Crimen de las israelíes: Gilad atacó a guardiacárceles como un gato y pedirán trasladarlo a un psiquiátrico

El ciudadano israelí, que vive en Mendoza desde hace más de una década, está imputado por homicidio agravado por el vínculo, en el caso de su mamá.
El ciudadano israelí, que vive en Mendoza desde hace más de una década, está imputado por homicidio agravado por el vínculo, en el caso de su mamá. Crédito: Archivo
Pablo Mannino
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12 de marzo de 2019  • 16:54

MENDOZA. Gilad Pereg cree que es un gato. Al menos así lo dejó en evidencia nuevamente dentro de la cárcel, donde recibió, desnudo y amenazando con "maullidos", "bufidos" y manotazos a los guardiacárceles que debían llevar adelante una medida de control sanitario del hombre acusado de asesinar a su madre y a su tía, el día de su llegada a esta provincia desde Israel, previa escala en Buenos Aires, el 12 de enero pasado.

Los investigadores del caso creen que lo del "hombre-gato" no es más que una actuación magistral con la que el procesado quiere mostrar que padece de serios problemas mentales. Sospechan que, en realidad, se trata de una estrategia de los abogados de Pereg para lograr que su defendido sea trasladado a un neuropsiquiátrico. De hecho, los letrados adelantaron que presentarán un hábeas corpus en la Justicia para lograr ese objetivo y sacar al acusado del penal de Boulogne Sur Mer.

De esta manera, una vez más, Gilad Saroussy Pereg, de 36 años, que en esta provincia adoptó el nombre de Nicolás, apeló a su "fanatismo" y "mimetización" con los felinos (de hecho, tenía 37 gatos cuando lo detuvieron en su casa, dos semanas después del crimen), para lograr que lo saquen de la cárcel, donde está procesado por el doble asesinato de su madre, Pyrhia Saroussy, de 63 años, y de su tía, Lily Pereg, de 54.

"Presentaremos un hábeas corpus pidiendo que lo deriven al hospital psiquiátrico El Sauce. El Servicio Penitenciario filtró un video y ahí se puede ver que no saben cómo actuar", indicó Maximiliano Legrand, uno de los abogados de Gilad.

La grabación, que comenzó a circular por todos los portales y redes sociales, fue difundida por el diario local El Sol, donde se puede ver al acusado sentado, sin ropa, dentro de su celda, haciendo el sonido de un gato enojado y largando manotazos a los penitenciarios que le piden que se aliste para un control sanitario.

La escena provocó tanta sorpresa entre los agentes de la prisión que optaron por cerrarle la puerta y dar aviso a las autoridades de la imposibilidad de controlarlo. Además, fuentes del caso, aseguran que periódicamente el hombre se orina y defeca encima en su celda, tal como hizo días atrás ante un juez, en una audiencia de revisión de la prisión preventiva.

Quienes lideran la pesquisa apuntan a una maniobra defensiva para hacerse pasar por "loco" y lograr que sea declarado inimputable, aunque los primeros peritajes psiquiátricos -realizados por especialistas del Poder Judicial- establecieron que comprendía la criminalidad de sus actos.

https://www.youtube.com/watch?v=-YjrGcAhO0E

Pereg, que vive en Mendoza desde hace más de una década, adonde llegó desde Israel (allegados a su familia dicen que debió huir de Medio Oriente) está imputado por homicidio agravado por el vínculo, en el caso de su madre, quien fue estrangulada con un lazo y recibió una paliza previa, y por homicidio simple agravado por el uso de armas en el caso de su tía, que recibió tres tiros de un revólver calibre 38. Ambas fueron arrastradas hasta un pozo en la propiedad en la que moraba Gilad, donde quedaron tapadas con tierra y piedras. Además, sus cuerpos fueron atravesados con barrillas de hierros, sobre todo en la zona genital.

Pyrhia y Lily habían llegado a tierra cuyana el viernes 11 de enero y se alojaron en un departamento céntrico. El sábado fueron a la casa del joven, ubicada a unos cinco kilómetros, en la comuna de Guaymallén. Gilad dijo que las hermanas israelíes pasaron todo el día con él, hasta que las acompañó a tomar el micro de regreso a la capital provincial. También afirmó que el domingo debía volver a verlas, pero no logró ubicarlas. Por eso, el lunes, hizo la denuncia correspondiente. Finalmente, durante la búsqueda, que duró casi 15 días, se comprobó que mentía. El hombre arriesga la pena de prisión perpetua y se espera que sea condenado en un juicio por jurado popular. En tanto, las víctimas ya descansan en paz en su país natal, en un cementerio privado de la ciudad de Rejovot, a 20 kilómetros de Tel Aviv.

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