Persistencia, llave de la cura

A pesar de que se lo conoce en profundidad, el mal va en aumento, especialmente por su nefasta combinación con el SIDA
A pesar de que se lo conoce en profundidad, el mal va en aumento, especialmente por su nefasta combinación con el SIDA
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22 de marzo de 2000  

Cuál es la causa de que la Organización Mundial de la Salud haya instituido el 24 de marzo como el Día Mundial de la Lucha contra la Tuberculosis? Las cifras de morbilidad y mortalidad en el mundo lo justifican: 10 millones de enfermos nuevos en el año 2000 y 11.9 millones estimados para el 2005; 3 millones de muertos por tuberculosis en 1995 y alrededor de 3,5 millones previstas para este año. Mientras la enfermedad está controlada en los países desarrollados, la tendencia al aumento, vinculada en los últimos años con su asociación con la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (HIV) es preocupante.

Desde el punto de vista clínico, la situación es paradojal. De la tuberculosis se conoce todo. El agente causal, el Mycobacterium tuberculosis, fue aislado por Robert Koch en el siglo XIX. Afecta principalmente el aparato respiratorio y se transmite de una persona a otra, adultos o niños. Su forma de diagnóstico es bien conocida y no plantea problemas difíciles. En cuanto al tratamiento, se cuenta desde hace 25 años con drogas eficaces que son capaces de curar a todos los pacientes en un plazo de seis meses. ¿Por qué, entonces, no se la puede controlar?

Mal manejo

Aunque llame la atención, la principal causa de la persistencia de la tuberculosis es el mal manejo de los pacientes. Las instituciones estatales, los organismos no gubernamentales y los médicos en general consideraron que la aparición de drogas eficaces capaces de curar a todos los enfermos en un plazo corto terminaría con la enfermedad.

Cayeron en el vacío sugerencias de los clínicos destacados de la década del 70 (W. Fox y otros) que aconsejaban la supervisión de medicamentos durante el lapso indicado. Esta falta de control lleva a que los pacientes dejen de tomar las drogas que se les indican; entonces, no curan su proceso infeccioso, que se prolonga y contagia a quienes están en contacto con él. Existen pacientes que toman la medicación en forma irregular y no como se la prescribe el médico, y eso lleva a la aparición de bacilos resistentes a dichas drogas, que al ser transmitidos a otra persona le producen una tuberculosis resistente. Este fenómeno de drogarresistencia está aumentando en muchos países y es motivo de seria preocupación.

Contra el abandono

La OMS ha reaccionado frente a esta situación y está aconsejando una nueva estrategia para el tratamiento de los enfermos tuberculosos: el tratamiento directamente observado, de corta duración (DOTS, en inglés), que consiste en que se supervise la toma diaria de medicamentos por parte del enfermo. De esta manera se evitarán los abandonos tan frecuentes de los tratamientos. Estas normas se están aplicando desde hace poco en países como China, Perú y otros, y los resultados son halagüeños. En Brasil se han implementado el año último.

En nuestro país han existido algunos ensayos aislados; hace varios años, en Neuquén, el doctor Enrique Zabert aplicó una estrategia similar con mucho éxito. En Buenos aires, en la Liga Argentina contra la Tuberculosis y con la colaboración de la Fundación Navarro Viola se aplica desde hace dos años una estrategia DOTS y los resultados son excelentes.

Habrá que pensar en aplicar estos métodos en áreas más extendidas y conseguir así el control de la enfermedad. Pero la base para aplicar esta estrategia requiere en cada país de un compromiso político y financiero sin el cual resultará estéril cualquier esfuerzo orientado en tal sentido.

El autor es profesor consulto y presidente de la Liga Argentina contra la Tuberculosis

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