El apellido del agresor, una marca dolorosa

Un largo camino judicial complica una reparación pedida por las víctimas
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11 de agosto de 2019  

Josefina logró cambiarse el apellido de su padre abusador al igual que un joven de Río Negro, cuyo progenitor mató a su madre, mientras que una niña de 11 años y María Fernanda esperan una resolución favorable que sortee los escollos judiciales que frenan esa decisión clave para las personas que sufren al ser nombradas como aquellos que solo dejaron en ellas profundas huellas de dolor. Sus casos no son únicos, sus historias están emparentadas con otras víctimas de la violencia de género, cuyo impacto abarca todos los aspectos en las vidas de las víctimas.

"A mi sobrina le duele la panza cuando le toman lista en la escuela", contó a Télam Mercedes Zambrano, hermana de Marisel, asesinada por José Zerda en 2008, en Palpalá, Jujuy. El hombre la mató delante de su hija, que en ese momento era una beba de 9 meses y fue condenado solo a cinco años de prisión por homicidio preterintencional. La niña cumplirá 12 años en septiembre "y nos pidió que la ayudemos a cambiar su apellido. Ser nombrada con el apellido del padre le genera un dolor que lo manifiesta con el cuerpo", aseguró la tía.

"Estamos en el proceso de demostrar ante la Justicia que ser nombrada con el apellido del femicida acrecienta el sufrimiento de la niña, No es fácil, pero estamos encaminados", explicó a Télam Luis Ugarte, abogado de la familia Zambrano. Para Andrea Tormena, titular del Juzgado de Familia 16 de General Roca, Río Negro, la modificación de la identidad "no es complicada si hay justo motivo. Lo dicen el Código Civil y las convenciones internacionales de Derechos Humanos", señaló en diálogo con Télam.

La jueza falló este año a favor de MM (se resguarda su identidad y datos de filiación por pedido del joven de 19 años), que antes de la decisión judicial llevaba el nombre y apellido de su padre, que cumple prisión perpetua por el femicidio de su madre. Del informe psicológico de MM "surge que desea tener la identidad que le corresponde en función de sus vivencias, que siente un rechazo significativo por el nombre S., sintiéndose una mala persona al igual que con su apellido, que no quiere cargar con la connotación simbólica que conlleva tanto el nombre como el apellido", consignó en su decisión Tormena.

Al respecto, Marisa Herrera, abogada especialista en derecho de familia e investigadora del Conicet, explicó a Télam que el Código Civil "en el inciso c del artículo 69 establece que una persona puede cambiar su nombre o apellido si hay afectación de la personalidad y justo motivo".

Cuando se trata de una persona que quiere cambiarse el apellido de un femicida "acreditar la causa es sencillo ya que existe un proceso judicial. El tema de los tiempos debería ser más rápido, por la prueba y la gravedad del delito", opinó Herrera.

Coincidió con la abogada María Fernanda, de 27 años, que inició el trámite de cambio de identidad junto a sus dos hermanas. Son hijas de Mónica Sáez, asesinada en 2010 en Allen, Río Negro, por Luis Rubio, quien fue condenado a prisión perpetua. "Es victimizante que me pidan pericias psicológicas y otros trámites para que mis dos hermanas y yo nos cambiemos el apellido del femicida. Está el expediente de su condena. Que se basen en eso", aseveró a Télam. Ella está embarazada de su primer hijo: "No quiero trasladarle ese apellido a mi hijo. Y si bien el dolor nunca se va a ir, por lo menos este paso puede ser reparador", explicó.

"Sí, es reparador", apoyó Josefina Suils desde Comodoro Rivadavia, Chubut. "Quienes sufrimos violencias, abusos por parte de nuestros progenitores hacemos un proceso emocional difícil, de empoderamiento para salir de la situación de víctima y buscar reparación. Queremos ser nombradas sin el apellido de los violentos", comentó la mujer de 34 años que logró un fallo favorable para dejar atrás el apellido de su abusador.

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