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Tránsito detenido

Por Gabriela Navarra De la Redacción de La Nación
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29 de marzo de 2000  

Entre los distintos males con los que la vida moderna supo castigar a los humanos, la constipación es uno de los más frecuentes.

No es necesario explicar de qué se trata. Pero sí decir que, entre sus causas, se encuentran la vida sedentaria -que disminuye el tono de los músculos abdominales-, la inhibición del reflejo defecatorio por falta de tiempo, el consumo exagerado de azúcares y harinas blancas, la falta o el mal funcionamiento de la vesícula biliar, ciertos medicamentos (por ejemplo, antidepresivos) y la falta de fibras y líquidos en la dieta.

El primer paso en estos casos es modificar el estilo de alimentación y agregar algún tipo de actividad física. Reeducar la función intestinal significa también respetar las necesidades del organismo y asignar a la misión horarios fijos.

La mejor hora para la eliminación es luego del desayuno. Es importante que éste sea rico en fibras y en líquidos, para ayudar el movimiento intestinal.

La función de la vesícula se puede estimular agregando una cucharada de aceite de oliva a las comidas y evitando los alimentos que constipan: carnes, productos sobre la base de harinas refinadas (azúcar, pastas y arroz blanco, pastelería, etcétera), café y té.

Existe una crema que, ingerida en el desayuno, puede estimular naturalmente la función intestinal. Para elaborarla, hay que dejar en remojo la noche anterior en un vaso de agua una cucharada sopera de semillas de lino y dos orejones o ciruelas desecadas. A la mañana siguiente, colocar en la licuadora con una o dos frutas de estación bien maduras (que no sean cítricos) y una cucharada de levadura de cerveza virgen. Esta crema debe consumirse con cuchara, de a poco, para estimular la función evacuatoria.

Otro pilar es la incorporación de fibras en la dieta cotidiana. Las fibras -que por ignorancia, hasta hace algunos años, eran consideradas antinutrientes- no sólo mejoran la función evacuatoria, sino que también ayudan a eliminar el colesterol.

Por eso las fibras se consideran algo así como escobas, que arrastran distintas sustancias y aumentan la velocidad del tránsito intestinal. Sin embargo, la incorporación debe realizarse lentamente porque por exceso o falta de costumbre pueden producirse trastornos como gases, dolores (de tipo cólico) y diarreas.

Algunos trucos ayudarán a ir agregándolas a la alimentación casi sin darnos cuenta. Por ejemplo:

  • Usar salvado en lugar de pan rallado para empanar milanesas.
  • Agregar salvado en vez de pan en la preparación de albóndigas o hamburguesas caseras.
  • Acompañar toda clase de comidas que contengan carnes con pan o cereales integrales, que contienen buena cantidad de fibras.
  • Incorporar vegetales fibrosos, como el apio o las crucíferas (broccoli, coliflor, etcétera) cuando se consuman carnes u otros alimentos de origen animal.
  • Sin embargo, no exagerar con las fibras cuando ya se ingieren diariamente alimentos como semillas de lino, sésamo o girasol; aceites de primera presión en frío (por ejemplo, el de oliva extravirgen); pescados de mares fríos (atún, salmón, caballa), y vegetales de hoja verde, que ayudan a mantener activa y naturalmente equilibrada la función evacuatoria.

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