Por miedo al coronavirus bajaron a la mitad las consultas de urgencia por ACV

La gente tiene miedo de contagiarse coronavirus, pero aumenta su riesgo de discapacidad posterior al postergar el chequeo. Los expertos muestran preocupación y aseguran que los circuitos de atención van por canales separados
La gente tiene miedo de contagiarse coronavirus, pero aumenta su riesgo de discapacidad posterior al postergar el chequeo. Los expertos muestran preocupación y aseguran que los circuitos de atención van por canales separados Crédito: Shutterstock
Gabriela Navarra
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8 de mayo de 2020  • 07:24

La gente tiene miedo de contagiarse coronavirus . Pero al no requerir atención en guardia aumenta su riesgo de discapacidad posterior. Los expertos muestran preocupación y aseguran que los circuitos de atención van por canales separados.

Cada 9 minutos, algún argentino tiene un accidente cerebro vascular (ACV). Pero desde que comenzó la pandemia sólo la mitad busca ayuda en forma urgente. La causa de esta conducta tiene un nombre: miedo . Las personas evitan ser derivadas a una guardia por temor a contagiarse la infección.

"No hay motivos para pensar que existan menos casos de ACV y esta disminución preocupa -explica Adolfo Savia, Jefe de Emergencias y Coordinador de ACV del sanatorio Anchorena Recoleta-. El ACV permite alternativas terapéuticas durante un período que oscila entre las 4 y las 6 horas post evento, aunque en algunos casos puede extenderse a 24 horas".

El ACV es la tercera causa de muerte en nuestro país, pero la primera de discapacidad , más que los accidentes de tránsito. La gran mayoría es de tipo isquémico (85%) y se produce cuando algún trombo o coágulo obstruye la circulación en el cerebro. En un 15% ocurre por una hemorragia cerebral.

"Hasta el inicio de la pandemia, el 60% de los pacientes llegaba dentro de las 3 horas de producido el evento -dice María Cristina Zurrú, jefa de la Sección de Enfermedad Cerebrovascular del Servicio de Neurología del Hospital Italiano de Buenos Aires-. Pero en abril pasado registramos una abrupta disminución".

Transitorios, pero peligrosos

Zurrú agrega que la mejor medida frente al nuevo virus es el aislamiento social, sobre todo de grupos de riesgo, "pero quedarse en casa con síntomas agudos de un ACV puede ser mucho más riesgoso que una infección por COVID-19".

"En 2018 fallecieron en nuestro país 19.000 personas por ACV -afirma Gabriel Persi, neurólogo, Jefe del área de Enfermedades Cerebrovasculares del instituto de Neurociencias de Buenos Aires (Ineba) y director del Consejo de Stroke de la Sociedad Argentina de Cardiología-. Es un número alto. La disminución de las consultas de urgencia ya pasó en otros países. Luego llegaron pacientes con un segundo evento por no haber consultado a tiempo y eso también sobrecargó el sistema de salud. Hoy, aquí, el sistema no está colapsado, entonces la persona con síntomas agudos puede ir a una guardia sin temores."

Persi añade que también se pueden generar cuadros momentáneos que revierten en forma espontánea: son los ataques isquémicos transitorios (AIT). Siempre son síntomas de comienzo súbito e inesperado, pero si al cabo de algunos minutos desaparecen la persona puede estar menos motivada para consultar. "Y esto es un grave problema, porque las posibilidades de un nuevo evento, ya no transitorio, son más del 30 por ciento", señala.

Síntomas del ataque transitorio

Los sintomas súbitos que demandan urgente consulta, transitorios o no, son: pérdida de la fuerza en brazo y/o pierna, disminución de la sensibilidad o fuerza en la mitad del cuerpo, dificultad para hablar, inestabilidad para caminar o incoordinación, pérdida del equilibrio, desviación de la comisura labial, dificultad para ver, dolor de cabeza muy intenso (ver video).

El daño posterior es muy variable, depende mucho de la velocidad de intervención en agudo e incluye la pérdida total o parcial del habla, la memoria, las funciones cognitivas, parálisis de partes o de la mitad del cuerpo, necesidad de asistencia parcial o completa.

Caminos separados del ACV y del virus

En épocas de pandemia los llamados a emergencias están organizados en canales que distinguen la sospecha de un caso de Covid-19 de otros problemas. Lo mismo pasa al llegar al triage (tamiz) de la institución de salud.

Puede ocurrir que la misma persona con síntomas de ACV sea sospechosa de infección por SARS-Cov 2. "Si se presentan ambos cuadros en forma simultánea se los separa en otro sector, siempre aislado del resto -puntualiza Zurrú- y se realizan las pruebas para confirmar o no la infección. Pero mientras tanto el paciente es atendido por su ACV."

Los tratamientos varían según el tipo de ACV. En los isquémicos se disuelve la obstrucción con drogas (trombolisis) o dispositivos mecánicos (trombectomía, que "captura" el coágulo); los hemorrágicos pueden requerir una intervención para reducir la presión intracraneana.

Por otra parte, en algunos casos de infección por Coronavirus se vio mayor frecuencia de trombosis (coágulos) y ACV. "Ocurrió en otros países, en pacientes generalmente jóvenes, en cuadros de mayor severidad -dice Adolfo Savia-. Todavía no lo hemos visto aquí, pero sí sabemos que a más inflamación más riesgo de trombosis. Por eso los pacientes moderados y severos con COVID-19 reciben terapia antitrombótica; en los casos leves no porque un anticoagulante nunca está exento de riesgos".

Adolfo Savia afirma que la Argentina se sumó a la iniciativa Angels, "una acción global, patrocinada por las asociaciones Europea y Mundial de Stroke que busca entrenar a los centros públicos y privados para aumentar la capacidad de atención y mejorar el reconocimiento y la velocidad de respuesta. Ya hemos realizado simulacros y capacitación en 120 instituciones del país".

El riesgo de ACV aumenta en casos de diabetes, colesterol alto e hipertensión. Según el Estudio Epidemiológico Poblacional sobre Accidentes Cerebrovasculares (EstEPA), un 2% de la población mayor de 40 años en Argentina ha sufrido un ACV (cerca de 340.000 personas).

La prevalencia es mayor en hombres que en mujeres y luego de los 75 años alcanza al 4% de la población. Por eso aconsejan estar en contacto con las personas mayores durante la cuarentena para asistirlos en caso de presentar síntomas compatibles con un ataque cerebral.

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