Conmoción en Puerto Madero por el crimen de una médica

Agustina Salinas, de 26 años, fue acuchillada por su novio ante el estupor de los transeúntes; la Prefectura lo detuvo a los tiros y murió horas después
Valeria Musse
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11 de abril de 2015  

Se habían conocido en la universidad. Estuvieron cuatro años de novios. Ella era una joven alegre, llena de vida y feliz. Hacía un día que había logrado alcanzar la especialidad de pediatría en su profesión de médica. Pero no pudo disfrutar de su carrera. Tampoco de su vida. Fue asesinada a puñaladas por su pareja en las calles de Puerto Madero. Él, el asesino, murió pocas horas después por las heridas que recibió de un prefecto que le disparó cuando intentó frenar el homicidio de la joven.

El trágico desenlace ocurrió anteayer en Alicia Moreau de Justo y Macacha Güemes. Agustina Salinas tenía 26 años y fue asesinada con un cuchillo.

Salinas estaba de novia con Marcos Álvarez, de 28 años. En el último tiempo, la relación se había vuelto tortuosa, según contaron los testigos a los investigadores.

Al caer la tarde, el joven Álvarez corrió a Salinas por la avenida Alicia Moreau de Justo, en Puerto Madero. Ella gritaba. En el cruce de esa concurrida avenida con Macacha Güemes, Álvarez sacó un cuchillo y apuñaló a la mujer con ensañamiento.

Así lo confirmarían luego fuentes de la investigación consultadas por LA NACION: el cuerpo de la joven, que yacía sobre un jardín lindero a un estacionamiento subterráneo, presentaba una herida cortante a la altura del pecho, una en la espalda y dos en el cuello. Por intentar defenderse, su mano izquierda también presentaba heridas cortopunzantes.

Un suboficial de la Prefectura Naval que estaba asignado a la seguridad de la zona advirtió lo que ocurría debido a los gritos desgarradores de Salinas y de las personas que pedían auxilio.

En dos oportunidades el uniformado le dio la voz de alto al agresor, pero Álvarez, excitado, hizo caso omiso de la orden. Fue entonces cuando el prefecto disparó contra Álvarez. Uno de los tiros impactó en la zona de la ingle y otro en un muslo, por lo que se desplomó y fue apresado, según agregaron las fuentes consultadas.

Médicos del Servicio de Atención Médica de Emergencias (SAME) que llegaron al lugar de los hechos, situado a pocos metros del edificio Guardacostas, sede central de la Prefectura Naval, constataron que la joven había fallecido desangrada a raíz de la serie de heridas.

Álvarez, en tanto, fue trasladado al hospital Cosme Argerich, donde fue ingresado en la guardia en delicado estado de salud. Pocas horas después, y mientras era intervenido quirúrgicamente, falleció, según informaron fuentes con acceso al expediente.

Detectives de la División Homicidios de la Policía Federal, a cargo de la investigación, secuestraron en el lugar un cuchillo con una hoja de un solo filo de 12 centímetros de largo y dos vainas.

Los peritos intentaban determinar si el agresor había tomado el arma blanca de un bar en el que, minutos antes, habría estado con su pareja o si lo traía consigo desde su casa, en la ciudad de Quilmes.

El barrio donde vivía la víctima con sus padres y sus dos hermanos menores, en Boedo, amaneció sumido en una profunda tristeza.

En los alrededores del dúplex situado en José Mármol al 2000, donde vivía la víctima, los vecinos recordaban a Agustina entre lágrimas, consternados.

"Era una chica muy amorosa. Se había esforzado tanto para recibirse de doctora... incluso estaba haciendo la residencia en un hospital", contó a LA NACION Mari, una mujer que atiende una verdulería justo enfrente de la casa donde vivía la víctima y cuyo relato se entrecortaba por la angustia y el llanto contenidos.

Conmoción y dolor

La comerciante recordó que anteayer a la noche, alrededor de las 20, Jorge, el padre de Agustina, había estado bromeando con ella en el local. "Y pensar que a esa hora su hija estaba muerta", reflexionó. Nadie en el vecindario recordaba haber visto alguna vez al joven Álvarez.

En la vivienda de la joven sólo había silencio. Las pocas personas que entraban lo hacían sin hacer declaraciones. En el inmueble eran recibidos por los dos hermanos menores de la víctima y el padre, que pidió que se respetara a la familia. La mamá, Adriana, había salido temprano en su vehículo.

Una mujer del barrio, que sólo se identificó como Pachi, estaba sorprendida por lo que había sucedido. Se había enterado de la noticia del femicidio de una muchacha, pero no había caído en la cuenta de que se trataba de su vecina. "Hace como diez años que conozco a la familia. Agus era una linda persona. Aún no lo puedo creer."

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