Condenaron a un sicario que recibía órdenes desde una cárcel

Andy Caminos, sobrino del asesinado jefe de la barra leprosa, fue condenado a 26 años de cárcel
Andy Caminos, sobrino del asesinado jefe de la barra leprosa, fue condenado a 26 años de cárcel Fuente: Archivo - Crédito: Marcelo Manera
Germán de los Santos
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29 de julio de 2019  • 20:39

ROSARIO.- A Lorena Ojeda, de 16 años, la mataron porque era parecida a su hermana Brisa, testigo del crimen de su novio. Su testimonio era clave para incriminar a Rubén Segovia, "delegado" de Los Monos en la barra de Newell's, en una rueda de reconocimiento. Por eso ordenaron ejecutarla el 16 de diciembre de 2016.

Uno de los sicarios que le disparó fue Andrés Caminos, quien ayer al mediodía fue condenado a 26 años de prisión en un juicio abreviado, en el que fue acusado además por otros dos homicidios y un intento de asesinato.

Andy, quien dominaba junto a Alexis Caminos, su primo, el barrio Municipal de Rosario y servían para Segovia, también fue condenado por los asesinatos de Carlos Juárez, que ocurrió el 25 de diciembre de 2016 y el de Cristian Reynoso el 19 de abril del 2018.

Este muchacho, sobrino del histórico jefe de la barrabrava de Newell's Roberto Caminos, alias Pimpi, asesinado en marzo de 2010, mataba en nombre de Segovia, quien desde la cárcel de Piñero, a 20 kilómetros de Rosario, no sólo ordenaba ejecuciones sino que intentaba conducir la tribuna de ese club, donde era una especie de "delegado" de la banda de Los Monos.

En ese momento Segovia, alias Tubi, con Andrés y Alexis Caminos como su brazo armado, había asesinado a sus rivales que aspiraban a conducir la barra, donde se mezclaban los negocios ligados al narcotráfico pesaban más que la pasión futbolera.

El primero de la lista a "eliminar" fue Matías Franchetti, alias Cuatrerito, que fue ejecutado el 7 de junio de 2016 cuando salía del Coloso del Parque Independencia. La policía detuvo a dos sicarios que habían recibido órdenes de Segovia con una Bersa mini-Thunder calibre 9 milímetros, que vaciaron en el cuerpo de Franchetti.

Cuatrerito cargaba en su prontuario haber cumplido en 2012 una condena a tres años de prisión en Portugal por el caso Carbón Blanco, uno de los mayores contrabandos de cocaína de la historia.

El que le siguió fue Maximiliano Larrocca, testigo de ese crimen, y quien ocupó el lugar del fallecido. Pero su permanencia fue efímera al frente de la barra. Veintiún días después Tubi lo mató cuando decidió parar a comprar un medicamento en una farmacia de Pellegrini al 5300.

El 22 de junio de ese año Tubi le bajó el pulgar a un sicario que trabajaba para él, que -de acuerdo a la investigación- se había negado a ejecutar a Franchetti. Johnatan Rosales pagó caro esa deslealtad.

Fue acribillado cuando iba en una moto con su novia Brisa Ojeda y su beba de 8 meses en brazos. La joven de 18 años, que también resultó herida, fue la única testigo. Uno de los que disparó contra Rosales fue Andrés Caminos, según el acuerdo de juicio abreviado que firmaron ayer los jueces del tribunal conformado por Hernán Postma, María Carrara y Hebe Marcogliese.

Una familia aterrada

La familia de Brisa estaba aterrada. El fiscal Ademar Bianchini ordenó la detención de Elías Benegas, en diciembre, un hombre de Segovia que participó en la ejecución. Se comenzaba a cerrar el cerco sobre Tubi.

Segovia llamó en diciembre desesperado desde el penal de Piñero a su abogado Marcos Cella. Y le hizo un pedido que le costó muy caro. Desde el penal, donde había sido enviado en octubre tras quedar detenido en el hospital de Emergencias con un disparo, Segovia le ordenó a su defensor que suspendiera la rueda de reconocimiento de la única testigo Brisa Ojeda.

"Amplialo para la semana que viene. Yo veo si la hago desaparecer", le dijo Segovia a su abogado, según las escuchas judiciales. Y eso ocurrió. Tubi ordenó matar a la joven. Cuatro hombres, entre ellos Andrés Caminos, fueron al otro día hasta su casa en Vera Mujica y Rueda, y dispararon cuando una chica abrió la puerta. Era Lorena, de 16 años, muy parecida a su hermana. Murió cinco días después por los dos tiros que le perforaron el tórax.

El abogado fue detenido e imputado de "partícipe necesario" del asesinato, pero pagó una fianza de 1.000.000 de pesos y salió en libertad. Juró "por Dios" que nunca escuchó a su cliente decir que iba hacer desaparecer a la testigo. En diciembre de 2018 fue condenado a tres años de prisión.

El de Lorena no fue el único crimen que Segovia ordenó desde el penal de Piñero. Por teléfono sus hombres recibieron las directivas de matar a Lautaro Funes, uno de los líderes del clan contrario a Los Caminos, los nuevos socios de Los Monos. Pero la emboscada que planeó no salió como esperaba. Sus sicarios fallaron. Lamparita Funes no sufrió un rasguño y en cambio las balas impactaron en Lisandro Fleitas.

Ese error le costó la vida a Tubi. Una de las versiones más fuertes es que Segovia no pudo cumplir con un nuevo encargo: asesinar a Funes dentro de la cárcel, donde fue enviado el 22 de setiembre de 2016 luego de que lo apresara la Policía Federal. En abril de 2018 Segovia fue asesinado a cuhillazos dentro de una celda en la cárcel de Coronda, donde sus verdugos fueron un grupo de presos encapuchados.

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