de la población ya no puede comprar medicamentos. Sin embargo, la cifra total de ventas de fármacos creció. Se venden menos, pero a un precio mayor." Si se repite lo ocurrido en Brasil y otros países del mundo, tal vez sean aún más caros.

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