Comienza el juicio a un policía que baleó a un joven en La Boca porque "lo miró mal"

Lucas Cabello, con las secuelas del ataque que casi lo mata
Lucas Cabello, con las secuelas del ataque que casi lo mata Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno
El hecho ocurrió en noviembre de 2015; tras un altercado, el exagente de la Metropolitana le disparó tres tiros a Lucas Cabello, que quedó hemipléjico
Gastón Rodríguez
(0)
20 de agosto de 2019  

Estuvo casi dos años internado. En los primeros tres meses no pudo comer ni beber por sí mismo y solo le apoyaban una gasa mojada en los labios para hidratarlo. Su fuerza de voluntad le permitió pasar de la cuadriplejia a la hemiplejia; hoy mueve los brazos. Esa recuperación, fruto de un esfuerzo ciclópeo, le demandó a Lucas Cabello, de 23 años, menos tiempo que el que le tomó llegar a esta situación de ver cara a cara, en un tribunal, al hombre que lo dejó en ese estado.

El imputado llega libre al juicio a pesar de que está acusado de "homicidio agravado por el abuso de la función de miembro integrante de una fuerza policial, en grado de tentativa". Se trata de Ricardo Luis Gabriel Ayala, de 27 años, exagente de la desaparecida Policía Metropolitana, antecesora de la Policía de la Ciudad porteña. Fue excarcelado bajo fianza -que le fue reducida de 300.000 a 100.000 pesos- en 2017, casi al mismo tiempo en que, tras haber vivido la peor parte de su calvario, Lucas Cabello pudo recuperar la movilidad de los miembros superiores.

El hecho por el cual Ayala será juzgado desde pasado mañana por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 1 -la fecha original de debate era el 9 de abril pasado-ocurrió el 9 de noviembre de 2015 en el pasillo de un hotel familiar y hogar de tránsito para personas de bajos recursos o en situación de calle del barrio de La Boca.

Ese día, a las 15.45, según contó este año a LA NACION el propio Cabello, se cruzaron en la puerta del lugar, en Martín Rodríguez al 500. El policía, que se había alistado hacía seis meses, cumplía allí una consigna frente a la casa de una mujer que había activado un botón antipánico tras una discusión con una vecina. Un cruce de miradas y una breve discusión precedieron el cruento desenlace: tres tiros, primero uno en la cara y luego otros dos cuando la víctima ya estaba en el piso, inerme, indefensa.

El camino hacia el juicio para el querellante fue escarpado. El juez que llevó adelante el caso, Osvaldo Rappa, había caratulado el hecho de exceso en la legítima defensa. Consideró que había sido fruto de un "altercado" en el que Ayala "se sintió intimidado y se excedió, siendo imprudente y con un accionar negligente". El policía, en su primera declaración, había dicho que Cabello estaba armado. Se comprobó que no era así y que el único que disparó fue el agente.

El 15 de marzo de 2016, cuatro meses después de haber quedado postrado, Cabello pudo dar su testimonio. Dijo que aquella tarde había salido del hogar en el que vivía con su esposa y su hija de dos años para comprar dos sándwiches de milanesa en la panadería de la esquina. Al llegar a la vereda vio en la puerta vecina a un policía. Él lo miró y el otro también, de arriba a abajo. Cuando volvía con los sándwiches se repitió ese desafío visual.

"Cuando volvía al hogar me dijo: '¿Qué miras?'; yo le contesté y empezamos una discusión normal entre dos pibes de 20 años, pero él tenía un arma en la cintura, gran diferencia. Me dijo que era policía y podía hacer lo que quisiera, y yo le dije que si de verdad era policía tendría que estar custodiando un banco, no a dos mujeres que se pelean", recordó Cabello a LA NACION a principios de este año.

"Metete adentro", le dijo Ayala. Él enfiló por el pasillo y de repente escuchó pasos fuertes detrás suyo. Se detuvo y se dio vuelta: el policía le apuntaba a la cabeza. "A menos de un metro me disparó a la cara y me desplomé. Esa primera bala entró y no salió. Después me explicaron que al ser una distancia tan corta la bala no tomó fuerza. Hasta el día de hoy la tengo encapsulada en el cuello. Los médicos no se animan a sacarla porque hay riesgo de muerte", explicó la víctima.

El daño fue irreparable. El proyectil le ingresó por el mentón, le fracturó la mandíbula y dos vértebras, y faltó poco para que le seccionara la médula. "Al escuchar el tiro mi exmujer salió de la pieza y solo atinó a sostenerme la cabeza en el piso; detrás de ella salió mi hija, que tenía dos años. Yo nunca perdí el conocimiento, así que me acuerdo de todo. Al policía no le importó nada, se acercó más y me disparó otra vez, primero en la pierna derecha y después en un testículo", precisó Cabello.

Cuando fue detenido, Ayala afirmó que había disparado contra Cabello al intervenir en una presunta agresión a una vecina, que lo había hecho "según los protocolos" de la fuerza y que, además, pensó que el joven estaba armado, lo que fue descartado por la Justicia.

En enero de 2017, la Cámara de Apelaciones recaratuló el expediente como "tentativa de homicidio agravado". Los camaristas concluyeron que la acción de Ayala "configuró una gravísima violación de los derechos humanos, en tanto se ha vulnerado la integridad física de Cabello con riesgo de su vida mediante la potestad que el Estado le brinda a un agente de una fuerza de seguridad, el monopolio de la fuerza".

Los fiscales Susana Calleja y Miguel Palazzani, por entonces a cargo de la Procuraduría de Violencia Institucional (Procuvin), pidieron la elevación a juicio del caso por la tentativa de homicidio agravada. Ahora, la fiscal de juicio Irma Adriana García Netto tendrá a su cargo defender esa acusación en busca de lograr, como pide Cabello, la mayor condena para el hombre que le arruinó la vida.

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.